La paz con las mujeres

Columna publicada el 28 de julio de 2016 en El Espectador.

Entre el 23 y 25 de octubre de 2013 tuvo lugar en Bogotá la Cumbre Nacional de Mujeres y Paz, que reunió a 449 mujeres de todo el país, representantes de organizaciones feministas, de derechos humanos, campesinas, de víctimas, de indígenas, de afrodescendientes, estudiantiles, juveniles, ambientalistas, de las comunidades LGBTI, de empresarias, de iniciativas nacionales y territoriales de paz, de iglesias, gremios, educadores, académicos, partidos políticos, sindicatos, organizaciones raizales, medios de comunicación y expertas internacionales. Al terminar la cumbre, las mujeres entregaron una carta para Timochenko y el presidente Santos en la que afirmaron con contundencia que “¡La paz sin mujeres no va!”.

Tres años más tarde, los acuerdos anunciados por la Subcomisión de Género en las negociaciones de La Habana son la posibilidad de una revolución sin precedentes en derechos de género: por primera vez en Colombia se reconocerá de manera efectiva a todas las mujeres (sin distingo de raza, etnia, identidad sexual o clase) en la plenitud de su ciudadanía y se pondrán en marcha las acciones afirmativas para un día alcanzar la igualdad género en el país.

El anuncio de la Subcomisión explica cómo se incorporará la perspectiva de género en cada uno de los puntos de los acuerdos. Se tendrá en cuenta para hacer una reforma rural integral que reconozca el papel que desempeñan las mujeres en las zonas y economías rurales. Propone acceso a la titulación de tierras para las mujeres y acceso a subsidios y créditos que permitan explotarlas y mantenerlas. Este es un problema neural, pues las mujeres en Colombia son las sobrevivientes del conflicto y muchas veces el título de la tierra está a nombre del compañero, si éste resulta muerto o desaparecido la mujer no tiene acceso ni al título, ni a un crédito, ni acceso a un proyecto productivo. Se anuncian medidas para facilitar la participación política de las mujeres y la comunidad LGBTI y exige participación equilibrada de las mujeres en instancias que tomaran las decisiones de implementación. Se propone un enfoque diferencial y de género en una nueva, y más humana, política de drogas. Anuncia la creación de un grupo especial para la investigación de la violencia sexual dentro de la Jurisdicción Especial para la Paz, y en la Comisión de Verdad, en donde un equipo de expertos estudiará cómo afectó el conflicto de manera diferenciada a las mujeres.

Sin duda el mayor reto de estos acuerdos está en la implementación. Cambiar el machismo que ha sostenido por décadas la desigualdad va a ser muy difícil, es un proceso, y lo que plantea la Subcomisión es apenas una ruta a seguir. Pero es la ruta de una verdadera transformación social de las condiciones que dieron origen al conflicto. Y también es esperanzador presenciar la potencia y pluralidad del movimiento de mujeres en Colombia, mujeres que además han sido, desde mucho antes de que comenzaran las negociaciones, las manos que a diario han construido la reconciliación y reparación desde procesos informales de incidencia local, dedicados sobre todo al trabajo con víctimas, al uso de medios alternativos y plásticos para la construcción de memoria, y con un énfasis marcado en la pedagogía.

Es la primera vez en la historia del mundo que la voz de las mujeres es realmente escuchada en un proceso de paz. El solo documento de los acuerdos es un ejemplo para cualquier proceso de construcción de paz y un hito para el feminismo latinoamericano, porque ha contado con una participación realmente diversa (tres delegaciones de expertas, lideresas regionales, excombatientes y activistas LGBTI) y atiende de manera aterrizada y realista los grandes problemas de inequidad y desigualdad de género, que hacen parte de la máquina que perpetúa la violencia en Colombia. Los acuerdos son un triunfo de todo el movimiento de mujeres, que desde su diversidad y multiplicidad logró articularse para tener incidencia en las negociaciones de La Habana. Al principio no las invitaron, pero ellas se sentaron a esperar en la puerta, se organizaron para hacer incidencia, y en el camino propiciaron la conversación más importante que han tenido las mujeres en toda la historia de Colombia.

One comment

  1. Tu blog es muy interesante, esta entrada acerca de una mejor inclusion de la mujer en el proceso de paz es un muy buen punto de vista ya que la violencia domestica y de genero hace parte activa del conflicto de Colombia. Te invitamos a seguir nuestro blog de construcción de paz. http://www.pazinmotion.org

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