La táctica del avestruz

Columna publicada el 21 de septiembre de 2016 en El Espectador.

Acaba de levantar indignación en Colombia una encuesta del DANE, aplicada a adolescentes entre los 12 y los 16 años, por mandato de la Ley 79 de 2001, que busca medir las experiencias que tienen respecto al sexo.

Contiene preguntas explícitas, como si han recibido sobornos a cambio de sexo, o si han sido tocados sexualmente sin su consentimiento y por quién. “Los niños y niñas que no están sometidos a este tipos de experiencias, simplemente no avanzan en el cuestionario electrónico”, dijo a RCN Radio el director del DANE, Mauricio Perfetti. Sin embargo, los padres de familia se enteraron del cuestionario y están indignadisimos, protestando, porque las preguntas son “agresivas”, “bruscas”, que ese no es el lenguaje, y los colegios dicen que no quieren aplicar la encuesta sin el consentimiento expreso de los padres y que, no importa que en Colombia esté prohibido negar datos estadísticos, no preguntarán lo que no quieren saber.

Los datos de la encuesta del DANE son importantísimos para generar política pública efectiva sobre un problema del que casi no se habla y que a nadie le gusta admitir. Todos se escandalizan con el embarazo adolescente, pero siguen con el cuento de la cigüeña. Es preferible creer que los agresores sexuales de menores son extraños malvados o enfermos, aunque la mayoría de los casos de abuso vienen por parte de un conocido o familiar. También es más fácil convencerse de que si se suprimen temas como el sexo o las drogas de la conversación, los adolescentes no se van a enterar. Pero se enterarán como nos enteramos todos, tarde o temprano. Incluso, estos padres conservadores fueron adolescentes y deberían saber de primera mano que la ignorancia no previene el sexo, todo lo contrario, transforma algo normal que debería ser placentero en un riesgo. Y ni hablar de lo problemático que resulta que los padres de familia (que estadísticamente son una porción importante de los agresores) tengan que dar su consentimiento para que se aplique la encuesta a los adolescentes. Bonito así.

En abril, desde la colectiva (e)stereotipas propusimos un ejercicio de denuncia y memoria en redes sociales con el hashtag #MiPrimerAcoso. Elhashtag propició que mujeres de toda América Latina contaran sus experiencias de acoso y cada historia servía de herramienta para que otras mujeres, a su vez, reconocieran el acoso en sus vidas. Una de las cosas que dejó claras este ejercicio es que prácticamente todas las mujeres latinoamericanas (el hashtag llegó a tener 420 tuits por minuto) hemos tenido una experiencia de acoso sexual (desde el acoso cotidiano hasta la violación) a lo largo de nuestras vidas. La revista Distintas Latitudes hizo un análisis de 100.000 tuits con el hashtag para identificar patrones sobre la edad del primer acoso, las agresiones denunciadas, los espacios donde éstas ocurrieron y quiénes fueron los agresores. La revista concluye que el 40,4 % de las agresiones podrían tipificarse como abusos sexuales y que casi la mitad de los ataques denunciados (42,3 %) ocurrió entre los seis y los 11 años de edad. El 53 % de las agresiones ocurrió en espacios privados como la casa. Estas son apenas las cifras de un ejercicio, sirven para ilustrar algo que las mujeres sabemos muy bien: que el acoso sexual comienza desde que somos muy niñas, que el peligro siempre está al acecho. ¿Qué estamos haciendo para prevenir estas experiencias de acoso en la niñez?

Muchas de las mujeres que contaron sus historias con #MiPrimerAcoso lamentaban no haber tenido alguien que les dijera, cuando eran niñas, que eso era acoso, o que alguien les preguntara, o que alguien les creyera. Mucho repiten que “pensemos en los niños”, pero son pocas las ganas de encarar el problema o de buscar soluciones. Es fácil exigir castigos populistas como sentencias vitalicias o pena de muerte para los agresores sexuales de niños y adolescentes. Pero a la niña menor de 14 años le niegan un aborto por violación. Cuando hablan de defender la inocencia de los niños, en realidad hacen una defensa por su propia incompetencia. Si les parece que las preguntas de la encuesta del DANE son “fuertes” es porque padres de familia y colegios han fallado en darles a los menores de edad en Colombia el contexto y las herramientas para enfrentar estas situaciones muy reales y muy violentas de abuso, violencia sexual y sexo riesgoso, que son un problema de salud pública en el país. Es necesario recoger la información que permita plantear políticas públicas realistas y tienen los niños derecho a que el Estado, los colegios, sus padres, les den la información necesaria sobre sus derechos sexuales y reproductivos.

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