Cielo rojo

Columna publicada en El Heraldo el 6 de agosto de 2016.

Uno de los recuerdos más emotivos e impactantes de mi niñez tiene que ver con ese cielo rojo que sirve como fondo para el imponente telón de boca del Teatro Amira de la Rosa, pintado por Alejandro Obregón. Obregón era un gran colorista, y Se va el caimán, como se titula el telón, es uno de sus mejores trabajos; los ojos del espectador se mueven en su superficie como llevados de la mano del pintor. Ese rojo, intenso, es un rojo tan rojo, que de repente se parece al azul azulísimo del cielo barranquillero. Lastimosamente esta sinestesia se convirtió en una dura realidad la misma semana que cerraron el teatro, y el Festival de Danzas Estefanía Caicedo quedó literalmente en la calle. Les tocó hacer el festival afuera del teatro, alrededor de la fuente, usando como camerinos el parqueadero y maquillándose debajo de los árboles.

Y lo grave es que quizás pocos vuelvan a ver ese hermoso cielo rojo del telón de boca del Amira de la Rosa. Además del descuido sistemático que corroe al teatro, y de la burocracia que lleva treinta años matándolo por dentro, parece que también el telón está a punto de caerse. El artista plástico Humberto Aleán, acaba de anunciar que en una visita reciente observó que los trabajos de restauración se habían hecho con materiales de baja calidad, y el barniz que le pusieron se está troquelando. Hace dos años, Aleán pasó una propuesta para una restauración total, pero no tuvo respuesta del Banco de la República. Y así se quedaron sin respuesta muchos otros problemas del teatro. Tuvo que llegar una crisis de tamaña magnitud para que apenas empecemos a hablar de tomar responsabilidad.

Las tres instituciones son culpables del estado en el que hoy se encuentra el teatro. Cuando se hizo el acuerdo de su creación se dijo que la Sociedad de Mejoras Públicas lo construiría y que el Banco de la República estaría encargado de su mantenimiento. Pero el Banco dejó de mantenerlo pues no puede invertir en un inmueble que no les pertenece por completo. Y la Sociedad de Mejoras Públicas no ha querido entregar el teatro al Banco porque, según Roberto León, su director, no tiene sentido que el teatro no sea de la ciudad. Pero ¿de qué le sirve al ciudad un teatro derrumbado? Mientras los y las ciudadanas esperamos una respuesta, en Barranquilla se hace evidente que no tenemos suficientes espacios para eventos culturales.

Somos muchos los ciudadanos que durante las últimas semanas nos hemos organizado para exigir al Distrito, al Banco de la República, y a la Sociedad de Mejoras Públicas, que se organicen para salvar el Amira de la Rosa. Daniella Cura, gestora cultural y una de las lideresas de la iniciativa ciudadana Dolientes del Amira de la Rosa, comenta que “para el sector cultural de Barranquilla, es decir, los artistas, productores, gestores y el público, ver cerrado el Teatro Amira de la Rosa, que es el eje central de todo el quehacer cultural de la ciudad, es como si demolieran ante nuestros ojos la casa materna, el hogar donde crecimos”. Y tiene razón, el Amira era un lugar de refugio para Barranquilla, nos hacía sentir como la ciudad que queremos ser. Y que claramente no hemos sido capaces de ser.

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