Nueva épica

Columna publicada el 14 de septiembre de 2016 en El Espectador.

El boyacense Nairo Quintana acaba de ganar la Vuelta a España, una victoria que llenó a los y las colombianas de esperanza y que sobre todo es testimonio de su trabajo y disciplina.

Su historia emociona a muchos porque Quintana escaló a pulso, en la vida como en la ruta, y llegó a ser uno de los ciclistas más importantes del mundo, a pesar de todos los obstáculos estructurales con los que se enfrentan la mayoría de los deportistas en Colombia: pobreza, enfermedades, falta de oportunidades.

Hoy, Nairo Quintana tiene hasta un corrido, El Cóndor (“porque no corre, vuela”), compuesto por el grupo de música norteña boyacense Los Hermanos Suárez Texas. Esto es significativo porque las historias que se cuentan en los corridos son las épicas del pueblo, loas a esos héroes cuyas historias los conmueven y que encarnan los valores que se quieren privilegiar en una sociedad. Que hoy un deportista ocupe el lugar que en la épica popular antes y aún hoy se destina a los narcotraficantes, y otras formas de masculinidad tóxica, nos habla de una sociedad que ha comenzado a cambiar.

Quintana fue un niño enfermo que milagrosamente sobrevivió a los tres años de edad. Y luego, la escuela era tan lejana y el transporte tan inexistente, que tenía que ir cuesta arriba y cuesta abajo en bicicleta para poder estudiar. La historia de Nairo Quintana parece enviar el mensaje de que, con una voluntad de hierro, se pueden superar todas las adversidades. Aunque un mensaje así resulta inspirador —especialmente en un país lleno de adversidades—, cuando ponemos el foco en la voluntad, y no en el obstáculo, el éxito depende de un colombiano individual, y no de todos, de un milagro extraordinario, y no de unas condiciones óptimas que le permitan a la gente aprovechar sus talentos al máximo. ¿Qué tal si la mortalidad infantil en Colombia no fuera tan alta? ¿Qué tal si Quintana hubiese aprendido a escalar en bicicleta por puro gusto y no por carencia?

A veces, historias como la de Nairo Quintana se usan para idealizar hasta lo romántico la pobreza. El mito de la “meritocracia” pasa por alto que el talento de las personas se valora según un entramado de circunstancias y privilegios. Por ejemplo, la hermana de Quintana, Leidy, cuenta en una entrevista para El Espectador que cuando su padre se enteraba de que ambos montaban en bicicleta (bicicletas que unos vecinos les prestaban a cambio de fruta), a ella la “regañaban con mayor vehemencia, no por el inocente robo [de fruta], sino por hacer cosas que no eran de una señorita, como por ejemplo montar bicicleta. De hecho, me decía que las mujeres podían perder la virginidad con el sillín. Ese era su temor. Creencias del campo. Ciertas o no, había que respetarlas”. En la cultura se esconden los obstáculos y desigualdades estructurales.

Afortunadamente, hay más que celebrarle a Nairo Quintana luego de reconocer su disciplina y tenacidad. Por ejemplo, que ahora que todo el país lo admira y lo escucha, usa esa atención para hablarnos, desde su privilegio masculino, sobre los derechos de las mujeres. “Yo pedaleo por un mundo donde hombres y mujeres tengamos las mismas oportunidades”, dice en el video de la campaña Enrédate con la Equidad de Género, liderada por la Alcaldía de Tunja. “La igualdad entre mujeres y hombres comienza en casa. Si los dos trabajan, la mujer no tiene por qué hacer el doble de trabajo en casa”. Dice de manera sencilla y clara, y con un bebé en brazos advierte algo que tendría que ser obvio: “También podemos barrer, podemos ver del niño. Algunas veces está uno como hombre en casa y se tumba en el sofá a mirar televisión, y no es lo justo”.

Los héroes de un pueblo nos hablan de cómo queremos construir nuestra identidad. Queremos contar la épica de Nairo Quintana porque al hacerlo le decimos a las próximas generaciones que hay una esperanza de éxito entre tanta adversidad. Contémosla también para inspirar a otros a usar ese éxito para ayudar a combatir la desigualdad. Para exigir los cambios que permitan que mañana, los y las colombianas con ganas y habilidades tengan las oportunidades, los accesos, los espacios, la educación, los afectos, las garantías, para convertirse en talentos de la talla de Nairo Quintana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s