Revista Vice

#JusticiaParaDaphne

Columna publicada el 29 de marzo de 2017 en la Revista Vice.

Diego Cruz, uno de ‘Los Porkys’, puso un amparo y el juez de distrito, Anuar González, hizo público un fallo inconcebible, que favorece al agresor y que envía un mensaje a todas las mujeres en este territorio: nada nos protege.

El año pasado, la valentía de Daphne, una adolescente de Veracruz que fue secuestrada y violada por un cuarteto de mirreyes, alias Los Porkys, fue uno de los ejemplos que despertó la marcha de la Primavera Violeta. El padre de Daphne subió a Facebook un video de sus agresores pidiéndole perdón, ya que ellos no habían cumplido los términos de reparación que el padre había pactado: que nunca más se acercaran a su hija. La noticia se mediatizó y produjo indignación en todo el país. Los Porkys escaparon al extranjero porque pueden, y apenas se ha podido extraditar a uno: Diego Cruz. Cruz puso un amparo y el juez de distrito, Anuar González, hizo público un fallo inconcebible, que favorece al agresor y que le envía un mensaje a todas las mujeres en este territorio: nada nos protege.

 

Y este ha sido el mensaje constante durante meses. Hace apenas unas semanas, la periodista Tamara de Anda denunció a un taxista por falta administrativa cuando este la acosó en la calle. La ley estuvo a su favor y el taxista, quien no quiso pagar la multa ni pedir disculpa alguna, fue a dar al Centro de Sanciones Administrativas conocido como Torito. Entonces trolls y conocidos se le fueron encima alegando que ella, por ser clasemediera y blanca, era responsable por el destino de su agresor. “Se le fueron encima” significa que recibió amenazas de violación, de muerte y suficiente bullying psicológico para que a todas nos quedara claro que la denuncia no es nuestra mejor defensa.

Los casos de @Plaqueta y Daphne muestran el sinsalida en el que estamos: no puedes denunciar a aquellos que tienen menos poder que tú, porque la justicia aplicará y te harán responsable de sus destinos; no puedes denunciar a quienes tienen más poder que tú, porque la Justicia, que no tiene nada de ciega y bastante de clasista, rara vez estará a tu favor, así que lo más probable es que te jodas porque la cosa quedará impune.

¿Qué significa pedir justicia para Daphne? Muchos han dado la respuesta leguleya: el fallo es correcto dentro del marco de la legalidad y bla, bla, bla en jerigonza, llevando la discusión a un oscuro campo del derecho en donde sólo unos pocos abogados-druidas pueden opinar. Estas posturas elitistas olvidan que toda la ciudadanía puede y debe hacer parte de un debate público como éste, y sobre todo, que el concepto de Justicia antes que del derecho, fue de la gente, del sentido común, de la moral y de la ética. El debate rápidamente confundió legalidad con justicia, que no siempre son lo mismo, al punto que si algo muestra este caso es que lo penal es, de lejos, insuficiente para prevenir, tratar, resolver y reparar la violencia de género.

El razonamiento en el fallo, que asume que le tocaron los senos a Daphne sin intenciones lascivas, parece hecho por un extraterrestre sin conocimiento alguno de las relaciones y prácticas humanas, decir que no hay indefensión cuando una adolescente menor de edad ha sido secuestrada y está siendo toqueteada y será posteriormente violada, es algo que parece pensado por alguien con una ingenuidad incapacitante. No se necesita ser un experto en nada para señalar un absurdo tan evidente.

Un error muy común de aquellos ungidos por alguna doctrina es creer que sus razonamientos pueden ser fríamente racionales y libres de prejuicios (cuando esto es imposible para cualquier ser humano) y por eso descartan la rabia que muchas sentimos ante este fallo como algo irrelevante. Pero las emociones humanas siempre han estado estrechamente ligadas a nuestro pensamiento moral y ético. Dijo una vez Catherine MacKinnon que a veces “la rabia es señal de que la dignidad humana no ha sido aniquilada, de que la humanidad arde incluso en donde ha debido extinguirse”. Hay rabias, como ésta, que muestran que el Estado está fallando en su obligación de prevenir, investigar y sancionar la violencia contra las mujeres, y que afirma que las democracias no pueden vaciarse de contenido político, aquí opinamos todos y todas, no sólo los versados en derecho.

Pedir Justicia para Daphne significa, primero, reconocer su valentía, porque en un mundo que nos tiene atrapadas entre dos paredes, ella fue capaz de alzar la voz y así se conviritió en un ejemplo para muchas, en una inspiración. Su caso entonces significa algo en el imaginario simbólico de este país, significa algo para las mujeres, que estamos hartas de tener que vivir con miedo. Por eso, exigir justicia para Daphne va más allá de que un Porky se “pudra en la cárcel”, como él, hay miles, no resuelve el problema. Significa una crítica urgente a unas instituciones que son o incompetentes, o insuficientes, o de plano crueles ante todo lo que respecta a la violencia de género. Pedir Justicia para Daphne es exigir que por fin se entienda, que la justicia no es justicia si no tiene perspectiva de género.

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lo que el tarot le depara al feminismo en 2017

Columna publicada el 3 de febrero de 2017 en ID-Vice.

El feminismo llegó al pop en 2014 con Beyoncé y Emma Watson, volviéndose interesante para la publicidad y el marketing de diferentes empresas. Hasta la industria del alcohol, con la cerveza Tecate, y la de los lácteos, con el yogurt blablabla, intentaron entrarle torpemente a la revolución de género, que pretendían vendernos como sucedáneo a la camiseta del Ché. Parecía que estábamos ganando. Y entonces, la vida real dió un giro como de Game of Thrones y terminamos aquí, con el Brexit, el no al plebiscito de los acuerdos de paz en Colombia -los primeros del mundo con perspectiva de género y difamados precisamente por eso-, con el Frente Nacional por la Familia en México y con Trump de Presidente de los Estados Unidos -el país más influyente y políticamente y económicamente poderoso de la región. Justo cuando todas creíamos que Estados Unidos tendría su primera presidenta, gana Trump, que es la encarnación de todas las formas más horribles del patriarcado. Luego resultó que Trump no solo prometió lo peor para los derechos de las mujeres en campaña sino que no lleva ni un mes y ya empezó a cumplir todas sus amenazas, digo, “planes de campaña”, con una eficiencia destructora que jamás podría tener un presidente bienintencionado. Personalmente, desde que comenzó el 2017, me siento que vivo en un permanente final de temporada de Buffy la Cazavampiros.

¿Y entonces? ¿Qué podemos hacer? No tengo la respuesta pero puedo ensayar algunas propuestas. Si algo nos mostró el 2016 es que las emociones, en la política, son mil veces más certeras que cualquier racionalización. Y, como somos las hijas de las brujas que no pudieron quemar, desempolvé mi tarot de Aleister Crowley, y le eché las cartas al feminismo. Esto es lo que el futuro nos depara:

XVI La Torre

La Torre es la peor carta del tarot. Yo la asocio con un juego de cubos que tenía cuando era muy niña, que consistía en poner un cubo sobre otro hasta armar una torre y mi felicidad siempre era tumbarlos de una patada. Así es la carta de la Torre: todo lo que hemos construido se derrumba, más o menos lo que acaba de pasar en la política internacional. Pero el truco de esta carta es que las estructuras de los sistemas no se derrumban si no están podridas como para derrumbarse.

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Consejos prácticos para ser un hombre aliado del feminismo

Columna publicada en I-D Vice el 10 de agosto de 2016.

Hay muchas discusiones sobre si los hombres pueden o no ser feministas, algunas son teóricas, algunas son críticas a la manera en que algunos hombres cooptan el feminismo. Sin embargo, también hay muchos hombres que creen en la igualdad de género y tienen la mejor intención y de verdad quieren ayudar. Algunos me han dicho que no saben qué pueden hacer ellos por el feminismo y la primera respuesta es que yo no se los puedo enseñar, ni estoy obligada a darles una clase de feminismo ni puedo decirles cómo vivir sus vidas como hombres. No me corresponde. Sin embargo sí puedo hablar de cosas concretas que, como mujer y como feminista, sé que pueden ayudarnos a que nuestras vidas sean más fáciles. Simplemente son ejemplos puntuales y prácticos basados en mis interacciones con el paradigmático “hombre cisgénero heterosexual blanco o mestizo de clase media o alta y educado”, que para efectos de brevedad en este texto llamaremos “Man”. Con M mayúscula porque es un modelo arquetípico. Quizás no todas estas categorías les aplican, pero sí son las características que determinan a la masculinidad paradigmática y el privilegio en nuestra sociedad.

Así que a continuación les presento 13 cosas que pueden hacer por la igualdad de género. No son las únicas, son apenas las que a mí me parecen importantes para comenzar. Algunas no les van a gustar porque pueden sentirse incómodos, eso está bien. El feminismo es incómodo, si le van a entrar, acostúmbrese. No están obligados a hacerlas, no son mandamientos. Ni trucos para levantar. Tampoco van a recibir una estrellita. Pues no son pedidos caprichosos sino gestos puntuales de cómo usar sus privilegios para hacer más fácil y justa la vida de los demás.

  1. Reconocer su privilegio

No, que nos dejen entrar gratis al bar no es un privilegio. Ustedes lo saben, nos van a dar trago gratis para emborracharnos y que seamos “presa fácil” de algún muchacho que quiere sexo sin esforzarse. No existe tal cosa como el privilegio de ser mujer, ser mujer es nacer con muchas desventajas que quizás los Manes no pueden entender porque para sus vidas privilegiadas son inimaginables. Los Manes no tienen que pensar en qué ponerse antes de salir de la casa para estar seguros, seguramente van a ganar más por hacer el mismo trabajo que una mujer y toda la vida la sociedad lleva aplaudiéndoles que sean líderes y escuchan sus ideas. Por eso hay un mug feminista que dice “Quisiera tener la seguridad de un hombre blanco mediocre”. A diferencia de las personas trans, nadie les pregunta a los Manes si ese es su verdadero nombre o si su género es el correcto. Tampoco hay leyes que les prohiban una intervención médica que pueda ser necesaria para salvar sus vidas, como la interrupción del embarazo.

Manes: el mundo es suyo, las calles, los horarios laborales, la política, todo está hecho para sus cuerpos y muchos de estos privilegios son irrenunciables. Lo mínimo que pueden hacer es reconocerlo. Porque reconociendo su privilegio pueden usarlo para abrirle espacios a otras personas que no lo tienen.

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Algunas chicas nos cuentan sobre la primera vez que se sintieron poderosas

Texto publicado en Vice el 4 de agosto de 2016. Con su versión en Inglés para Vice Internacional.

CATALINA, 33, COLOMBIA

Hace unas décadas, cuando la gente votaba en Colombia, tenía que hundir el dedo en una tinta cuasi-indeleble que servía como una marca para que nadie votara dos veces. Yo era una niña entonces. Sé que era muy niña porque cuando mi bisabuela me llevaba de la mano yo tenía que levantar el brazo.

Calculo que sería 1986, cuando fueron las elecciones para presidente en las que ganó Virgilio Barco. Mi bisabuela me llevó a votar con ella, habló con el encargado para que me dejara entrar con ella a marcar el tarjetón y para que me dejaran hundir el dedo en la tinta también. Recuerdo que me dió mucho orgullo, no creo que supiera exactamente por qué, pero vi la emoción en la cara de mi bisabuela, que para entonces tendría 86 años.

Carlota, mi bisabuela, nació en 1900 y siempre tuvo ideas políticas muy apasionadas. Aprendió a leer de manera autodidacta a los 15 años, y desde entonces siguió con vehemencia todos los debates de la opinión pública. Militó brevemente con las sufragistas. Reventó el puño contra la mesa de dominó alguna vez discutiendo de política. Pero no pudo votar si no hasta que tuvo 57 años. Ella quería que yo supiera lo importante que era ese reconocimiento de participación política. Sabía, quizás, que mi generación lo daría por sentado, olvidando a veces el largo trabajo de tantas mujeres antes que nosotras para que pudiéramos votar.

Carlota se murió cuando yo tenía 17 años, un año antes de que yo cumpliera la mayoría de edad. De todas formas hizo que a lo largo de mi niñez y adolescencia siempre la acompañara a votar. Y entré con ella hasta el cubículo hasta las elecciones de 1994, cuando ganó Samper. Esta vez, ella le decía a los jurados de votación que su vista estaba gastada y que yo le ayudaría a leer. Hoy a mí me hace sentir poderosa saber que gracias al trabajo de tantas mujeres yo tengo derechos que eran impensables para las mujeres de unas generaciones atrás. Eso quiere decir que los derechos son conquistables, y que los movimientos de mujeres son poderosos.

La lucha por la equidad de género ha sido la revolución social más eficiente y permanente de los últimos siglos, y se construyó con las manos de muchas mujeres, que como mi bisabuela, hicieron su parte, así fuera tan solo enseñándole a una nieta el orgullo de votar.

El sexting es la revolución sexual del siglo XXI

Columna publicada en la revista Vice el 20 de julio de 2016.

Pensar antes de sextear“, campaña desarrollada por Google y Pantallas amigas en contra del sexting en México, es revictimizante, moralista, prejuiciosa y en general incompetente. Por eso es una vergüenza que tantos nombres de empresas que se presentan como la vanguardia tecnológica, (como Google) o entidades públicas como el INAI, el Canal del Congreso, el Infodf, el DIF Nacional, la Red por los Derechos de la Infancia en México y la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, (que funcionan con nuestros impuestos) aparezcan vinculados a la fallida campaña. R3D en Defensa de los Derechos Digitales publicó las cinco razones para pensar antes de estigmatizar el sexting, donde señalan que la difusión de imágenes sexuales sin consentimiento es el problema, no sextear, y que la campaña apela a la moralidad para disuadir el sexting, asociándolo con el consumo de drogas o alcohol. Rechazan el discurso prohibicionista y proponen que, en cambio, se promuevan prácticas seguras para sextear. En la misma línea, Horizontal señaló que el sexting forma parte de nuestros derechos sexuales.

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En Ciudad de México, todo está muy Caro

Columna publicada en I-D Vice, el 6 de julio de 2016.

Parece un error. La valla espectacular -que parece- de Chiclets Adams sobre un edificio azul en la esquina de Sonora y Nuevo León, calles de alto tráfico, al menos para los estándares de la Romacondesa. Parece un error porque aunque es la copia exacta de una cajita de los ochenterísimos Chiclets Adams, dice, con la misma fuente, “achiote”. ¡Y quién puede querer una cosa semejante! La valla sugiere un sabor que no es agradable y un producto contradictorio que en vez de refrescar el aliento teñiría la boca de rojo. Y más raro todavía: dice achiote con ch y no con x. Sin vergüenza alguna, en el vortex del México hipster, donde, por chovinismo y amor al kitsch, todo lo que se pueda se escribe con x.

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Las perras

Columna publicada en I-D Vice el 10 de junio de 2016.

Agitar la pelvis es una experiencia inesperadamente empoderadora.

Inesperada, porque durante mucho tiempo nos han dicho que perrear es violento y degradante para las mujeres, que ser “una perra” es malo, y que el mote debe evitarse como una señal de amor propio.

El origen de este prejuicio va más o menos así: las mujeres somos sexualizadas desde que somos niñas, por medio de esta sexualización, no pedida, terminamos siendo tratados como objetos sexuales. Objetos, no sujetos, porque nadie nos pregunta si nos pueden sexualizar. Esto es lo que se llama el “male gaze” y durante años, como los hombres dominaban la producción y creación de referentes culturales, el lugar de las mujeres suele ser el de interés romántico o sexual, objeto de deseo o token de poder. Este tipo de representación es común en toda la producción cultural occidental, desde el Reggaeton hasta el Rock and Roll, no se salva nadie.

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