Revista Razón Pública

Privilegiados y vulnerables: la estructura social detrás de la muerte de Yuliana Samboní

C0lumna publicada el 11 de diciembre en Razón Pública.

En el fondo del crimen que estremeció a la opinión pública está un país donde algunos “son alguien” y otros “no son nadie”. Además de castigar al culpable, este caso exige una nueva reflexión sobre las verdades de una sociedad que estimula y tolera la violencia de género. 

Vulnerabilidades y privilegios

El pasado fin de semana Yuliana Andrea Samboní, una niña indígena, desplazada y pobre, fue secuestrada, violada, torturada y asesinada por (según señala la evidencia) Rafael Uribe Noguera, un hombre, educado, blanco y de clase alta.

El crimen ha logrado horrorizar y conmover a un país que suele permanecer indiferente ante las muchas formas de violencia de género. El crimen también es un retrato de las desigualdades y tensiones sociales que se viven en Colombia y que influyen sobre el modo de ejercer la violencia y sobre las formas de impartir justicia. Por eso importa comenzar por un análisis de las vulnerabilidades y privilegios en la sociedad donde tuvo lugar este crimen. 

Esas vulnerabilidades y privilegios no son inherentes a la naturaleza, sino que son construcciones sociales. Ser niña, ser indígena o ser mujer no son desventajas en sí mismas, y en una sociedad justa no tendrían por qué serlo. Pero en un país machista y racista ser una mujer indígena implica tener problemas de acceso a derechos fundamentales como la educación y la salud, o una vida libre de violencia.

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La pesadilla de la cirugía plástica en Colombia

Columna publicada el 13 de junio de 2016 en Razón Pública.

Cirugía plástica e identidad

La cirugía plástica es una de las ramas más rentables de la medicina. Podría decirse que esto sucede porque la demanda por procedimientos cosméticos responde a una necesidad masiva, creada por una sociedad que no nos acepta si no tenemos un tipo específico de cuerpo.

Esto es cierto en parte, pero decirlo así le resta espacio a la libertad de cada persona: todos sentimos la necesidad de que nuestros cuerpos sean como nosotros queremos. Este deseo está profundamente ligado a nuestra autoestima y a nuestro sentido de identidad.

Tanto la cirugía plástica cosmética como la reconstructiva tienen que ver con el derecho al desarrollo de la personalidad y con la necesidad que tiene cada persona de sentirse identificada con su cuerpo. Muchos ven la cirugía plástica cosmética como algo banal, pero en realidad tiene la posibilidad de “restablecer el yo” y de influir directamente sobre nuestro sentido de identidad.

La cirugía cosmética insegura se aprovecha de esta necesidad de las personas. En lo que va del año, se sabe que en Colombia doce personas han muerto por practicarse una cirugía plástica y alrededor de ciento cuarenta tienen daños en su rostro o cuerpo.

A diferencia de otras víctimas de malas prácticas médicas, las víctimas de la cirugía estética son revictimizadas por el prejuicio de que “ellas se lo buscaron” y que es un “castigo por su vanidad”. A esto se suma lo doloroso que es hablar públicamente de un cuerpo que no reconocemos; implica hacer públicos nuestros miedos más profundos.

Se dan entonces dos condiciones para el abuso: hay una alta demanda de cirugías plásticas que nace de una urgencia vital y es poco probable que las víctimas hablen pues serán revictimizadas por la sociedad.

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Acoso sexual: el caso Otálora y los muchos de cada día

Artículo publicado en la revista Razón Pública el 1 de febrero de 2016.

No importa si hubo o si no hubo amor, si hubo o no hubo coqueteos, y si la relación fue o no fue consentida. Había desigualdad de poder y por lo mismo se violaron la ética y la ley. Es un mal arraigado en la cultura y común entre personas respetables.

Denuncia y renuncia

En la edición del 23 de enero el columnista de Semana Daniel Coronell dio a conocer los cargos por acoso sexual de la abogada Astrid Cristancho, exsecretaria de la Defensoría del Pueblo, contra el defensor Jorge Armando Otálora. Coronell mostró mensajes de chat donde se ve muestra un pene que supuestamente pertenece al defensor, así como otros donde el servidor público invita a la funcionaria a visitarlo en su casa En una edición anterior, el columnista había divulgado las acusaciones por acoso laboral.

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El largo camino de la no violencia contra las mujeres

Artículo publicado el 30 de noviembre de 2015 en Razón Pública.

A propósito del Día Internacional de la no violencia contra la mujer, hacemos un recorrido por lo que se ha logrado y lo que se ha dejado de hacer en este tema en Colombia. Aunque se reconocen algunos avances, todavía queda mucho por hacer.

Cifras que son dolores

Según datos de Medicina Legal, en Colombia cada día son asesinadas entre tres y cuatro mujeres; 156 son víctimas de “violencia intrafamiliar” y 45 sufren violencia sexual.

De las 44.743 personas que fueron víctimas de violencia de pareja, 39.020 fueron mujeres. Esto quiere decir que cada seis horas matan a una mujer, cada media hora violan a una y cada 10 minutos a alguna le pegan en la casa. El momento en que mayor ocurre la violencia es el domingo por la noche.

Las cifras están repletas de números aterradores. ¿Será que sirve de algo hacer una lista? A pesar de que la prensa ha empezado a visibilizar el problema, los números no han bajado sustancialmente en los últimos años (además, corresponden a un subregistro pues, con los casi absolutos índices de impunidad, son pocas las víctimas que se atreven a denunciar).

Quizás lo más problemático de estos números es que son insuficientes para cuantificar todos los escenarios en que las mujeres sufrimos violencia de género. Entender estos escenarios con sus diferentes manifestaciones es clave para una comprensión holística del problema y para poder atacar sus causas de una manera más eficiente.

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​Las batallas de las mujeres víctimas de los implantes PIP

Artículo publicado el 20 de julio de 2015 en Razón Pública.

Criticadas por la sociedad por haberse sometido a “un procedimiento meramente estético”, y amenazadas por el peligro que implican estas cirugías, miles de  colombianas se enfrentan al drama de que nadie responda por sus prótesis defectuosas.

Batalla en las cortes

El pasado 2 de junio un tribunal de apelaciones de Aix-en-Provence (sur de Francia) eliminó la responsabilidad civil de la compañía TÜV (Technischer Überwachungsverein), encargada de certificar los implantes Poly Implant Prothèse (PIP) que se pusieron en miles de mujeres de todo el mundo y que resultaron defectuosos. En esta demanda también participan más de 1.500 colombianas, representadas por la abogada Nathalie Lozano-Blanco, fundadora de Lozano Blanco & Asociados.

Otro tribunal francés había estimado en primera instancia que la empresa certificadora “faltó a sus obligaciones en materia de control, de prudencia, de vigilancia”, y condenó a la casa matriz y a su filial francesa a “reparar los perjuicios materiales e inmateriales causados a los distribuidores y los perjuicios corporales y/o psicológicos causados a las portadoras de implantes mamarios de marca PIP”, con la suma de 53 millones de euros.

Sin embargo, esta segunda decisión frenará los pagos que vienen recibiendo cientos de mujeres víctimas de los implantes. En Colombia la decisión afecta particularmente al grupo de las primeras 1.514 demandantes.

La compañía TÜV argumenta que el fraude cometido por PIP (al cambiar la silicona usada para las prótesis por un gel no homologado para uso médico) era imperceptible y no podía detectarse por los medios que la reglamentación permite a los organismos de control.

Por su parte, al decir de la abogada Lozano-Blanco, “lo que dicen los jueces es que la responsabilidad de la seguridad de las prótesis PIP debe ser asumida por los fabricantes y no por TÜV, como compañía que certifica la calidad de esos productos. Pero si son estas compañías certificadoras las que les dan el visto bueno a todos los productos que se exportan desde la Unión Europea al resto del mundo, ¿cuáles son las garantías que tienen nuestros países para saber que estamos recibiendo buenos o malos productos?”.

Tras enterarse del fallo, la abogada informó por Facebook a sus representadas  que “los procesos que adelantamos en Francia son complejos, estamos adelantando múltiples demandas y están en diferentes etapas. En Europa el escándalo por la calidad de las prótesis PIP es tan importante que incluso ha llegado a la Corte de Justicia Europea, el tribunal más importante de la Comunidad. ¡La lucha no ha terminado!”.

Batalla en los cuerpos

“El médico me dijo que tenían que operarme de inmediato, y en menos de una semana estaban en el quirófano retirándome los implantes. Tenía el seno lleno de pedazos gelatinosos de silicona esparcida. Me salvé porque me di cuenta a tiempo, o si no, hubiera llegado con una infección incontrolable. El impacto es muy fuerte. A mí ningún médico me advirtió que esto podría pasarme”, dijo una de las colombianas afectadas, Julia Isabel Piedrahita, al diario  El Espectador.

En Colombia el Ministerio de Salud ha dicho que las EPS deben reconocer el retiro de las prótesis en casos de recomendación médica, y que las colombianas pueden ser operadas de urgencia en casos de ruptura. Esto sin embargo implica que las mujeres afectadas no pueden cambiarse las prótesis cuando lo desees y que muchas deban esperar a ocurra la ruptura, en medio de una espera angustiante y traumática, para poder acudir a los servicios de salud.

Como el sistema de salud colombiano no cubre (ni puede cubrir por disposición legal) los “procedimientos meramente estéticos”, “quienes deseen” reemplazar las prótesis retiradas (como si alguna mujer no fuese a querer hacerlo) deberán hacerlo con su propios recursos.

Las EPS solo están obligadas a retirar los implantes en caso de ruptura o infección, pero este procedimiento no puede solicitarse de manera preventiva ya demás no  incluye el reemplazo de los implantes, lo cual ocasiona un serio problema de identidad y salud mental.

“Yo salí del quirófano y a la semana siguiente salió la noticia de que las EPS estaban obligadas a retirarles los implantes a las víctimas de PIP. Pero esas operaciones no incluían reconstrucción. Muchas terminaron con el pecho descolgado, otras perdieron sus pezones y sé que hubo esposos que entregaron sus tetillas para reconstruir el pecho a sus mujeres. En mi caso, perdí la sensibilidad en ambos senos”, contó Julia Isabel Piedrahita a El Espectador.

Piedrahita también habló sobre las implicaciones psico-afectivas de los problemas con los implantes: “El impacto emocional es muy fuerte. He gastado mucho dinero en psiquiatras y psicólogos, pero para mí ha sido importantísimo el apoyo de mi esposo y de mis hijos. He visitado al menos 20 cirujanos y aún no he decidido si quiero ponerme unos nuevos implantes para recuperar la forma de los senos. Acostumbrarte a lo que ves en el espejo es difícil”.

Como resulta evidente, el reemplazo de las prótesis es más que un simple “capricho” estético. Para las más de 10 mil víctimas en Colombia (no todas se han unido a la demanda) que han vivido o tienen que vivir con implantes con una probabilidad de ruptura entre el 20 y el 30 por ciento, los PIP son un enemigo interno que puede destruir las partes más sensibles de su identidad como mujeres.

La pérdida de sensibilidad en los senos, y más cuando no es resultado de una decisión informada, tiene un impacto real y traumático sobre la vida sexual de las mujeres. Una cosa es la pérdida de sensibilidad natural que viene con las cirugías de implantes (algo que se advierte antes de llevar a cabo los procedimientos) y otra que eso pase sin que la paciente haya podido sopesar sus implicaciones. Y nadie tiene presupuestado perder esa sensibilidad dos veces.

Obviamente, los que tendrían que pagar por la cirugía son quienes hicieron los implantes, pero como el proceso legal toma demasiado tiempo el sistema de salud tiene que actuar ya mismo. Y esto sí que es un problema grave de salud porque hay un gran riesgo de infección.

Pero como la discusión tiene el tinte de cirugía estética, todos los afectados están haciéndole el quite a esa  responsabilidad. Mientras se encuentra un culpable, lo más importante es la salud de las colombianas afectadas.

Batalla en la identidad

Las cirugías “estéticas” y las “necesarias” están sujetas a distintos tratamientos. Nuestra sociedad  mira de modo muy distinto a una mujer que se puso implantes porque tuvo cáncer, de otra mujr que lo hizo “porque quiso”. La primera es una guerrera y una luchadora, mientras que la segunda es una vanidosa. Pero en realidad, ambas mujeres se pusieron implantes porque quisieron, y no le corresponde a nadie, ni al Ministerio, juzgar los motivos de esta decisión.

A las mujeres con implantes siempre les dicen “¿quién la manda a operarse?”, como si por tratarse de una cirugía “estética” la paciente no tuviera derechos. Cuando hay complicaciones, como en este caso, llega incluso a hablarse de “muertes buscadas”. Además, estas operaciones también cargan con un estigma clasista, pues las “tetas operadas” son de “mozas de traqueto”.

Estos juicios morales y de clase les dificultan el acceso a la  justicia como ciudadanas y como consumidoras. Pero es nuestra sociedad la que hace que las mujeres rechacen y se sientan avergonzadas con sus cuerpos para después dejarlas solas; primero las juzgan y luego les reclama por querer cambiarlos.

Hablar de “meramente estético” estigmatiza como un capricho unas intervenciones decisivas para el desarrollo de la identidad. Ni el Ministerio de Salud ni un tribunal pueden decidir por nosotros sobre la importancia de una intervención que hacemos en nuestro cuerpo.

Ese “meramente estético” les está diciendo a las mujeres que sus implantes mamarios “no son necesarios”, algo que solo puede determinar cada mujer. Esa no es una manera integral ni respetuosa de entender la salud.

La libertad morfológica está contenida en el derecho al libre desarrollo de la personalidad. Nuestros cuerpos determinan la manera como nos relacionamos con las demás personas, y por eso tenemos el derecho a intervenirlos como queramos y cuando queramos.

Sin embargo, algunas de estas intervenciones, como los implantes mamarios, son objeto de  muchos juicios moralistas, comentarios sexistas, y aparentemente para el Ministerio de Salud son asuntos “meramente estéticos”. Pero nada -o más bien todo- es “meramente” estético, porque lo estético es fundamental.

Ver el propio torso en el espejo y no reconocerlo o, peor, rechazarlo, es una forma de violencia profunda contra la identidad. Las personas no existimos separadas de nuestros cuerpos, ¡somos nuestros cuerpos! Esa serie de condiciones genéticas y fenotípicas que con cada minuto de vida adaptamos, apropiamos y modificamos para construir nuestra identidad son, ni más ni menos, nuestra manera de habitar el mundo.