Columna El Heraldo

Las iguanas

Columna publicada en El Heraldo el 15 de abril de 2017.

Cuando era niña, los árboles de Barranquilla y sus alrededores estaban llenos de monstruos prehistóricos. Literalmente, pues las iguanas son primas en tercer grado de los extintos dinosaurios, y se dice que están presentes en la Tierra desde entonces. Algunas eran pequeñas, rápidas, como un led de verde brillante moviéndose entre los árboles. Otras eran gigantes, colosales, y si las atrapabas de la cola te la dejaban de recuerdo. Recuerdo también la crueldad de la gente: en recreo, los niños solían tirarles piedras a ver si alcanzaban a descalabrarlas. En los peajes siempre llegaban a vender los huevos de iguana, como un manjar, pero sin contestar por la vida del animal en donde estaban antes esos huevos. Hoy se hace evidente, por lo raro que es ver una iguana en la ciudad o sus alrededores, que las malas prácticas y la caza indiscriminada está acabando con las iguanas.

 

Las iguanas son un plato típico de Cuaresma porque precisamente ponen sus huevos en febrero y marzo. A las iguanas preñadas, que son más lentas, las cazan a mansalva con piedras y palos, las desgarran por sus uñas y tendones y la amarran para abrirles la barriga con cualquier cuchillo y de cualquier manera, y luego les dejan mal cosidos los vientres, para que los animales mueran poco después por infección o desgarramiento, y las pocas que sobreviven (apenas el 5%) quedan infértiles.

Hace cuatro años, en el 2013, el Instituto Von Humboldt y Ecopetrol hicieron una alianza para salvar estos animales. Uno de los puntos que señala el Instituto es que la carne de iguana es una importante fuente de proteína alterna (en Costa Rica le llaman “el pollo de los árboles”) y por eso es importante que no desaparezca. Sin embargo, las matan más rápido de lo que se reproducen. Además, los huevos ni siquiera se utilizan principalmente para satisfacer a la población local, pues quienes más los consumen son los turistas. No se trata de dejar de comerlas (de hecho, podríamos empezar a incorporar su carne, que solo se come en el Cesar y La Guajira, a la dieta de todo el Caribe. Pero no podemos hacerlo mientras estén en vías de extinción y sin tener unas condiciones de cultivo menos crueles y que le permitan a la especie sobrevivir. “En Colombia el conocimiento básico de las poblaciones de esta especie, así como los patrones de aprovechamiento por parte de las comunidades locales, es prácticamente nulo, por lo que garantizar su manejo y conservación mediante programas de zoocría, como se ha hecho hasta el momento, resulta incierto”, dijo al periódico El Tiempo la directora del Instituto, Brigitte Baptiste.

Mirar con amor al Caribe, valorar lo propio, también es conservar nuestra flora, nuestra fauna y nuestros recursos. Las iguanas han sido uno de los animales más emblemáticos del paisaje de la región, y desde hace más de 30 años nos están advirtiendo que cambiemos nuestras prácticas. Es hora de hacerlo.

Hoy, quédese en su casa

Columna publicada el 1 de abril de 2o17 en El Heraldo.

La marcha de hoy, supuestamente “en contra de la corrupción” es el culmen de la desvergüenza del Centro Democrático, y eso que hablamos de un partido de derecha autoritaria cuyo solo nombre ya es una ironía.

Pero también es una estrategia para apropiarse de un discurso con el que es difícil estar en desacuerdo, y manipular a los seguidores que le quedan ahora que se acercan las elecciones 2018. La manipulación, por si no es claro, es la siguiente: el presidente Santos acaba de salir pringado en el escándalo de Odebrecht y su situación es indefendible. Ergo la marcha contra la corrupción convocada por Uribe es en realidad una marcha contra Santos. Nos queda a todos claro (en realidad siempre fue evidente) que Santos, el político, es un corrupto, y esto es grave porque hoy está en juego la implementación de lo bueno que Santos ha hecho: sacar adelante el proceso de paz.

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Deporte y violencia

Columna publicada el 25 de marzo de 2017 en El Heraldo.

La periodista deportiva Andrea Guerrero tiene razón en temer que alguien se atreva a hacerle daño en sus apariciones en público, especialmente en el estadio. Lleva días de recibir avalanchas de odio en Internet, que incluyen amenazas de asesinato y de violación, hasta tipos que escarban en sus declaraciones de hace años, supuestamente para mostrarnos que “se contradice”. A pesar de todo el ruido, nadie ha podido rebatir realmente la queja de Guerrero: un jugador de fútbol que comete violencia de género no debe estar en la selección, pues una violencia así es delito, no hace parte de su vida privada, y su presencia en la selección nos dice a las colombianas que la dignidad de las mujeres no vale lo que un partido de fútbol.

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Camellando

Columna publicada el 11 de marzo de 2017 en El Heraldo.

El año pasado la artista plástica y cantante colombiana Lido Pimienta, quien se mueve entre Londres y Toronto y es una de las artistas pop más prometedoras de la escena contemporánea, hizo un cover de la canción Work, de Riahnna, usando el lenguaje coloquial barranquillero y muchos de sus recuerdos de cuando vivió en esta ciudad.

La canción se llama “Camellando” y retoma las historias que le contaban las vendedoras de las calles, de empanadas, de jugo de naranja, muchas veces acompañadas por sus hijos, trabajando de sol a sol. Las mujeres le contaba a la artista, una y otra vez, la misma historia: que trabajaban tanto, usualmente para mantener a un hombre y mantener una familia, en su coro repite el estribillo “camellando, camellando, camellando, me la paso camellando y tu vagabundeando” y hace referencia a esos hombres, mantenidos por estas mujeres trabajadoras, flojos, infieles, dormilones, dispuestos a irse con otra para afirmar su masculinidad, mientras ellas trabajaban, o hacer largas siestas, con la tranquilidad de tener a su lado mujeres decididas a proveer.  “Yo sé que tu me quieres, a tu manera tu me quieres” canta Pimienta, retomando los testimonios de estas mujeres que intentan excusar el comportamiento de sus parejas, de justificar ese amor inmerecido que reciben.

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La Batalla de Flores y los misterios culposos

Columna publicada el 4 de marzo de 2017 en El Heraldo.

Los y las barranquilleras apenas estaban rematando la fiestas del sábado de Carnaval en un puesto de fritos o de chuzo desgranado, y la directora y coreógrafa, asesora de Carnaval S.A.S. ya había publicado una larga disertación sobre quién tenía la culpa de las grandes fallas que hubo en la Batalla de Flores. Lindo nos explica que Songo le dio a Borondongo, y Borondongo a Bernabé, y que en todo caso la culpa no fue suya, que era la directora, y que pasó una amarga madrugada adelantándose a los críticos, que “todo fue una cadena de causas y consecuencias”.

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En las nubes están los dioses

Columna publicada el 25 de febrero de 2017 en El Heraldo.

Este jueves, en una de las rutas aéreas Miami-Barranquilla, el avión venía casi por entero lleno de barranquilleros, que regresaban a esta ciudad a vivir el Carnaval. En el avión se hablaba ruidosamente, era evidente a qué veníamos todos y nadie sintió el pudor de hablar pasito, como tanto nos piden fuera de casa y especialmente en Bogotá. Como en el avión se podía comprar cerveza, como todos estaban hablando del mismo tema, las conversaciones empezaron a expandirse más allá del círculo de conocidos. De la charla se pasó a las bromas, y los azafatos terminaron por sonar en los parlantes En Barranquilla me quedo. El avión entero se paró a bailar, sacamos las máscaras, hicimos trencito. Solo en Barranquilla decían todos, y era verdad. En cualquier otro contexto ese comportamiento habría sido inadmisible. Pero todos en este avión entendíamos ese goce de lo impropio como una picardía, y bailar en el avión, lejos de ser amenazante, fue algo cómplice, inofensivo, incorrecto, travieso, empoderador, vitalista. Eso es precisamente el Carnaval.

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Las ‘frías’

Columna publicada el 4 de febrero de 2017 en El Heraldo.

El nuevo Código de Policía prohíbe “consumir bebidas alcohólicas en lugares abiertos al público en el perímetro circundante” y “consumir bebidas alcohólicas, sustancias sicoactivas o prohibidas en estadios, coliseos, centros deportivos, parques, centros de salud y en general, en el espacio público excepto en las actividades autorizadas por la autoridad competente”. A primera vista parecen prohibiciones razonables que buscan controlar el consumo problemático de alcohol y garantizar la paz en las calles. Sin embargo, como sucede con muchas partes del Código de Policía, estas medidas, aparentemente razonables, pueden terminar siendo absurdas o autoritarias.

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