Desprotegidas

Columna publicada el 12 de abril de 2017 en El Espectador.

La mayoría de los feminicidios no ocurren de un día para otro, dan señales bastante evidentes que hemos querido ignorar o, peor, normalizar como sociedad. La familia de Claudia Rodríguez, asesinada por su expareja, Julio Alberto Reyes, este lunes en el Centro Comercial Santafé, dijo a los medios que Reyes no solo la perseguía; ya le había dicho que la iba a matar, hace un mes le había dado una golpiza. Rodríguez llegó a Bogotá huyendo de Medellín para alejarse de Reyes. Acudió al menos 40 veces a la Policía y siempre le dijeron que no podían hacer nada. Ni siquiera el lunes, ante el secuestro de un hombre armado, pudo actuar con rapidez la Policía, pues les tomó al menos tres horas lograr detener al asesino. Para entonces Rodríguez ya estaba muerta.

También falló un sistema judicial que liberó a Reyes, que ya había asesinado en 2006, también motivado por la violencia machista, pero salió libre por buena conducta y alegando problemas mentales derivados de una epilepsia. La jueza que lo liberó dijo en la radio que si ella hubiese sabido de las denuncias en su contra por violencia intrafamiliar lo habría regresado a la cárcel. Pero, ¿quién iba a decírselo? “Lo propio era iniciar el trámite para la revocatoria”, dijo, como si las víctimas supieran eso, como si protegerse de su potencial feminicida fuera responsabilidad de ellas y no del Estado.

Y aquí comienzan las excusas. Primero, pendeja ella, por meterse con un tipo que conoció en la cárcel. Y luego, enfermo él, porque preferimos pensar que los feminicidas son unos monstruos por fuera de la normalidad, cuando en realidad son hombres cualquiera, viviendo un machismo naturalizado en una sociedad cómplice de todas sus violencias. Decir que los feminicidas son “enfermos mentales” excusa a los agresores y estigmatiza a las personas que viven con condiciones mentales, pacíficas en su inmensa mayoría. Porque un “desorden mental” no te lleva a matar a las mujeres. A las mujeres nos matan por esa perversa idea de que nuestros cuerpos le pertenecen a alguien, un alguien que puede disponer de nosotras a su antojo e incluso hasta matarnos. Nos matan porque la sociedad es capaz de ver impávida y sonriente esta violencia sin decir absolutamente nada, para no lidiar con el incómodo problema de la responsabilidad compartida.

El de Claudia Rodríguez es apenas uno de tantos feminicidios que empiezan a inundar los medios de comunicación. Parece entonces que la violencia está aumentando, pero no, es que antes ni siquiera era noticia. Con el aumento de las denuncias y la visibilización de los casos lo que es realmente claro es que las mujeres estamos casi que totalmente desprotegidas. Una impunidad del 95 % en casos de violencia de género, además de ser inaceptable, es una muestra de que nuestro sistema de justicia no le responde a las mujeres, y que nuestra cultura no previene la violencia. Porque, además, las pocas medidas de protección que existen terminan por restringir e invadir la privacidad y la vida de las mujeres, rara vez se enfocan en los agresores. Hay refugios para mujeres golpeadas, sí, con frecuencia tan deprimentes que hacen que las mujeres se regresen a sus casas, pero no hay casas para trabajar con la masculinidad tóxica y violenta de los agresores.

Ninguna de las medidas actuales es eficiente porque históricamente nos hemos negado a ver la violencia contra las mujeres como un problema. Hoy apenas admitimos que existe. Y no hemos sido capaces de admitir nuestras responsabilidades en el origen de esa violencia que mata a las mujeres, y las seguirá matando, hasta que nuestras vidas valgan lo mismo que las de los hombres.

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One comment

  1. Lo has explicado maravillosamente, es así, en España también pasa lo mismo. “Oiga que me ha dicho que me va a matar” “me persigue y no me deja vivir, me acosa verbalmente”; no podemos hacer nada hasta que, o actúe, o hasta que te golpee o cosas peores, y, si sales bien parada bien sino …
    Ahora, por ejemplo, si dices, me parece que ahí vive un señor que va a la mezquita y no sé, a mi me parece que puede cometer un atentado, quizás no lo detengan o quizás si, pero estate seguro que le harían un seguimiento, le intervendrían el teléfono para ver si es verdad que es peligroso, en una palabra se actuaría de alguna manera contra un presunto agresor, lo de la violencia machista, por lo que tu explicas muy bien no es algo que se tome en serio realmente, aquí en España se han visto crímenes machistas a mujeres que salían un momento de las casas de acogida (también pocas y mal provistas) a las cuales estaba esperando el agresor en la misma puerta casi.
    Es un problema difícil de abordar, pero los problemas difíciles de abordar, si además los dejas de su mano para que se resuelvan y los alimentas negativamente desde la escuela, no solo no disminuyen sino que aumentan. Un saludo y enhorabuena por un artículo tan bueno.

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