¡Del acuerdo no nos sacan!

Columna publicada el 12 de octubre de 2016 en El Espectador.

El martes, los grupos feministas LGBTI y de mujeres en Colombia se tomaron las redes sociales con el hashtag #DelAcuerdoNoNosSacan para exigirle al Gobierno que no saque la perspectiva de género de los acuerdos de paz.

El enfoque de género transversal es uno de los mayores aciertos de los acuerdos de paz, pues parte de un ejercicio de escuchar a los grupos de mujeres, especialmente a las víctimas, para plantear reparaciones a los abusos históricos que, por su género, han sufrido las mujeres y las comunidades LGBTI. Por primera vez en la historia, un proceso de paz reconoce la validez y la urgencia de estas luchas, y por eso, el enfoque de género en los acuerdos es un ejemplo para el mundo.

Sin embargo, la oprobiosa campaña del No logró convencer a los grupos cristianos y evangélicos de que la aprobación de los acuerdos impondría la “dictadura homosexual” y pondría en peligro “los valores de la familia” (heterosexual y heteronormada). Esta fue una de las mentiras que ayudaron a que el No “ganara”, aunque perdiera toda Colombia y quedáramos en este limbo angustioso que ha obligado al presidente a recibir propuestas absurdas por parte del uribismo y los grupos religiosos que, antes que una preocupación por garantizar la paz o reparar a las víctimas, se han lanzado a la causa de defender el poder del statu quo.

El mismo martes el presidente se reunió con Alejandro Ordóñez, quien le pasó su lista de propuestas para dañar los acuerdos de paz, entre ellas que se removiera la palabra “género” de todo el documento. Es comprensible que el presidente se reúna con líderes políticos como Marta Lucía Ramírez o con Uribe (aunque sus propuestas sean malintencionadas, es un senador), incluso con los miembros de las iglesias que se prestaron para difundir mentiras sobre los acuerdos. Pero Ordóñez, hoy, técnicamente, es un viejo desempleado, ¿por qué lo seguimos tratando como si fuera un funcionario público con poder y vocería para incidir en los acuerdos? Luego de su reunión, Ordóñez salió a inventar que Santos había prometido “purgar la ideología de género de los acuerdos”, una mentira rampante, pues es imposible sacar de los acuerdos algo que no existe y que una vocera de Presidencia desmintió a los medios minutos después. Y claro, Ordóñez dice que el término “ideología de género” no aparece literalmente en los acuerdos (porque el que acuñó esa expresión en Colombia es él), pero que aparece la palabra “género”, que supuestamente se presta a “ambigüedades que ponen en peligro a la familia”. Sin embargo, la palabra también aparece en múltiples documentos producidos por la Procuraduría cuando estaba a su cargo, básicamente porque la función de esta entidad es proteger derechos fundamentales y difícilmente se puede hacer eso con los derechos de las mujeres y la población LGBTI sin usar la palabra. Pero en ese entonces Ordóñez no se pronunció ante las tales ambigüedades. Ordóñez, que es abogado, debe entender que las normas (entendiendo el acuerdo como algo que se volvería norma) son lo que dicen, no lo que él crea que dicen, y que la interpretación la hacen los jueces, no cualquier ciudadano de a pie, como él.

Lo dice con diáfana claridad Victoria Sandino, una de las representantes de las Farc en la subcomisión de género de los diálogos de La Habana: “En absoluto estaríamos dispuestos a excluir el enfoque de género de los acuerdos. Mal haríamos en sacar del acuerdo un asunto que vela por los derechos de las mujeres, de la población LGBTI, ¡si es que somos más de la mitad de la población!”. Y no es que, ideológicamente, las Farc sean menos homofóbicas o machistas que el resto del país, pero han entendido que para una reconciliación total es necesario asegurar los derechos de las minorías y de las mujeres, y esto es un enfoque fundamental. Quizás suena “fácil” sacar la palabra “género” de los acuerdos para ganarse a dos millones de potenciales votantes, pero los derechos de las mujeres y las comunidades LGBTI no son negociables, son derechos humanos y fundamentales. El enfoque de género en los acuerdos facilitará el acceso a la propiedad y la tierra por parte de las mujeres campesinas o desplazadas, fomentará la participación política de las mujeres, la comunidad LGBTI, las comunidades afros e indígenas y ha reconocido que la violencia sexual en medio del conflicto es un crimen de lesa humanidad. Además, las mujeres (por ejemplo, las Tejedoras de Mampuján) son las precursoras de los acuerdos, pioneras en procesos de reconciliación, reconstrucción de memoria, y paz. Del acuerdo no nos sacan, porque las colombianas rurales y campesinas son las víctimas y las sobrevivientes de una guerra que no buscaron y que no merecen padecer más.

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