El apagón

Columna publicada el 29 de octubre de 2016 en El Heraldo.

“Señores Electricaribe, les escribo esta carta no para quejarme de su pésimo servicio ni de los altos precios, sino para que comprendan la importancia del servicio que prestan.

Cuando se va la luz en mi casa, no solo se va la luz. Se puede ir mi papá”. Así comienza la carta que la barranquillera Marcela Santos envió hace un año, el 10 de noviembre de 2015, a Electricaribe, y que luego compartió en una red social. Santos cuenta que su padre tiene ventilación mecánica, es decir que necesita una máquina para respirar y esta máquina funciona con electricidad. Cuando la luz se va en su casa, no solo hay peligro de que se dañe la máquina, también implica que el padre de Santos se puede ahogar si la batería de la máquina no aguanta hasta que vuelva la luz. La familia Santos tiene planes de emergencia, por ejemplo una planta de luz que funciona con gasolina, pero esto es caro y requiere involucrar a otras personas para prenderla. Santos acaba su carta diciendo: “Entiendan que ustedes no solo dan luz, también dan vida. Y cuando falla su servicio, no solo hay oscuridad sino una posibilidad de muerte”.

Estas situaciones de vida o muerte se han convertido en el pan de cada día de la gente en el Caribe. Algunas familias, como los Santos, tienen los recursos para crear sus propias estrategias, pero no todas las familias se pueden comprar una planta de luz. Aun así, los poderosísimos dueños de Electricaribe se hacen los sordos. Durante años han dedicado sus recursos a cobrar y no al mantenimiento, y como resultado el servicio que prestan es caro y pésimo. Ahora la cosa se va a poner peor porque ya no pueden pagar la energía que le compran a los generadores, EPM y Emgesa, que anunciaron que ya no le van a vender más. Además del mal servicio al que ya estamos acostumbrados, Electricaribe nos regresará a los tiempos del ‘apagón’. Parece que Electricaribe le debe a la empresa XM alrededor de $35.000 millones de pesos. Qué rabia y qué descaro, ¿acaso qué hacen con la plata que les damos tras sus cobros elevadísimos? Con esa millonada ya le habrían reemplazado a los y las caribeñas todos los electrodomésticos que se echaron a perder en los últimos años.

Mientras tanto, las autoridades colombianas y españolas, que hace rato han debido intervenir la empresa, siguen sin mostrar un camino de acción. Y esto es grave, porque nos dicen que el problema es Electricaribe, pero el Gobierno tiene la obligación de garantizarles a los ciudadanos la prestación del servicio de energía eléctrica. Afortunadamente esto parece que sí está claro para la Superintendencia de Servicios Públicos, que creará un comité especializado para el caso Electricaribe. En la primera reunión se hizo énfasis en que se debe asegurar la prestación de servicios por mandato constitucional.

Solo ante la perspectiva del apagón se empezó a hablar con seriedad del fin de Electricaribe. Pero ya la catástrofe comercial, social y empresarial es inevitable para la región.

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