Rebelión

Columna publicada el 21 de enero de 2017 en El Heraldo.

Rebelión es, quizás, la canción más conocida del Joe Arroyo, cuya voz al grito de “No le pegue a la negra”, es un grito desgarrado y empoderador, más aún en el contexto del Caribe, y más puntualmente, Cartagena. Quizás todos bailamos con el Joe porque la historia que cuenta la canción suena a que pasó hace muchos años, en una antigua, pasada, y esclavista Cartagena.

Pero el pasado 25 de noviembre ese espíritu de la colonia de delató vigente cuando a Carmen Cecilia Beltrán Pájaro, trabajadora doméstica, le negaron la entrada al Club Naval, cuando acompañaba a un niño que estaba a su cuidado a un cumpleaños. Resultó que el reglamento del Club Naval no solo prohíbe la entrada de trabajadoras domésticas, también la de las mascotas, mostrando que para los uniformes blancos hay personas, y personas que comparten categoría con los animales.

Pero es el siglo XXI y, aunque los prejuicios y la discriminación se mantengan, hoy en Colombia tenemos una constitución que defiende los derechos humanos, que prohíbe la discriminación por raza o clase y que pretende que todos seamos iguales. Así que Carmen Cecilia Beltrán interpuso una tutela. Como, muy a pesar de algunos de los socios y socias del Club Naval, este es el siglo XXI, Beltrán acaba de ganar la tutela, y el fallo le ordena al Club que retire el infame reglamento y que el gerente del Club Naval le pida disculpas públicas en la primera plana del periódico.

Pero más que eso, el fallo tiene que tener unos efectos en esa “sociedad” cartagenera, que se sabe a sí misma clasista y machista y que de muchas maneras prefiere seguir viviendo como en 1533. Cartagena es una ciudad que ha derribado sus murallas físicas, pero conserva intactas las mentales. Es también una de las ciudades más desiguales del país en donde trabajos tan importantes como el trabajo doméstico y el de cuidado, existen sin condiciones mínimas de no explotación o de no discriminación. Las empleadas domésticas de la ciudad de Cartagena, a las que muchas señoras les cambian el nombre o las visten de uniforme, son las que mantienen la ciudad andando, las que cuidan y crían a los niños, las que se encargan de los enfermos y de los y las ancianas. Si no hubiese una robusta fuerza de trabajo doméstico en la ciudad (conformada en su mayoría por mujeres) ninguna de los socias podría ir a descansar al Club Naval.

Carmen Cecilia Beltrán es un ejemplo para Colombia y para Cartagena: una ciudad que también es un símbolo de independencia y libertad. La rebelión es la mejor de las banderas Cartageneras.

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One comment

  1. Buenos días,

    Lo que dice de Cartagena es historia de nunca acabar y si a eso le suma el racismo recalcitrante se le va de largo la columna, En Cartagena, sin importar que tan conocida sea una persona por ejemplo una presentadora de televisión, si es negra NO PUEDE entrar a ciertos lugares salvo que alguien haya avisado con tiempo que dicha persona iba para allá, para evitar el “Bochorno”
    ¿Me pregunto si a Tutela se cumplirá a rajatabla?

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