Por qué es importante que ‘Modern Family’ haya invitado a su elenco a un niño transgénero

Columna publicada el 28 de septiembre de 2016 en Univisión.

Esta semana Modern Family, en su capítulo “A Stereotypical Day”, presenta una historia en la que Lily, la hija de Cam y Mitch, la pareja gay de la serie, invita a jugar a un amiguito de ocho años, que, además, es transexual. Y para sorpresa del mundo, el personaje está interpretado por por Jackson Millarker, de 8 años, quien de hecho, es un niño transexual. Cuando Modern Family se estrenó, en 2009, la premisa de la serie era provocadora y hasta transgresora (moderna): una familia que contaba con una pareja gay casada, con una inmigrante colombiana, y el obligado referente de la familia tradicional con el núcleo de Phill y Claire. Pero han pasado siete años, y hoy en día, Modern Family tiene poco de moderna, la cultura pop de hoy está llena de parejas de homosexuales (eso sí, la mayoría son hombres blancos) y ser latina, al menos en televisión, se puso de moda. Sin embargo, este capítulo revive el espíritu original de la serie, que consistía en que las familias modernas son diversas, haciendo algo que nunca ninguna serie estadounidense había hecho antes: hablar de la transexualidad en los niños, y más importante todavía: con un niño actor transexual interpretando ese papel.

En estos momentos solo hay dos series que presentan historias de personas transgénero en donde los personajes son, de hecho interpretados por personas trans: Nashville y Orange is The New Black. Claro, hace unos años ni siquiera podían verse historias de este tipo en televisión, las personas trans no existían para la cultura popular, pero en el siglo XXI, la existencia de las personas transgénero (gracias al trabajo de muchos, muchas y muches activistas) se asumió como una realidad, y entró al rango de historias que la gente quiere contar. Sin duda mucho hemos avanzado desde películas como Ace Ventura (la primera) en la que la villana resulta ser una mujer trans policía, y cuando el personaje de Jim Carrey (Ventura) se entera, la película nos muestra una larguísima secuencia en la que Ventura vomita, se lava los dientes histriónicamente, asqueado por haber “besado a un hombre” (aunque el beso entre dos hombres no tiene nada de asqueroso, y aunque el beso no fuera con “un hombre” sino con una mujer trans). Eran los 90. Muchas cosas han cambiado desde entonces.

Por ejemplo, “lo trans” se volvió tema: en 2006 Sofía Vergara, también de Modern Family, interpretó a una mujer transgénero en Grilled, en 2011 Pedro Almodóvar hizo la película La piel que habito, luego salió al aire la serie Transparent, la historia de una comedia creada por la norteamericana Jill Solloway que cuenta la historia de un “padre” que finalmente le admite a su familia que es una mujer trans, interpretada por el reconocido comediante Jeffrey Tambor (que ganó un Emmy por este papel). Luego, Jared Leto interpretó a una persona trans en Dallas Buyers Club, una interpretación que le ganó un Oscar, y luego, Eddie Redmayne (también cis) fue nominado por su su interpretación de una persona trans en The Danish Girl. El problema: que todos o casi todos han sido interpretados por actores cisgénero. Ser cisgénero (en adelante “cis”) es lo opuesto a ser trans, es decir, una persona que vive según el sexo y género que le fueron asignados al nacer.

En el siglo XX, parecía que el camino seguro al Oscar era interpretar a una persona con alguna discapacidad (Tom Hanks en Forrest Gump, Dustin Hoffman en Rain Man, Geoffrey Rush en Shine, Joanne Woodward en The Three Faces of Eve, Al Pacino en Perfume de Mujer, y entre otras actuaciones conocidas se cuentan Leonardo DiCaprio en What’s Eating Gilbert Grape?). Por supuesto ninguno de estos actores o actrices vivían con discapacidad, en eso consistía “su reto actoral”. A nadie se le ocurrió que papel de Pacino pudo haber sido interpretado por una persona con discapacidad visual, o que se habrían ahorrado los efectos especiales para borrar las piernas del Teniente Dan (en Forrest Gump) si hubiesen buscando un actor con esas condiciones físicas. Parece que ahora, el camino seguro al Oscar está en que una persona cis, haga el papel de una trans. No somos capaces de creer que una persona con cuerpo o identidad diferentes pueda también tener capacidades actorales, belleza, o resultar atractivo para la taquilla.

¿Y, cuál es el problema? Sin duda hay grandes actores y actrices cisgénero que están en capacidad de interpretar, de manera correcta y respetuosa a una persona trans, pero el hecho de que siempre contraten a personas cisgénero borra de tajo la experiencia de estas personas. ¿Acaso no hay personas trans que también tengan las capacidades actorales para interpretar estos papeles? Claro que sí. Laverne Cox, y ahora, Jackson Millarker, son un perfecto ejemplo de ello, pero como en nuestra cabeza heteronormada las personas trans ni siquiera existen, la solución obvia es buscar actores o actrices cis para que los interpreten. Y el resultado, es un poco más de discriminación, porque aunque las personas trans están mejor capacitadas para interpretar este tipo de papeles, la discriminación las deja desempleadas, y por consiguiente, vulnerables. Por eso su discurso de aceptación del Emmy por su papel en Transparent, Jeffrey Tambor, dijo que “no le molestaría ser el último actor cisgénero en interpretar a un personaje trans. Ha sido el único en reconocerlo.

Muy a diferencia de Michelle Rodríguez, que acaba de encarnar todo lo que está mal con la manera en que la industria de Hollywood se aproxima al problema de la comunidad trans. En su más reciente película, (Re)Assignment, Rodríguez interpreta a un mercenario que es castigado por una científica malvada (Sigourney Weaver) con una operación de cambio de sexo: es decir, la afirmación de sexo (es una afirmación y no un cambio para las personas trans) se muestra como una sofisticada forma de tortura, cuando en realidad son procedimientos médicos que han salvado la vida de muchos y muchas. Cuando le preguntaron a Rodríguez sobre lo problemático de su interpretación contestó con ofensivo desparpajo “¡Si lo que la película hace es promocionar lo trans! Gracias a Kris Jenner (sic) por convertirse en quien se convirtió. Ahora tenemos un tema del que antes nadie quería hacer una película y se hizo popular”.

Son muchas las cosas que Rodríguez no entiende: lo primero, es que no se trata de popularidad sino de respeto. Como estas historias son pensadas y creadas por y para el entretenimiento de las personas cis, los personajes trans antes que personajes, son un truco llamativo para contar las historias. Según la organización GLAAD, que ha hecho un seguimiento desde 2002 de los personajes trans que aparecen en los medios masivos de comunicación, estos siempre resultan ser o víctimas, o villanos, o un recurso cómico. No son humanos sino espectáculos, no son personajes sino giros escandalosos de una historia. Es un poco como cuando en Breakfast at Tiffanny’s (que salvo por este detalle sigue siendo una excelente película) Mickey Rooney (blanco) interpreta pésima a inexplicablemente al personaje de Mr. Yunioshi, el vecino japonés de Holly Golightly. La intención era que el personaje fuera cómico, pero terminó siendo groseramente racista.

Pero la película de Rodríguez es ofensiva además reafirma que “lo trans” depende de los genitales (a su personaje, “hombre”, lo operan y se “convierte” en “mujer” como si “ser mujer” fuera simplemente “no tener pene”). Y también es ofensivo porque las declaraciones de Rodríguez dejan en evidencia que para ella no es claro lo que significa ser trans (le dice “Kris” a Caitlin Jenner, lo cual es irrespetuoso porque le impone una identidad de hombre a una mujer) y porque cree que por ser bisexual, “parte de la comunidad LGBTI” entiende lo que significa ser trans. Y no, es claro que Michelle Rodriguez no conoce el dolor, la discriminación y el peligro que padece la comunidad trans, frente a eso, ser bisexual es un privilegio.

El capítulo de Modern Family es importante en este contexto pues, si la representación de las personas trans es poca, el reconocimiento de que hay niños y niñas trans es prácticamente nulo. Si acaso se habla de el tema como algo de “adultos”, cuando en realidad, la gran mayoría de las personas trans hablan de que su identidad se construye desde las edades más tempranas. Parece un pequeño papel en una comedia, pero este tipo de representaciones, cuando se hacen bien (es decir, cuando no se quedan solo en la representación sino que también ofrecen trabajo y oportunidades reales), cambian nuestros imaginarios y nos permiten ampliar nuestra visión del mundo. Enhorabuena por Modern Family, que llevaba rato sin cuestionar lo que es “una familia moderna”.

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