El derecho al agua

Columna publicada el 12 de noviembre de 2016 en El Heraldo.

El proyecto para garantizar el agua como derecho fundamental, con consumo humano como fin prioritario, está a punto de hundirse este año en el congreso. Aunque los congresistas están en su mayoría de acuerdo con el proyecto, han tenido que aplazar los debates por el ausentismo (desidia) de muchos. El legislativo sale a vacaciones el 16 de diciembre (un lujos que no se pueden dar el resto de los colombianos) y los proyectos que no aprueben antes de esa fecha quedan sepultados. El presidente del senado, Mauricio Lizcano, ha llamado a una sesión extraordinaria el 17 de noviembre para desatrasarse del trabajo que no hicieron durante el año, y salvar, entre muchos proyectos, esta reforma constitucional que pretende elevar el derecho al agua a derecho fundamental. La iniciativa a superó cinco debates y le faltan tres y el tiempo que queda es apenas para que se discuta y se apruebe en el último día de sesiones.

Este intento por consagrar que “todo ser humano en el territorio nacional tiene derecho al agua, en condiciones de accesibilidad, calidad y disponibilidad conforme al principio de progresividad”, debería ser una obviedad, pero en Colombia -a pesar de ser uno de los países del mundo con más reservas hídricas- no lo es, y por eso la gente se muere de sed. Quizás la demora tiene que ver con que una reforma constitucional así afectaría el bolsillo de muchos: por ejemplo las multinacionales, consentidas de Santos (y de Uribe y de todos los políticos con poder) cuya llegada ha causado sequía en regiones como La Guajira (en donde se tomaron el río Ranchería). La reforma será sin duda un obstáculo para implementar devastadoras técnicas de extracción como el fracking. Colombia es favorable a estas formas de explotación porque los recursos naturales se entienden como algo que se gasta para hacer plata, y este argumento se suele sustentar con que esa plata es empleo, progreso, bienestar para las comunidades. La verdad es que la explotación despiadada de los recursos naturales solo enriquece a unos pocos, y nos empobrece a todos. El agua en colombia ha sido usada históricamente para que los ricos hagan más plata, y los pobres pues que tomen gaseosa y usen agua contaminada.

El viceministro de Agua y saneamiento básico ya dijo que “le preocupa” que la norma se interprete como que el servicio de agua potable debe ser gratis, es decir, le preocupa que los y las colombianas nos demos cuenta de que el agua de de todos en este país, y que sí, tanto el agua como el acceso al agua deberían ser gratis. El todo caso, ese no es el objetivo del proyecto, ni más faltaba, que fuera a desestabilizar nuestras desigualdades de poder. El objetivo del proyecto es, en realidad, proteger la vida, y garantizarle a los y las colombianas que esa vida sea una que valga la pena ser vivida.

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