Michelle y Ivanka: los dos discursos con perspectiva de género de las Convenciones

Columna publicada en Univisión el 28 de julio de 2016.

“Me levanto cada mañana en una casa construida por esclavos, y observo a mis hijas, dos hermosas, inteligentes y jóvenes mujeres negras, jugar con sus perros en el pasto de la Casa Blanca. Y es gracias a Hillary Clinton que mis hijas, y todos nuestros hijos e hijas, ahora dan por sentado que una mujer puede ser presidente de los Estados Unidos.” dijo Michelle Obama en el mejor discurso de toda la Convención Democráta esta semana. El discurso de la primera dama logró criticar a Trump sin siquiera tener que mencionarlo y puso en el centro las cartas más valiosas de Clinton: su persistencia y compromiso como servidora pública y el logro simbólico que significa que una mujer sea presidenta de los Estados Unidos.

En la Convención Republicana, fue también una mujer quien logró dar el mejor discurso, la hija del candidato Trump, Ivanka, su mano derecha y una reconocida trabajadora que representa la cara más amable de su padre. Ivanka nos contó cómo jugaba desde niña en la oficina de Trump, quien siempre la estimuló para que alcanzara todas sus metas. Hace unas semanas, Ivanka hasta le dijo a los medios que Trump es feminista, “porque siempre le puso como ejemplo a mujeres fuertes y exitosas”. También dijo que Trump le ha dado trabajo a las mujeres, que les paga igual en sus compañías y eso lo convierte en la solución para la equidad salarial. Lo dijo con una seguridad convincente, y cínica, a la luz de un estudio reciente que muestra que en la campaña de Trump a los hombres les pagan un 30% más que a las mujeres, que además solo ocupan el 28% de los puestos.

Ivanka también dijo que no es el género lo que crea la desigualdad salarial sino la maternidad, y que su padre mejorará las condiciones para las madres trabajadoras. Esto, primero, se opone a declaraciones de Trump en las que dice que las mujeres embarazadas son un “inconveniente” para los empleadores. Pero además de ser mentira, es un falacia: las madres no verían afectada su productividad laboral si no fueran las únicas responsables de las labores de cuidado de sus hijos. El problema de la brecha salarial es un problema de género, como lo es la misma maternidad. De todas formas, ninguna de estas promesas de políticas públicas están incluidas de manera formal en la plataforma del candidato republicano. Trump quizás apoyó a su hija -extensión de su propio ego- para llegar lejos profesionalmente, pero este comportamiento contrasta con cómo ha tratado a sus esposas: a la primera la dejó porque trabajaba demasiado y a la segunda, antes su amante, la dejó porque quería que él pasara más tiempo en la casa. Su tercera esposa Melania Trump, es una modelo mucho más jóven que él, inmigrante, y tampoco parece favorecida por el “feminismo” de su marido. Es más, aún siendo la única en la campaña que podría matizar la postura de Trump frente a los migrantes, su discurso en la Convención Republicana consistió en una vaga reafirmación de las maneras en que su marido se narra a sí mismo -un empresario hipermacho que “soluciona” problemas y hace plata- y en un plagio al discurso de 2008 de Michelle Obama; el mayor oso de toda de la Convención Republicana. Así que no, que Trump apoye a su hija no es señal de que vaya a tratar bien a ninguna otra mujer a su alrededor, y mucho menos indica que defenderá los derechos de las mujeres en general.

Aunque Ivanka es la carta para atraer a las votantes a la campaña republicana las afirmaciones de su discurso son o bien insostenibles o preocupantes y reveladoras. Por ejemplo dijo que su padre es neutral al género y que “no ve colores” refiriéndose a que no hace distingo por raza. La marca Trump insiste en que todo es una meritocracia. Pero nada más falso, no todos los y las estadounidense tienen las mismas oportunidades. Ivanka dice que en las obras de los edificios Trump hay personas de todos los géneros, etnias y orígenes. Quizás. Pero a medida que los cargos pasan de obrero constructor a directivo el panorama cambia, y empieza a homogeneizarse hasta quedar con la rubia hija del dueño y un montón de hombres blancos. La traducción de este modelo a lo público es un desatino, porque negar las desigualdades de oportunidades que las personas enfrentan en razón a su raza o género solo las amplifica: no se puede subsanar la desigualdad sin acciones afirmativas dirigidas específicamente a compensar estas diferencias.

Y esta claridad es precisamente lo que hace que el discurso de Michelle Obama sea una respuesta tan contundente como emocionante: es un discurso que habla de las desigualdades estructurales que las personas enfrentan en Estados Unidos. Hay una inmensa diferencia entre ser una Michelle y ser una Ivanka, una mujer negra y una heredera blanca y millonaria. Y aunque Hillary Clinton es, también, una mujer blanca, ha padecido en carne propia el látigo que el sexismo estadounidense destina a todas las mujeres que quieran ocuparse de lo público. Michelle Obama señala que Clinton sabe lo dificil que es para las mujeres ascender en lo profesional, y lo injusta que es la brecha salarial. Hillary Clinton, más que nadie, representa cómo las mujeres tenemos que trabajar el doble para recibir menos crédito que nuestras contrapartes masculinas. Y bueno, está el pequeño detalle de que Clinton sí habla de derechos de las mujeres en su plataforma y un largo historial de trabajo como servidora pública en el que se ha mostrado favorable (aunque moderada) hacia los derechos de las mujeres. En su campaña promete acabar con la inequidad laboral, crear licencias de maternidad y paternidad, guarderías para familias, confrontar la violencia contra las mujeres, apoyar a Planned Parenthood y proteger los derechos reproductivos y de acceso a la salud de todas las mujeres. Importa que Hillary Clinton sea mujer, porque su experiencia de vida es un caso de estudio sobre la desigualdad y los obstáculos que enfrentan las mujeres. Importa también que la apoyen mujeres diversas, es decir, no solo blancas de clase media alta como ella, por eso en la Convención Democrática fue clave, entre otras, la presencia de Michelle Obama, Eva Longoria y América Ferrera. Pero con ser mujer no basta, se necesita un compromiso e interés manifiesto con los derechos de las mujeres. Y como el género es la mejor carta de Clinton (incluso cuando lo usan para atacarla) la candida está obligada a hacer de los derechos de las mujeres una prioridad.

Dos mujeres, con los dos discursos más importantes de ambas convenciones nos pintan un panorama bastante revelador sobre lo que será la política de género de ambos candidatos. Y fueron los discursos decisivos porque, esta vez, y por fin, los derechos de las mujeres definirán la presidencia de los Estados Unidos, que se suspende entre dos posturas de género que se enfrentan en un contraste dramático.

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