No quiero ir al colegio

Columna publicada el 5 de noviembre de 2016 en El Heraldo.

“Estaba cansado de escuchar a una profesora decir que los hombres gais, con el tiempo, terminamos con el “esfínter desgarrado” y que debido a esto llega un punto en el que las heces salen en cualquier momento. Cada vez que lo decía en clase me daba mucho miedo, a pesar de que la información era falsa”. Este es el testimonio de un estudiante gay de 17 años, en Cundinamarca, recogido en el informe “Encuesta de clima escolar LGBT en Colombia 2016” realizada por Sentiido y Colombia Diversa. La encuesta fue contestada anónima y voluntariamente por  581 estudiantes LGBT que asistieron a el colegio en el año 2015.

Según los resultados de la encuesta, el 83.9% han sido víctimas de acoso verbal; el 88.6% e se han visto excluidos deliberadamente por sus compañeros; el 47.3% han sido víctimas de acoso sexual en el colegio; el 43.8% ha sufrido robos en retaliación or su orientación sexual. En muchos casos esta violencia es reforzada y hasta iniciada por las instituciones: el 25.2% han sido sancionados por su identidad u orientación sexual; el 37.2% han sido agredidos por un profesor; el 22% por un rector o directiva del colegio; el 11% han sido obligados a ir a terapia psicológica como si tuvieran un problema mental. Tampoco hay mecanismos para contrarrestar estas violencias, pues el 44% de los manuales de convivencia ni siquiera mencionan el tema y en clase de orientación sexual sólo se abordaron los temas Lgbt en un sorprendente 2.4%. Casi el 70% de estos estudiantes se sienten inseguros en el colegio, y para empeorar las cosas todo este matoneo afecta su rendimiento académico y por consiguiente sus oportunidades profesionales en el futuro.

Lo más espeluznante de estos resultados es que ya los intuíamos. Durante mis años en el colegio presencié una y otra vez este tipo de matoneo, no solo contra los estudiantes, también contra un profesor que era “amanerado” y de quien todos los estudiantes nos burlábamos (yo incluída) pues nadie nunca nos dijo que ese tipo de violencia estaba mal y hubo una complicidad tácita por parte de las directivas que nunca condenaron este comportamiento. Hace poco, cuando se dieron las aterradoras marchas en contra de la comunidad Lgbt en Barranquilla, la mamá de una amiga del colegio comentó que si ella hubiese tenido un hijo gay lo habría mandado a estudiar fuera del país para que no tuviera que vivir con ese rechazo y ese miedo. Pero son pocas las personas en Colombia que tienen una opción como esa. Pensamos siempre que la solución es sacar del contexto a la víctima de matoneo en vez de enseñarle a la comunidad educativa (estudiantes, padres de familia, profesores, directivas) a respetar. Es inadmisible que los y las jóvenes Lgbti en Colombia estudien con miedo, el derecho a una educación libre de violencia debe ser para todos los niños, niñas y adolescentes en este país y no solo para quienes se ajustan a un limitado parámetro social. Acabar con la violencia del matoneo a la comunidad Lgbti es nuestra responsabilidad.

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