Hillary Clinton está cambiándolo todo

Columna publicada el 29 de julio de 2016 en Univisión.

Uno de los videos de la convención Demócrata, pasa una a una las caras de los presidentes de los Estados Unidos en orden cronológico. Al llegar a Barack Obama las caras forman un mosaico que cubre toda la pantalla. Sí, todos son hombres. Entonces el mosaico se rompe como si fuera de vidrio y detrás aparece la imagen de Hillary Clinton.

No es tiempo para sofisticaciones semánticas, el mensaje tiene que ser claro, al ser la primera candidata mujer a la presidencia Hillary está rompiendo el más alto techo de cristal de los Estados Unidos.

Tienen razón los demócratas en señalar que la representación, simbólicamente, importa, y que incluso llega a ser revolucionaria. Durante años la sociedad nos ha dicho que el papel de las mujeres es circunscribirse a nuestro estrecho rol de género y tener hijos, hornear galletas, y muy calladitas y sonrientes mantener un hogar.

La sociedad nos sigue diciendo eso, y ataca fieramente a cualquier mujer que se salga de su rol de género. El sistema funciona de tal manera que no nos deja ni siquiera imaginarnos que podemos ser otra cosa, porque el escarnio público de las que lo intentan nos sirve de advertencia, y porque ni siquiera tenemos los modelos para soñarlo. Por eso, los niños quieren ser astronautas y las niñas quieren ser mamás. Nadie les dice que pueden ser madres y astronautas. Y ese es el mensaje que una presidencia de Hillary Clinton enviaría.

Latinoamérica, que ya ha tenido varias presidentas, puede contar las historias de sexismo contra contra Bachelet, contra Kirchner, y más recientemente contra Dilma Rousseff. Y la historia de Hillary Clinton es otro caso de libro sobre los ataques sexistas que tienen que vivir las mujeres en el ojo público. Nada más la semana pasada, en la Convención Republicana, estaban vendiendo muñecas inflables con la cara de Hillary Clinton.

Decía Charlotte Whitton que, sin importar lo que una mujer haga, debe hacerlo el doble de bien que su contraparte hombre, para recibir la mitad del crédito. Donald Trump y Hillary Clinton son el ejemplo perfecto de esto. Esta elección estadounidense es paradigmática porque la candidatura de Clinton es la culminación máxima de un trabajo incesante, y tantas veces malagradecido. Esté uno de acuerdo o no con las decisiones políticas que ha tomado Clinton, es imposible dudar de su persistencia y compromiso.

La historia de Hillary es la de una mujer cuya vida ha sido escudriñada injustamente por el ojo público, que ha sido la esposa devota, la esposa engañada, la rompehuevos emasculadora, y que por fin es lo que siempre ha querido ser: la candidata a presidenta.

Mientras tanto, la historia de Trump es la de el hombre blanco, hipermasculino, siempre listo para demostrar su fuerza, y para competir a partir de quién la tiene más grande. Habría sido dificil soñar un macho tan macho para que compitiera con la primera mujer candidata a presidenta en Estados Unidos.

La caricatura binaria es profunda, mientras Trump, como sucede con frecuencia en los liderazgos machistas, habla de enfrentamientos, golpes, iras, victorias en solidario, Clinton dijo varias cosas en su discurso que la ubican en la postura contraria. Habló de cómo no se puede criar una familia o tener un negocio, sin la comunidad. Cambió independencia por interdependencia (esto no es un tema nuevo, viene desde hace 20 años cuando escribió su libro It Takes a Village).

Clinton habló también de la importancia de escuchar (en sus círculos de trabajo es conocida por esta disposición y comenzó su campaña con lo que ella llama ‘Listening Tour’ o ‘tour para escuchar’). Clinton también señaló que es inevitable desconfiar de un candidato como Trump, que se presenta como la solución encarnada a todos nuestros problemas, y dijo que era mejor y más realista resolverlos juntos.

También habló de la importancia de que en una nación el poder no se concentre en una persona. Todo esto la aleja del tipo de líderes a los que estamos acostumbrados. No la acerca un “liderazgo femenino” porque nada es esencialmente femenino, pero sí es una forma de liderazgo de que se aleja de los valores de la masculinidad tóxica que tan bien ejemplifica Trump.

https://www.instagram.com/p/BGUOeE4EPtS/embed/captioned/?v=7

Clinton dio además un giro radical hacia el ala progresista. Habló de ponerse en los zapatos del otro cuando hizo un guiño en su discurso a #BlackLivesMatter. Insistió en facilitar el camino de acceso a la ciudadanía para migrantes, en no discriminar a los musulmanes. Habló de aumentar los impuestos a los ricos, a las corporaciones, de imponer controles a Wall Street (un tema sensible, por el que había sido criticada), del cambio climático como un problema real, de la necesidad de subir los salarios mínimos y del derecho de las mujeres a elegir sus opciones en salud (cof, cof, aborto).

Si cumple la mitad de esa agenda entonces sí será una de las presidencias más progresistas de la historia de los Estados Unidos. En el discurso se vió a la misma Hillary que en Beijing en 1995 declaró, osadamente, que los derechos humanos son derechos de las mujeres y que los derechos de las mujeres son derechos humanos.

Es posible que Clinton no sea “la feminista perfecta”. Pero también habría sido imposible que una mujer llegara tan lejos en la contienda sin hacer miles de concesiones. Una mujer homóloga de un Bernie Sanders habría sido quemada en la hoguera.

También es importante decir que ser mujer no garantiza la perspectiva de género y que no basta con que Clinton llegue a la presidencia para acabar con la desigualdad que enfrentan las mujeres (así como la llegada de Obama no acabó con el racismo).

Se necesitan cambios estructurales, legales, culturales, para que pueda haber una verdadera igualdad. Para romper el techo de cristal se necesita más que una mujer presidente, se necesita un congreso con paridad, se necesita que ninguna profesión se asuma vinculada a un género y se necesita que le paguen a todos y a todas por igual.

Además de lo simbólico, es necesario hacer los cambios culturales y de política pública que sienten las bases para que otras niñas en el futuro, quizás niñas negras o niñas latinas, puedan cumplir esos sueños que nacieron con Hillary, de llegar muy lejos o incluso ser presidentas, sin que su género sea novedad o motivo de sorpresa.

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