“El feminismo desequilibra el status quo:” Catalina por dios

Entrevista hecha por La Silla Vacía para la Red Líder, publicada el 05 de agosto de 2016.

Catalina Ruiz Navarro - Foto de María José Sesma

NOMBRE DEL LÍDER
Catalina Ruiz Navarro
LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Barranquilla, 7 de noviembre de 1982
LUGARES DONDE HA VIVIDO
Barranquilla, Bogotá D.C., Ciudad de México
ESTUDIOS
Artista Visual con énfasis en Artes Plásticas y Filósofa de la Universidad Javeriana. Maestría en Literatura en la Univeridad de los Andes
ACTIVIDADES PROFESIONALES
Columnista de El Espectador, El Heraldo, Univisión, Sin Embargo y Vice México. Co-fundadora y co-conductora del proyecto de “feminismo pop latinoamericano: Estereotipas”, co-fundadora y directora de Hoja Blanca
ENTIDADES O EMPRESAS CON LAS QUE HA TRABAJADO
Hoja Blanca, Estereotipas, El Espectador, Women’s Link Worldwide, JASS Asociadas por lo Justo, Cimac Noticias, El Heraldo, Vice, Sin Embargo, Univisión
LÍDERES ADMIRADOS
María Cano, Angela Davis, Audrey Lorde, Gloria Steinem, Mónica Roa, Jineth Bedoya, Catalina Botero, Florance Thomas, María Roa, Marta Lamas, Nighat Daad, Alda Facio, Bettina Cruz, Gladys Lanza, Berta Cáceres
PROFESIÓN FRUSTRADA
Matemática
COLUMNISTAS FAVORITOS
Tatiana Acevedo, Ana Cristina Restrepo, Florence Thomas, Yolanda Ruiz, María Jimena Duzán, Claudia Ayola, Emily Nussbaum, Roxane Gay, Estefanía Vela, Sandra Borda
LIBRO LEÍDO RECIENTEMENTE
“Wanderlust” de Rebecca Solnit, “Simón el mago” de Tomás Carrasquilla, “Cosas peores” de Margarita García Robayo, “El cultivo de la humanidad” de Martha Nussbaum, “Y hasta aquí” de Wislawa Szymborska, “Un mundo huérfano” de Giussepe Caputo
PRINCIPALES ALIADOS O AMIGOS PROFESIONALES
Estefanía Vela, Mónica Roa, Diana Cifuentes, Leonor Villaveces, Ricardo González, Marcela Zendejas, Lucía Lagunes, Lydia Cacho, Jineth Bedoya, Pedro Vaca, Omar Feliciano, el equipo de Hoja Blanca, de Carnavales y de La puntica no má’
PUBLICACIONES
Catalinapordios.com
POLÍTICAMENTE CORRECTA
No
FILIACIÓN POLÍTICA
Primero feminista
MÚSICA FAVORITA
Champeta, cumbia y afroantillana
REFLEXIONES

La Red Líder: ¿Cómo describiría la cultura colombiana en relación con la mujer, es suficiente describirla como machista?

Catalina Ruiz: Colombia tiene una situación interesante, porque tiene mujeres con mucho poder, debido a la guerra y abandono por el mismo machismo. No hay amas de casa sino madres cabeza de familia y madres solteras. Hasta la mujer más acomodada, hace vestidos de baño. Eso hace que las mujeres estén pensando en su poder, en su independencia y ese es un escenario muy importante para el país.

LRL: ¿El machismo es distinto en México que en Colombia?

CR: En la vida cotidiana es distinto, porque en México es mucho más “en tu cara”. El portero no te habla, el cajero no te determina, el mesero no te da la cuenta. He pasado la tarjeta de crédito con mi nombre y aún así le preguntan a mi esposo que cuánto va a dar de propina. Para uno en Colombia, que somos mujeres que llevamos muchos años trabajando, es chocante. La idea del macho mexicano es muy tóxica.

Sin embargo, en Colombia tenemos a un Álvaro Uribe. Tenemos a un macho colombiano, que es el arriero Juan Valdez. Cuando se mide cuántas mujeres matan en México y en Colombia, en México matan 7 al día y en Colombia matan 4, pero en México hay el doble de la población. En proporción y en términos de violencia, al final es lo mismo. México tiene un feminismo popular súper fuerte e influyente que hace parte de los movimientos sociales. De pronto en Colombia, algunos movimientos se ven más atómicos, aunque quizás eso es porque no se reportan bien. Por ejemplo, el tema del acoso callejero. En Colombia todavía no ha sido tema, todavía es un piropo. Lo mismo pasa en internet. Todo eso está regulando la manera en que habitamos los espacios reales y virtuales. Esas son las diferencias.

LRL: ¿Qué piensa del nuevo Fiscal General de la Nación, Nestor Humberto Martínez?

CR: Me preocupa muchísimo. Habíamos salido de tres hombres, Otálora, Montealegre y estábamos a punto de salir del procurador y ahora llegó uno que dice que la violencia contra la mujer es ocasional y que cree que denunciarla vulnera el vínculo familiar. El será muy buen abogado y que digan: “es un gran abogado y preparado” es machista. Eso no tiene vuelta de hoja. Ya sabemos que él piensa que eso atosiga los juzgados. Se puede acabar el conflicto y a las mujeres las seguirán matando en las casas. Es injusto que tengas que exponerte y escoger en ir a una guerra, a tener que salir a la calle para que te agredan y no puedas vivir tranquila. Si no se detiene, no se está parando el ciclo de violencia. Que el nuevo fiscal diga eso es muy preocupante y además, un señor que encarna a todos los poderes en Colombia: los privados, los hombres y al Vargasllerismo.

LRL: ¿Qué cree que pueden aportar las mujeres a la construcción de paz?

CR: El trabajo de las mujeres en la construcción de paz precede con creces al proceso de paz. Desde las mujeres que dicen vamos a tejer a ver si olvidamos esta masacre, hasta las mujeres desplazadas en Turbaco, que construyeron su propia ciudad. Hicieron los bloques, compraron el terreno y se educaron en Derechos Humanos. Las mujeres son quienes han sobrevivido a la guerra. Las mujeres en Colombia llevan años inventándose estrategias para sanar todo ese dolor de la violencia y ya lo están haciendo. No sé cómo no tienen más protagonismo en el proceso de paz si las que saben cómo arreglar el problema, son ellas. Ellas son las que han estado en el campo llorando, consolando a la gente, cuidándola y tratando de que se renueve el tejido social. Las mujeres que no hemos estado involucradas así, tenemos que abrirles espacio, darles visibilidad. El proceso de paz tiene que voltearse a ver todo el trabajo comunitario que han hecho todas las mujeres en Colombia, ha sido impresionante y es una estrategia de innovación increíble.

LRL: ¿Cómo describiría el papel de la Corte Constitucional en la sociedad colombiana?

CR: La Corte Constitucional ha tenido un gran papel no sólo en Colombia, sino a nivel internacional. Es un punto de referencia en toda América. En términos de avances de derechos, hay unas sentencias que son hermosas. Por ejemplo, la sentencia de aborto (que no es perfecta), está siendo un canon para la lucha de aborto en todos los países americanos. Hablo con muchas abogadas mexicanas y son fans de las sentencias de la Corte Constitucional. Esta es la manera en que hemos podido avanzar en derechos en Colombia, porque los derechos de las minorías no se iban a conseguir por las urnas. La sentencia del aborto es uno de los mejores ejemplos, pero sobre todo, el matrimonio igualitario, la adopción y todos los derechos sociales que se están alcanzando por esa vía. El hecho que una sentencia de la corte tenga efectos en todo el territorio, es increíble. Por ejemplo, en México hacen sentencias que solamente amparan grupos específicos.

LRL: ¿En qué etapa de evolución se encuentra la revolución sexual?

CR: Dependiendo del contexto, en muchos estadios diferentes. En Colombia tenemos todavía los indígenas Embera que practican la ablación. En la ciudad hay gente que experimenta con el poliamor sin problemas. Esos son mundos que están conviviendo en el país en paralelo. Para la gran mayoría de los colombianos, las mujeres son objetivadas y son objetos de consumo y el discurso machista del cotidiano sigue siendo muy violento con las mujeres. Expresiones como “dar papaya” es una re victimización de violación que la hemos hecho expresión cotidiana. Entonces es muy difícil todavía ver el machismo en las relaciones.

El embarazo adolecente es impresionante. La sociedad cree que solo es tirarles condones a los adolescentes, pero eso no es así. Se deben fomentar proyectos de vida. La única manera de una chica popular, de entrar a la sociedad como un adulto es ser mamá, pues se va a quedar embarazada para irse de su casa. Si no les das posibilidades y opciones le puedes tapizar la casa en condones y va haber embarazo adolecente. Hay una “moralina” que no nos deja ver lo que pasa.

Por ejemplo, cuando empezó la epidemia del Zika, el Ministerio de Salud solía decirle a las mujeres que no se embarazaran, porque ese es el estadio de la revolución sexual en Colombia, porque el Estado cree que las mujeres nos embarazamos solas. Consideran que los hombres no son parte de esto y también por eso abandonan a las mujeres. Nadie dice: “hombres dejen de embarazar”. Resulta que el Zika, se propaga y difunde por transmisión sexual y se queda más tiempo en la vesícula seminal, el mayor riesgo de contagio lo tienen los hombres. Son ellos los que tendrían que estar usando condones. Pero el primer impulso es decirle a las mujeres: “no se embaracen.”

Además, no tenemos plenos derechos sexuales y reproductivos. Toda la responsabilidad sexual y reproductiva, la tenemos nosotras las mujeres. Los hombres están totalmente eximidos de eso. Una cosa importantísima en la revolución sexual es que todas las labores de cuidado y afectivas, las hacen las mujeres. Eso es doble jornada. ¿Qué revolución sexual hay, cuando igual la mujer tiene que ir a lavar los platos y cuidar a los niños? La revolución sexual también tiene que ver con que los hombres laven platos, cuiden a los niños, tengan licencias de paternidad más amplias y se responsabilicen por su vida reproductiva. A todos los viejitos los cuidan las mujeres. A todos los niños los cuidan las mujeres. Es un trabajo que lo hacemos “por amor” y eso no es trabajo. Quizás lo hacemos por amor, pero eso no quita que sea un esfuerzo, un trabajo y que no sea gratis.

LRL: ¿Cómo evalúa el papel de Profamilia?

CR: Profamilia es una institución importantísima en Colombia. Si en ella, la sentencia no se habría podido aplicar nunca. Ha hecho el trabajo para garantizar derechos sexuales y reproductivos que le tocaba al Estado. Sin Profamilia no tendríamos esas posibilidades. Ahora el Estado colombiano tiene que tomar ejemplo de Profamilia, porque ese es el tipo de servicio que nos deberían dar a todas.

LRL: ¿Cómo describiría su estilo de feminismo?

CR: Me interesa Latinoamérica, me interesa el lenguaje popular. Es un feminismo que busca tener incidencia en la opinión pública, para crear conversaciones. Ese sería el principal objetivo. Uso y recurro a herramientas de filosofía, las artes, las estéticas populares y el pop para transmitir esos mensajes. Por supuesto es un feminismo urbano, pro internet. Un medio que afecta un grupo muy específico de personas, pequeño, pero muy influyente.

LRL: ¿Hay feministas modernas y tradicionales, en qué consisten las diferencias?

CR: El feminismo de la primera ola es un feminismo sufragista que está buscando que las mujeres seamos ciudadanas. El feminismo de la segunda ola, empieza a cuestionar todos los problemas culturales, no basta con el voto, importa el trabajo y el sueldo. También habla de la violencia, de que nos peguen y de todos eso yugos del patriarcado. El feminismo de la tercera ola está poniendo un feminismo de opciones, esto se basa en que todas las mujeres tengan opciones de ser como quieran. Incluso si eso es ser ama de casa, femenina, maquillada, pero que existan opciones.

Hay un feminismo de cuarta ola muy interesante, que es un feminismo que ya está cuestionando la misma categoría de mujeres. Entonces, ser mujer y ser hombre, son cosas que no existen porque el género es un continuo y son categorías impuestas. Incluso se critica las diferencias entre humano, animal y robot. Al criticar esos límites, el género se vuelve una cosa que se construye socialmente y la categoría mujer es necesaria para avanzar en derechos porque aún no tenemos todos los derechos. Pero es una categoría, no una cosa esencialista. En el feminismo de la cuarta ola, hay mujeres trans, hay hombres trans, hay mujeres inter sex. Se empieza hacer todo este análisis de construcción de la identidad.

LRL: ¿Qué opina del modelo Trump en la convención republicana: esposa casera e hija exitosa?

CR: Muy preocupada. Incluso si no gana Trump, quedaría un capital político de gente que de verdad piensa así y además, ese pensamiento es el pensamiento del promedio latinoamericano también. Es muy fácil criticar a Trump, pero esas actitudes de Trump en nuestros propios países ya existen. Ese modelo de la esposa y la hija, uno lo ve también en Colombia. Quiero que mi hija llegue lo más lejos posible, porque es una extensión de ti mismo, pero la esposa, sí que sea una esposa trofeo, calladita en la casa. En ese sentido, se está diciendo que las hijas tienen derechos y las mujeres ahí verán. Si Trump queda, es terrible para todo el feminismo en toda América Latina.

LRL: Usted es barranquillera ¿cómo describiría la diferencia entre las mujeres costeñas y las del interior?

CR: No creo que haya diferencias, ni esencialismos. En una región se privilegian unos valores y en la otra región, otros. Pero hay todo tipo de mujeres en ambas regiones. En la costa, hay mujeres muy emprendedoras, que son muy verbales con lo que piensan y sienten. Es interesante que haya toda esa fuerza en ellas y que sean tan asertivas para decir lo que quieren y lo que les pasa. Pero luego, eso no necesariamente baja los índices de violencia. Eso es muy preocupante. Bogotá es una cultura de puertas cerradas, entonces uno no se entera.

Cundinamarca es el departamento donde se registran los índices más altos de violencia contra la mujer. En Bogotá es una cosa enclosetada. Esa es una diferencia muy grande. Sin embargo, el intento de violencia es muy parecido en ambas regiones. En términos de estilo, en la costa se privilegia que uno diga todo lo que está pensando incluso si resulta grosero. En Bogotá se privilegia que pienses en el receptor y en no ofenderlo antes de hablar y eso son formas del lenguaje que hace que choquen las dos regiones. Las costeñas tienen una relación con el cuerpo muy interesante. Como se crece en el calor, viendo su cuerpo, hay menos vergüenza del propio cuerpo. Eso también quiere decir que el cuerpo está más fiscalizado y liga a estar muchísimo más en contacto con el cuerpo. Al final son diferencias de estilo. Pero estamos todas en el mismo problema y propensas a la autoridad y violencia.

LRL: ¿Cuál es su respuesta frente a las personas que estereotipan el feminismo, por ejemplo que las encasillan en mujeres muy bravas y que no se depilan?

CR: En estereotipos hemos encontrado cosas como que el humor es maravilloso porque desarma. El machismo es muy cruel, pero uno se burla de los machistas y de repente quedan como ese hechizo de Harry Potter “Ridiculus”. Quedan desarmados y convertidos en otra cosa. Así lo explica Estefanía Vela, que es con quien hago estereotipas. Entonces se trata de generar conversaciones. Confío profundamente en generar conversaciones. Así sea ver a Emma Watson, que es una entrada al feminismo superficial, pero solo preguntarse ¿Qué es el feminismo? Y decir: “Quiero entender que es eso” ya abre toda la puerta.

Por ejemplo, me encanta escribir en Univisión, en la parte de tendencias, porque le estoy hablando a unas mujeres que están leyendo sobre Taylor Swift y Kim Kardashian y para ellas también existe el feminismo. No es ajeno. A las mujeres nos dicen mucho que no podemos ser feministas y ser felices, ser feministas y usar pinta labios o ser femeninas o disfrutar unas cosas. Nos tienen como fiscalizadas, pero uno puede ser todo. El feminismo se trata de opciones, que yo pueda ser una mujer feminista y feliz ya es una cosa revolucionaria. Todo el mundo te dice: “Si vas a ser feminista, vas a ser amargada e infeliz.” Esa es una de las peleas del feminismo. Esa percepción hay que cambiarla. Pues es una percepción de los años 20. Todo el mundo la tiene y cree que es innata y natural. Hay que cambiarla a punta de discurso, de ejemplo.

En mi caso, cuando me casé, decidí hacer una fiesta en La Cueva, Barranquilla. Me parecía importante crear imágenes de feministas que se pueden casar con hombres feministas y hacer un matrimonio en términos de igualdad.

PERFIL E INICIATIVA DE LIDERAZGO

La Red Líder: ¿Cuál diría usted que es su fórmula asociada a la lucha feminista?

Catalina Ruiz: La fórmula es que trabajo con ideas y con conceptos. Esa es la técnica que aprendí. Se trata de mover esas ideas, hacerlas populares, crear conversaciones, criticar los principios que estaban antes y ese es un ejercicio de comunicación, que uno tiene que estar haciendo permanentemente, y me parece que debe tener lugar en la sociedad de un filósofo y de un artista. Hago eso aplicado al feminismo. Esta fórmula se traduce escribiendo pero también en los vídeos de estereotipas, un proyecto de contra discurso. Al final se trata de que uno pueda sacar adelante unas ideas y unos discursos.

Dice Kit White que estudiar artes enseña a observar con cuidado, describir con precisión, encontrar soluciones a problemas a través de la experimentación, a mantener una mente abierta a distintas posibilidades, a exponerse a la crítica y aprender a tomar lo pertinente. Este es el método que uso para escribir, comunicar, crear contenidos que hagan avanzar el debate sobre los feminismos.

LRL: ¿Y su meta?

La meta sería que llegue a un punto en donde todos estos argumentos del feminismo que a mí me parece que son de verdad tan justos y tan necesarios, sean una cosa obvia para todo el mundo. Cuando ya nadie llegue a decirme: “hay unas diferencias entre hombres y mujeres.” Las mujeres son sensibles y cuando lo femenino deje de ser algo malo, tonto o banal, sería la meta donde tenemos que llegar y falta bastante. Eso se puede hacer.

LRL: ¿Qué la llevó a iniciarla?

CR: Cuando empecé a escribir mi columna, me pregunté qué podía aportar frente a otros columnistas, mucho mayores, casi todos hombres y canosos que sabían más sobre el país que yo. Descubrí que había un debate público sobre el cual sabía más que cualquier otro columnista: el aborto. El aborto se convirtió en un derecho en Colombia en el 2006. Era una mujer veinteañera y el tema me afectaba tanto a mí como a mis amigas. Empecé a opinar sobre eso y así me fui vinculando con el movimiento feminista colombiano. Desde ese momento, empecé a dedicar mis columnas, cada vez más, a hablar de género. Sobre todo desde el examen de los argumentos. De las columnas salté al activismo y eso se ha materializado muy bien en lo que hacemos con Estereotipas.

LRL: ¿Cuáles han sido los principales obstáculos que ha tenido que superar para desarrollar la iniciativa?

CR: Todo el sistema patriarcal en el que vivimos está hecho para confinar a las mujeres en lo privado. Cuando se opina en público, te conviertes en “una mujer pública”. Eso claro, es “una puta”. Básicamente porque es una trasgresión de género. Así cuando las mujeres opinan sobre lo público o defienden derechos son atacadas, por sus causas y por salirse de su rol de género. Cualquier mujer que se salga de estos campos de discurso autorizados será atacada, regulada y perseguida.

LRL: ¿Cuáles diría que son esas influencias que han determinado su estilo y sus motivaciones de liderazgo?

CR: Mi primera y mayor influencia es mi bisabuela, Carlota García. Nació en 1900 en Titiribí, se fue de la casa porque no le iban a enseñar a leer y escribir. Se fue a Medellín, donde trabajó como obrera en fábricas de tejido y luego en Coltejer. Me contaba con mucho orgullo de la causa de las sufragistas, en la que participó mientras pudo, y aprendió a leer de manera autodidacta usando El Espectador. Mi abuela, que era modista, fue siempre muy entusiasta de que pintara, diseñara e hiciera otras actividades creativas.

Fuera de mi familia, estaba la mejor amiga de mi abuela, Ana Teresa Grau de García, que era pintora y me enseñó a dibujar. En primaria tuve como profesora de español a la poeta Tallulah Flores, quien es como una segunda mamá para mí. En la universidad recuerdo con mucho cariño a mi profesora de performance, Elena Sterenberg, y a Juan Fernando Mejía en Filosofía. Una profesora que nutrió mucho mi conocimiento sobre feminismo fue Betty Osorio, en la maestría de Literatura en los Andes. En lo profesional, Mónica Roa se convirtió en mi mentora cuando trabajé haciendo comunicaciones para Women’s Link Worldwide.

Influencias intelectuales: Deleuze & Guattari, Judith Butler, Spinoza, Bergson, Donna Haraway, Paul B. Preciado, Marvel Moreno, Álvaro Cepeda Samudio, Alejandro Obregón, Álvaro Barrios, Raúl Gómez Jattin, Débora Arango, Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Virginia Woolf y Audre Lorde, Yoko Ono y Doris Lessing.

LRL: ¿Cuál es el origen regional de su familia?

CR: Mis abuelas son paisas, migraron en los cincuentas a Barranquilla. Mi abuelo, que era Ancervo Navarro siempre estuvo obsesionado con la aviación. Barranquilla era una de las ciudades líderes en aviación. Mi abuela era modista, hacía lo que hoy llaman couture y crecí entre las telas y los encargos.

LRL: ¿Siempre ha tenido la influencia de su abuela “modista” y por el otro lado la guerrera?

CR: Son la misma cosa. Las máquinas de coser son el caballito de a pie del feminismo colombiano. Porque cuando estabas en 1900 y eras una mujer que quería trabajar, ¿cómo trabajabas? Podías ser obrera, pero eso solo lo podían hacer las mujeres de clase popular y a riesgos altos. Cuando llegaron las máquinas de coser, resultó que las mujeres podían tener un medio de producción en su casa que las hacia independientes.

LRL: ¿Su mamá y su abuela eran también feministas?

CR: Sí. Mi mamá en algún momento no decía: “Soy feminista” porque esa palabra se desprestigió mucho en los 80´s. Pero una de las cosas que me decía mi abuela era que no importaba que me casara, pero siempre tenía que tener mi plata y mi trabajo independiente. Mi mamá fue una ejecutiva muy importante en Barranquilla. Eso fue muy fuerte, porque era una mujer de autoridad y ejecutiva en un mundo híper machista, donde ella era la que tenía que tener la autoridad frente a toda esta gente y era una cosa muy difícil.

En mi casa y hasta el bachillerato no entendía cuál era el rol de los hombres, porque ellas suplían todos los roles, de proveedor, de disciplina, de cariño, estaba todo muy completo. Cuando era niña me daban dibujitos de hombre y les pintaba pelo y pensaba: “no entiendo cuál es el escandalo con estos seres, si veo que acá está todo resuelto.” Muchos de los mensajes que te dan desde niña es que necesitas un hombre. Lo dicen una y otra vez desde que eres muy chiquita. Desde que te empiezan a preguntar ¿Tienes novio? ¿Por qué no tienes novio? ¿Quién te gusta?

LRL: ¿Cuáles fueron sus primeros rasgos, o insinuaciones de liderazgo?

CR: En el colegio cuestionaba mucho la autoridad y las reglas (de ahí también viene el “Catalina, por dios”) y por eso algunos profesores decían que era una “líder negativa”. Participaba con frecuencia en las asambleas y me iba muy bien en concursos intercolegiales de poesía, ensayo y matemáticas. En décimo fui la editora del periódico y esa experiencia fue decisiva para elegir trabajar luego en periodismo.

LRL: ¿Cómo cree que maneja la inteligencia emocional?

CR: Respeto mis sentimientos y los reconozco. En muchos casos a las mujeres nos dicen que estamos exagerando y que somos muy sensibles, que eso está mal. Muchos casos de acoso, las mujeres se sienten mal de entrada y no se protegen porque dicen: “estoy exagerando”, porque la sociedad nos dice eso. Eso a mí me ha protegido. Vivir como mujer es un ejercicio de auto defensa.

Soy una persona con emociones muy intensas, me cuesta mucho trabajo manejarlas. Eso es bueno porque al escribir se nota, la gente se conecta con las emociones antes que con los argumentos. Sin embargo, esa intensidad también requiere tiempo para manejarla y para mí es un reto que las emociones del trabajo no se crucen con mi vida personal. En los últimos dos años he trabajado directamente con víctimas, para eso es muy importante ser empático y sensible, pero también quiere decir que hay que dejar un espacio para dejar ir todas esas emociones. También (como todas la feministas) recibo mucho matoneo y lidiar con eso a diario sin quemarse, es una misión de autoconciencia y de identificar los propios límites. Por eso, Audre Lorde decía que el autocuidado es un acto político de resistencia.

LRL: ¿Qué adversidades ha tenido que superar?

CR: Cuando El Espectador se hizo diario en 2008, abrí mi blog y empecé a enviarle a Fidel Cano una columna cada miércoles. No conocía a nadie en el gremio así que me dediqué a hacerle spam al director y al coordinador de opinión, en ese entonces Nicolás Rodríguez. Seis meses después me dieron el espacio de la columna. Lo mismo sucedió cuando me mudé a México. Llegué sin trabajo y sin contactos en los medios, y empecé a escribir columnas en mi blog. Dos de ellas, Mamacitas -sobre una fallida campaña de lactancia en CDMX- y El joven que descuartizó a su novia (y tocaba el piano), -sobre un artículo pretendidamente periodístico que hacía apología al feminicidio-. Estas dos columnas se hicieron virales y luego me dieron el espacio de la columna en Sin Embargo. Desde ahí me hice, poco a poco, un lugar en la opinión pública mexicana. Mi abuela Marta se murió la semana en la que comenzó mi columna en El Espectador, así que escribí mi primera columna en su funeral y me hice la promesa de no descansar ni una semana, a menos que tuviera un motivo que le compitiera en gravedad a la muerte de mi abuela. Desde el 7 de noviembre de 2008 no ha pasado una semana sin que escriba una columna y hoy escribo 5 semanales.

LRL: ¿Cómo describiría la cultura de liderazgo del país?

CR: Es machista, clasista y racista. Inmersa en una poscolonialidad no resuelta. Nuestros líderes históricamente han sido hombres blancos de clase alta y lo siguen siendo. Y no porque no haya líderes con otros cuerpos sino porque no son reconocidos. Tenemos un largo trabajo por delante para darle visibilidad y espacios de liderazgo a las mujeres en general. Pero especialmente a las negras, las indígenas, a las clases populares, a las mujeres rurales, a las personas con discapacidades, las mujeres trans, la comunidad LGBTI. Hay una gran desigualdad de acceso y educación en el país y mientras eso no cambie, se necesitan muchas estrategias para subsanar la inequidad de oportunidades.

LRL: Desde su experiencia, ¿cómo entiende un líder?

CR: La mayoría de los líderes históricos están relacionados con la guerra y con el conflicto, liderazgos que se fundan en el miedo y la obediencia. Eso, ha hecho mucho daño en todo el mundo y en Colombia especialmente. Me interesan más las victorias que lidian con la construcción antes que con la destrucción. La gente se siente inspirada por las buenas ideas y por la pasión que está detrás de esas ideas. Un buen líder inspira para que otras se apropien de las causas, pues nadie lucha por causas ajenas. La sensibilidad, la paciencia, la persistencia, la empatía, son virtudes clave pues sirven para reconocer qué es lo mejor en una persona, cuál es su habilidad, y así pedirle a cada quien lo que realmente puede dar y lo que le conviene y sirve hacer para su desarrollo personal.

LRL: ¿A qué personas de la vida pública le reconoce liderazgo? Y mirando hacia atrás, pensando en líderes colombianos ¿cuál le atrae?

CR: Soledad Acosta de Samper, que es una de las primeras y más prolíficas escritoras colombianas. Meira del Mar, que en su momento rompió un techo de cristal como mujer poeta. Su lenguaje tiene una gran influencia en todas las escritoras de la costa Caribe. Esthercita Forero, que ayudó a inventar el Carnaval de Barranquilla como lo conocemos hoy. María Cano. Débora Arango, que es más bien una “anti-líder”, pero me emociona como su obra sigue vigente y no me puedo imaginar la fuerza necesaria para ser una mujer tan crítica en esa época. Ofelia Uribe de Acosta que fundó y dirigió la revista Agitación Feminista en 1944. Florence Thomas quien abrió el camino para que otras mujeres pudiéramos opinar sobre feminismo. Ángela Buitrago, la fiscal de hierro, que hasta puso a temblar al gobierno mexicano con su investigación sobre Ayotzinapa.Mónica Roa, que para mí es un ejemplo personal y profesional, pero que también le dio un giro a la lucha por los derechos sexuales y reproductivos en Colombia. Catalina Botero, que es una de las voces líderes en libertad de expresión en el mundo. Claudia López, hace rato no teníamos una senadora tan buena como ella, y lo mismo podría decirse deAngélica Lozano en Cámara. Rafaela Vos Obeso, rectora de la Universidad del Atlántico, socióloga, docente y especialista en temas de violencia de género.

LRL: Dentro de 20 años unos historiadores deciden estudiar este momento de la vida del país, a través de cinco líderes emblemáticos. ¿Qué cinco líderes escogería usted para estudiar?

CR: 

Doris Salcedo, es una de las mejores artistas contemporáneas en el mundo, y es colombiana y más, su trabajo se trata precisamente de la violencia que ha vivido el país. Su comentario sobre la violencia es durísimo y a la vez conmovedor.

Teresita Gómez, es una mejores músicas y pianistas en Colombia, es docente en la Universidad de Antioquia y concertista, y su trabajo por la divulgación e investigación de la música colombiana es notable.

María Roa Borja es una líder que está haciendo una revolución de género económica. Una de las formas más graves de explotación de las mujeres es no reconocer como trabajo las labores domésticas y de cuidado. Es una explotación que también es de clase. Lograr que el trabajo de las empleadas domésticas sea reconocido de manera justa y digna es una revolución para los derechos de las mujeres en Colombia y un paso gigantesco para acabar con la desigualdad.

Brigitte Baptiste, es una de las voces sobre medio ambiente más importantes y escuchadas en el país. Además es una mujer que ha retado los parámetros de todos en la academia, no solo por ser una mujer trans, también por desdeñar muchos formalismos del estilo académico que no le permitirían ser “estrafalaria”.

Elena Ambrosi, es la estratega temática del gobierno en el proceso de Paz, y ha sido el soporte para el desarrollo de todos los puntos de la agenda.

LRL: Ronald Heifetz sostiene que liderar es vivir peligrosamente. Porque el liderazgo tiene un lado no glamuroso, del que poco se habla: genera que otros se opongan a la iniciativa de liderazgo llegando incluso a buscar detener al líder. Esto ocurre porque el liderazgo transformador genera cambios y “pérdidas” para la gente desequilibrando el statu quo. ¿Qué opina usted de esto?

CR: El feminismo desequilibra el statu quo porque el statu quo es precisamente el patriarcado. Además es difícil porque se trata de criticar, desde todos los flancos, a un sistema de poder que también afecta la vida cotidiana. Eso implica hacer un examen constante sobre cada aspecto de la vida. El resultado de esos exámenes suele ser que somos machistas, así es nuestro sistema cultural y eso es muy incómodo. La gente reacciona negativamente a esa incomodidad porque reconocerse parte de un sistema opresor no le gusta a nadie, todos preferimos identificarnos con los héroes.

Es impresionante la reacción visceral de odio que uno encuentra con el feminismo. Cada vez que hablamos, no solo desde una perspectiva femenina, sino propiamente de feminismo (o temas feministas, o denunciamos aquello que tiene que ver con mujeres), nos enfrentamos a que nuestro discurso se vea tergiversado, malentendido (el cuento de las “feminazis”); preso de generalizaciones absurdas (como “somos unas odia hombres”), de malentendidos que parecen intencionales (ni siquiera se esfuerzan por entender el argumento) y por ello, también somos agredidas de manera personal.

Puedo entender la resistencia porque el feminismo es una revolución en la distribución del poder, y nadie que tenga poder (en este caso los hombres y/o mujeres que encarnan el sistema patriarcal) lo va a querer soltar. Los derechos no son regalos, siempre son una conquista. Pero lo bueno es que el feminismo está en el bando ganador: es quizás el único movimiento social más pacífico y efectivo de todo el siglo XX. La revolución socialista se cayó, pero las feministas aquí estamos. Y en menos de seis décadas conseguimos el voto, la ciudadanía. Falta muchísimo camino por delante, pero también es cierto que se ha logrado muchísimo, y que no hay vuelta atrás.

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