Cerdos publicistas

Columna publicada el 9 de marzo de 2017 en El Espectador.

Esta semana se dio a conocer en la prensa el caso de Oriana Castro, una publicista de Leo Burnett que fue acosada en masa por varios de sus compañeros de trabajo. Oriana cuenta que en las fiestas se dedicaban a agarrarle el culo sin su consentimiento y denunció en Recursos Humanos específicamente al publicista Lukas Calderón quien, según los testimonios de varias mujeres, morbosea las fotos de Facebook de sus compañeras para intimidarlas, les dice que son “la mujer de su vida” y hasta llega a perseguirlas obsesivamente. Cuando Castro denunció este comportamiento con la directora Claudia Vargas, ella fingió apoyarla, y luego le sentó a sus dos jefes en frente para que le dijeran que “todos «la molestaban»”, que “por qué la emprendía con Calderón” y se ríeron en su cara. Después los mismos jefes se sentaron con el agresor y salieron de la oficina como si nada.

La valentía de Castro al contar su caso destapó casi 20 testimonios más: “En Leo Burnett vi cómo se veían obligadas a desfilar en medio de un piso lleno de hombres, que ponían una canción de Vengaboys y chiflaban como locos y lanzaban gritos de «mamita» y «rica»”, cuenta Andrea*, quien también trabajó en la prestigiosa agencia y que, posteriormente, fue acosada por uno de sus superiores en un nuevo trabajo. “Él, que podría ser mi papá, una noche de fiesta en la agencia me sacó a bailar y yo, sintiéndome de alguna manera presionada, finalmente accedí. Me sujetó contra su cuerpo muy fuerte, me dijo una cantidad de cochinadas al oído, nombró a mi novio tratándolo de hijo de puta, y finalmente me agarró el trasero como si fuera de su propiedad. Cuando lo confronté simplemente me dijo: no sé de qué hablas, no me acuerdo, eso no pasó”, narró Andrea. Otro sujeto luego la persiguió cuando caminaba hacia su casa: “Se acercó a mí y de nuevo empezó a decirme cosas que ninguna chica quisiera escuchar”. Andrea dejó de asistir a viajes de trabajo para no ver a su agresor y cambió su manera de vestir. A su denuncia respondieron que el agresor “lleva muchos años en esta agencia y es muy importante para nosotros”. Cuando se cambió de agencia la cosa no mejoró: “Al llegar me preguntaron que a cuál de ellos prefería, que a quién le daría un beso. Yo dije que a nadie, entonces me dijeron: te lo ponemos de esta forma, si no quieres perder tu empleo dinos a quién le darías un beso”.

“Le pregunté que de qué quería hablar y me contó que mi jefe le había pedido que me sacara del equipo de trabajo, y que él podía tomar la decisión de si me dejaba o me sacaba, me dijo que si yo quería quedarme con mi trabajo, tenía que acostarme con él, que si yo pensaba que por mi inteligencia él me tenía en cuenta para todo, estaba muy equivocada, que lo hacía porque yo le parecía deliciosa, que tenía unas tetas muy ricas…”, cuenta Mariana*. Cuando ella se negó a los avances de este agresor, que ocupa uno de los cargos altos en esa agencia, el tipo le volteó todo: le dijo que “estaba loca, que él tenía a una mujer en su casa esperándolo, que era divina, que no tenía nada que ver con ella…”. Sin embargo, antes de que ella se fuera le anunció que ella tenía que pensar muy bien las cosas pues su trabajo dependía de su decisión. “Me dijo algo que nunca en mi vida se me va a olvidar, él quería dejarme como una papa en un tenedor, ¡clavada!” Efectivamente cumplió su palabra, a la semana siguiente llamaron a Mariana de recursos humanos y la sacaron.

Estos son apenas tres testimonios sobre lo que viven las mujeres publicistas en las agencias más importantes de Colombia. También se han reportado casos de acoso por parte de un profesor de la Tadeo (Jairo Roberto Sojo) y un sinnúmero de casos en los que las agencias le dan dinero a las acosadas al salir de la empresa (para que se callen, claro) y no le dan sanción alguna al agresor. Todos los casos tienen cosas en común: los agresores les dicen que “estaban borrachos y que no se acuerdan”, los compañeros les dicen que “no sean exageradas y convencidas” o que tengan “una piel más gruesa”. Y en Recursos Humanos no hacen nada, o bueno, sí hacen algo: protegen y encubren al agresor. Mientras tanto las mujeres publicistas ven truncadas sus carreras por resistirse a los acosos, terminan con problemas crónicos de ansiedad y gastritis y, cuando algunas de ellas buscan ayuda profesional, los médicos les recetan antidepresivos sin informarlas ni buscar su consentimiento. Eso sin contar el miedo que sienten de no volver a trabajar si decidieran denunciar. Estos son ejemplos de cómo la violencia de género no se reduce a golpes o feminicidios. La discriminación en el trabajo, que ocurre en todos los gremios, mutila las oportunidades laborales de las mujeres, su independencia económica, mina su autoestima y destruye sus cuerpos. Estos testimonios les dan a otras mujeres herramientas para reconocer el acoso en sus vidas y para entender que no es su culpa. Que este es un problema estructural y transversal. Ojalá también sirvan para que las agencias se hagan responsables, pues lo que está sucediendo no solo es inaceptable: es violento, ilegal y se mantiene en completa impunidad. ¿Cuándo van a asumir las agencias (especialmente Leo Burnett) y el Estado su responsabilidad?

*Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de las fuentes.

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