Hoy, quédese en su casa

Columna publicada el 1 de abril de 2o17 en El Heraldo.

La marcha de hoy, supuestamente “en contra de la corrupción” es el culmen de la desvergüenza del Centro Democrático, y eso que hablamos de un partido de derecha autoritaria cuyo solo nombre ya es una ironía.

Pero también es una estrategia para apropiarse de un discurso con el que es difícil estar en desacuerdo, y manipular a los seguidores que le quedan ahora que se acercan las elecciones 2018. La manipulación, por si no es claro, es la siguiente: el presidente Santos acaba de salir pringado en el escándalo de Odebrecht y su situación es indefendible. Ergo la marcha contra la corrupción convocada por Uribe es en realidad una marcha contra Santos. Nos queda a todos claro (en realidad siempre fue evidente) que Santos, el político, es un corrupto, y esto es grave porque hoy está en juego la implementación de lo bueno que Santos ha hecho: sacar adelante el proceso de paz.

Pero también es un intento por apropiarse del discurso de la candidata a presidenta por el Partido Verde, Claudia López, cuya bandera de campaña fue, mucho antes de que se le ocurriera al oportunista de Uribe, un no rotundo a la corrupción. A diferencia de Uribe, cuyo gabinete está, en su mayoría, en la cárcel, cuyos hijos han sido investigados por todo tipo de corrupciones, desde plagio hasta enriquecimiento ilícito; la candidata López tiene un récord intachable, o lo que se llama también, autoridad moral. En cambio, cada vez que Uribe habla en contra de la corrupción vacía el discurso de significado.

Sin embargo, la política contemporánea dicta que la sustancia poco importa y que más vale usar las palabras de moda, y “corrupción” es, sin duda, la palabra del 2018. Lo es porque el reclamo de Claudia López es cierto: los acuerdos de paz no pueden ejecutarse si no acabamos con la corrupción endémica que tiene atascado al país desde siempre. Pero también porque es el Talón de Aquiles del que hoy pinta como el candidato más opcionado, Vargas Lleras, artífice y heredero de gran parte de la maquinaria santista.

Hoy, más allá de sus preferencias políticas, quédese en su casa. Porque quedarse significa que usted no es una ficha, que entiende que el llamado a marchar es una manipulación ramplona, un insulto a la inteligencia de la ciudadanía. Los ciudadanos no somos votos al servicio de los políticos, es al contrario, los políticos se están lanzando a ser servidores de la ciudadanía. Qué no se nos olvide. ¡Quedémonos en casa!

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