Las familias ya son diversas

Columna publicada el 17 de septiembre en El Heraldo.

Esta semana pasó en primer debate el referendo propuesto por la senadora Viviane Morales, que busca impedir que los niños y niñas en Colombia sean adoptados por parejas del mismo sexo o por personas solteras. El referendo es discriminatorio y peligroso: discriminatorio porque le niega a miles de niños y niñas de Colombia la oportunidad de tener una familia por culpa de un prejuicio que no tiene ni sustento científico (hasta Kyle Pruett, el autor del estudio que Morales cita en su argumento, le escribió una carta a la senadora diciendo que estaba malinterpretando y sacando de contexto su trabajo y no lo volviera a usar para avanzar su proyecto discriminador); y peligroso porque el referendo significa someter al juicio de la mayoría algo que tiene que ver con los derechos de una minoría (los niños y niñas por abortar, la comunidad LGTBI).

Este es uno de los argumentos del movimiento “por la familia” (aunque solo defiende un tipo de familia): que ellos son mayoría y por eso pueden imponer su modelo a los demás. Sin embargo esto es falso. Según cifras de Colombia Diversa, a partir de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud 2010, el 65% de las familias en Colombia no están conformadas por un hombre y una mujer heterosexuales y casados con hijos, es más, este tipo de familia solo constituye el 35% de los hogares en Colombia. Esto quiere decir que no se está imponiendo un modelo distinto, las familias en Colombia ya son diversas, desde hace mucho, muchísimo tiempo.

El segundo argumento es que lo mejor para el desarrollo de los niños y niñas es “contar con un papá y una mamá”, pero si esta fuera la principal preocupación ¿por qué no se van tras esos padres abandonadores, de los que Colombia, un país de madres solteras y embarazos adolescentes, está lleno? La respuesta es dolorosa: el prejuicio contra la comunidad LGTBI es tan fuerte que prefieren que los niños y niñas crezcan en hogares con violencia doméstica, abandono, pobreza y maltrato a que vivan con una pareja homosexual. Y eso que a todas que quieran adoptar, incluidas parejas del mismo sexo, les hacen un estudio minucioso para evaluar, aquí sí, la estabilidad del hogar y su capacidad para ser padres o madres. La mayoría de los heterosexuales, que tenemos hijos tantas veces por error (en Colombia alrededor del 60% de los embarazo son indeseados) no pasamos por una evaluación semejante, y en muchos casos hemos resultado ser pésimos padres. Porque no olvidemos que los principales agresores en casos de violencia doméstica son los hombres dentro de la familia, no olvidemos los feminicidios, y toda la violencia que llega con el machismo de la heteronorma a las familias.

Mientras tanto, hay aproximadamente 4.850 niños y niñas que necesitan ser adoptados. Es en el bienestar de esos niños, y de todos, porque todos los niños y niñas merecen una vida sin discriminación por prejuicios que ni siquiera reflejan la situación real de los hogares colombianos.

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