Feminismos y pop: caminos estéticos para hablar de derechos humanos

Estereotipas, “feminismo pop latinoamericano” es una colectiva que busca incidir en la manera en la que las mujeres jóvenes piensan sobre el feminismo y la desigualdad de género. Para ello, tratamos de traducir las grandes ideas del feminismo a un lenguaje y un formato asequible utilizando el humor, la estética del pop y las nuevas tecnologías.

Somos feministas porque nadie debe ser discriminado por su género o/y orientación sexual, clase, raza, etnia, lugar de origen, y los feminismos nos han dado las herramientas y los argumentos para hacer una revolución pacífica que resulte un mundo más justo. Somos latinoamericanas porque creemos en la importancia de los lazos no solo entre mujeres y entre personas sino entre regiones y la importancia de generar, en nuestra lengua, nuestras propias historias, referentes, símbolos y discursos. Somos pop porque creemos que el medio importa para transmitir el mensaje y que el pop es un lenguaje perfecto para hacer que las ideas del feminismo impacten nuestra cultura y cambien el sistema.

Muchas de las expresiones de los feminismo que se dieron en la tercera ola tuvieron que ver con la apropiación de insultos, ataques y prejuicios, a través de medios visuales, audiovisuales, a través del lenguaje y de las subculturas. Estas también son formas de renacer del discurso de víctima (otro meme), pues sí, las mujeres somos víctimas pero nadie quiere hablar desde esa posición, quizás conviene tomar una postura crítica frente a lo resbaloso que es el sexismo, el racismo, el clasicismo y otros memes de dominación tejidos en nuestra cultura. Un ejemplo perfecto son las Guerrilla Grrrls, las Riot Grrrls, que con solo suprimir una vocal de la palabra convirtieron un insulto condescendiente en un rugido. Estos son los referentes directos de Estereotipas. Referentes que también se enfrentan a la pregunta de si movimientos como los feminismos, que buscan desmontar el patriarcado, puedan existir dentro de su mejor aliado que es el capitalismo. La primera respuesta es sencilla: el feminismo siempre ha tenido que lidiar con el capitalismo, algunas de las vetas más poderosas del movimiento de mujeres nacieron de sus entrañas. Pero el capitalismo es un modelo económico de explotación, y en una sociedad patriarcal las explotadas terminan siendo las mujeres. Por eso el feminismo le debe al capitalismo una crítica permanente. Y se mantiene la pregunta: ¿se puede hacer feminismo y resistencia, con el lenguaje natural del capitalismo que es el pop?

La tercera ola del feminismo, llega bien entrado el capitalismo, cuando la ubicuidad de Coca-Cola es cosa garantizada. Cuando la televisión y el sobre estímulo informativo son parte del hábitat. Cuando ya se ha mercantilizado la rebelión, la revolución y la resistencia, como estrategia hegemónica de domesticación. En este contexto, los feminismos de la tercera ola con con frecuencia recurren a navegar entre lo “popular” y lo “subcultural” y esta negociación implica una reflexión sobre el estilo. En una posmodernidad en donde el medio es el mensaje, en donde los repertorios para la difusión de ideas incluyen los medios visuales, los géneros musicales, las tecnologías, la acción no violenta, las tácticas de shock, la imagen es importante. Pero es inevitable que la mayoría de estas tácticas existen en la ambigüedad, como señala Donna Haraway en su Manifiesto Cyborg, la construcción de redes es tanto una una práctica feminista como una estrategia corporativa de la multinacionales. Esas son las paradojas contemporáneas.

En The Female Bodywars: rethinking Feminist Media Politics” Patricia Zimmerman discute la producción de documentales de bajo costo como estrategia feminista para las activistas de derechos sexuales y reproductivos. Para Zimmerman El DIY (hazlo tu mismo) es una actitud “punk” que adoptan esos feminismos subculturales de la tercera ola para hacer una difusión subversiva de ideas feministas. Muchos optan por animar (¿empoderar?) a  mujeres y niñas a “tomar la iniciativa” y crear arte y conocimiento, cambiar su entorno político y cultural, antes que esperar a que alguien lo haga por ellas. Por supuesto, la política del hazlo tu mismo tiene fallas importantes, especialmente si se niega la mirada a las desigualdades estructurales entrelazadas en ese “tú” en ese “hazlo” y en ese “tú” que es el “mismo”. Si el HTM no se cruza con el self help, puede hacer resistencia desde las opciones del consumo. Tener Iphones es sintomático de privilegios en una sociedad de consumo. Consumir esos Iphones para crear mensajes de resistencia de forma independiente es una resistencia. Cada vez que se compra una máscara de Guy Fawkes gana el mercado, pero también se amplía y fortalece una resistencia que existe en los símbolos. La resistencia existe en la paradoja.

Usar las tecnologías además implica una manera particular de articular nuestra conciencia sobre las formas en que viaja la información en nuestros ecosistemas culturales: hay un repertorio de discursos, objetos, ideas, modos, que llevan mensajes en un contexto saturados. Juegos del lenguaje. Los feminismos han tomado dos posturas frente a la tecnología o bien apropiarsela y discutir las barreras entre máquina y mujer (como hace Donna Haraway) o bien otra opción de resistencia ha sido el lowtech, creando redes feministas que se registran por debajo del mainstream. En ambos casos, estas redes se construyen como una serie de nodos, y una telaraña de experiencias e historias.  

Ante la pregunta ¿cuál es el motor de la flecha?, algunos podrán contestar que es el brazo, el arco, la cuerda, pero en realidad, el motor de la flecha es la Diana que espera al final: esa primera idea que hala con fuerza gravitacional a la acción y a la percepción. Por esto, cambiar las palabras o cambiar la cultura, cambia prioridades y comportamientos. Esto quiere decir que las luchas de los derechos humanos son también luchas del lenguaje: cómo hacer que una palabra sea la palabra con las que más personas se referieren a o piensan en algo.

Queda claro entonces que los avances en derechos humanos son primero avances de ideas. La pregunta que tendríamos que hacernos como académicos y cómo activistas, es cómo es que una idea resulta popular y exitosa, cómo viajan, cómo se mueven las ideas. Esta es una pregunta necesaria, por supuesto, para los feminismos contemporáneos: ¿cómo hacer feminismo hoy? O mejor ¿cómo mover, y difundir las ideas feministas en un contexto violento adverso y machista? ¿Cómo generar esos movimientos conceptuales?

Los seres humanos somos animales del lenguaje. Existimos en y por el lenguaje, que termina siendo algo así como la Sustancia spinozista, nada existe fuera de. Esto quiere decir que las palabras que usamos, las ideas que tenemos, determinan de manera activa lo que entendemos por “mundo” o “realidad”. No podemos ver el color rojo ni hablar del color rojo, sin las palabras “color” y “rojo”. En el lenguaje es también el límite del empirismo.

Richard Dawkins tiene un concepto útil para dar una respuesta: “meme”. Un meme es una unidad de transmisión cultural o de imitación, como una especie de “gen” intangible y conceptual. Los memes se propagan en nuestra cultura a través de difusores (como las instituciones, los medios de comunicación) o las personas. En la idea original de darwinista de Dawkins los memes siguen el mismo comportamiento de los genes. Pero, como muestra su encarnación popularizada, “los memes de Internet” (cuyo significado  ‘imagenes jpg con un mensaje que se hacen virales’, ha sido, paradójicamente, un meme más exitoso que la definición de Dawkins), la metáfora necesita ajustes: hay grandes aparatos para difundir memes, (Televisa, Facebook), y esto implica que hay formas de hacer las ideas populares desde desigualdades de poder del capitalismo y el patriarcado y no solo gracias a una suerte de meritocracia evolutiva. Pero también es importante notar que cuando un meme llega a una persona, no podemos saber si esta responderá de manera positiva a negativa: es una situación imprevisible, que implica un cruce entre el nuevo meme y todos los memes que componen el universo de esta persona. Dice Wittgenstein que “si digo que A tiene bellos ojos alguien me pregunta: ¿qué encuentras de bello en los ojos de A? Quizás yo conteste: la forma almendrada, las largas pestañas, los delicados párpados. ¿que tienen en común los ojos de A, con las catedrales góticas que encuentro bellas también?”

El ejemplo de Wittgenstein es importante porque lo que nos dice es que hay unos patrones estéticos que acompañan las ideas, que son parte de las ideas, y que ayudan o entorpecen su difusión. De estos patrones estéticos se trata el pop. Wittgenstein habla de “juegos del lenguaje” (language games), y según el filósofo, la intención es hacer evidente que hablar un lenguaje es una actividad, una forma de vida. Así, el lenguaje es parte de nuestra “historia natural” y ayuda a moldear la la experiencia pre-lingüística e incluso toda experiencia no-lingüística, pues estas experiencias ya están inscritas en un rango de maneras culturalmente establecidas.

Uno de los de los ejemplos que presenta Wittgenstein es iluminador para explicar cómo se construye el sexismo: si enseñamos a un niño o niña lo que es la experiencia del dolor, la manera en que cada uno entenderá el dolor está determinada por el género. Los hombres o niños, son socializados bajo el mandato masculino de que “los hombres no lloran” y esto se convierte en parte de su identidad y en una mediación para lo que entienden por dolor. El dolor, en cambio, en términos de lenguaje, es un campo “privilegiado” para las niñas, que tienen diferentes herramientas lingüísticas para referirse a la experiencia porque de entrada esta experiencia les esta permitida. La palabra “dolor” no significa lo mismo para cada uno, porque los “juegos del lenguaje” son diferentes. ¿Qué implica que las mujeres tengamos más herramientas lingüísticas para hablar de la experiencia del dolor? ¿Experimentamos más dolor porque tenemos más lenguaje o tenemos más herramientas del lenguaje porque experimentamos más dolor? Idealmente si uno deconstruye un juego del lenguaje y muestra sus contradicciones no necesariamente se rompe el hechizo: aunque la deconstrucción puede cambiar una percepción e incluso un comportamiento, Wittgenstein contempla que partes importantes del ser se mantendrán intactas ante un nuevo conocimiento.

Entender estos juegos del lenguaje es vital para las luchas contemporáneas en derechos humanos. Un cambio social real implica llegar al tuétano de una cultura. El machismo es tán difícil de erradicar porque permea todos, todos nuestros marcos conceptuales y toda nuestra estética popular. ¿Qué hacer entonces? ¿Rechazar la estética popular por ser machista o cambiar e incidir, incluso, usar la estética popular para desmontar mensajes machistas? Nuestra opción es la segunda, pues pensamos que el pop, en tanto marco de lenguaje, es anterior, y abarca más que el machismo. Los discursos estéticos son siempre discursos políticos, hablar de lo bello es hablar de lo deseable y hablar de lo deseable es hablar de posturas políticas y éticas. ¿Qué pasa si se cambia lo que entendemos por bello (y/o popular)? Pues la posibilidad (posibilidad porque no podemos prever o controlar los efectos o impactos de las manifestaciones estéticas) de cambiar lo que encontramos deseable, y quizás también nuestros valores éticos y políticos.

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