Estética (pop, arte y poder)

Por qué el reggaetón no es más machista que tú

Columna publicada el 9 de abril de 2017 en Univisión.

Esta semana el cantante de reggaetón Maluma recibió una condecoración de manos gobernador del departamento de Antioquia en Colombia. Luis Londoño (más conocido como Maluma) tiene 23 años, nació en Medellín, capital del departamento, y hoy es uno de los cantantes de reggaetón más exitosos a nivel internacional. Pero el reconocimiento provocó  la indignación de las redes sociales. A muchos les pareció terrible que una condecoración así se dedicara a un cantante de reggaetón, e incluso llegaron a comparar al Maluma con Alejandro Ordóñez, ex procurador de Colombia, destituido por corrupción y por haber usado el poder de su cargo para perseguir los derechos de las mujeres y la comunidad LGBTI en Colombia. El argumento en contra de Maluma es que sus letras y canciones “humillan y denigran a las mujeres” y este argumento se apoya en una columna de opinión de Yolanda Domínguez, publicada en el Huffington Post, que critica la canción 4 Babys.

Antes de continuar sería bueno detenerse en la letra de la polémica canción, en la que Maluma habla encuentros sexuales con cuatro mujeres. Esto no es en sí algo violento. De hecho, en un verso de la canción dice que “ninguna le pone pero”, algo que hasta puede interpretarse como una forma de consentimiento. Sí, la canción habla de sexo. Sí, para variar es un hombre con muchas mujeres. No, no nos habla de la personalidad o las historias de vida de estas mujeres y aunque no será la mejor canción del mundo, tampoco es un paradigma del sexismo o una apología a la violencia. Su verso más problemático es, quizás, “La otra medio psycho y si no la llamo se desespera”, por aquello de que uno no puede estarle diciendo psicópata a cualquiera, ni está chévere acusar a las mujeres de eso por tener ansiedad con el teléfono. Otras canciones de Maluma, como el ya clásico Borre cassette o Chantaje –su legendario dúo con Shakira– ponen a las mujeres en una situación de poder frente a él. De hecho, al menos Maluma no tiene el sexismo benevolente de otros reconocidos cantantes colombianos como Carlos Vives (piensen en La Cartera) o Juanes, que literalmente tiene una canción titulada “Malparida”.

¿Si Maluma no alcanza a ser más machista que otros ídolos de la música mainstream colombiana, por qué es el único que recibe las críticas? Si el llamado a rechazar la música machista fuera genuino, se extendería a todos los géneros y no se dedicaría sólo al reggaetón. Si la preocupación por el impacto que los símbolos de la cultura tienen en la vida de las mujeres fuera real, los colombianos no estarían pidiendo que “perdonemos” al futbolista Pablo Armero, llamado a jugar en la selección Colombia, la pesar de que el año pasado protagonizó un escabroso episodio de violencia doméstica en un hotel de Miami cuando su esposa no quiso tener sexo con él y él, en respuesta, le pegó y le arrancó las extensiones del pelo. Parece que para los colombianos esto último es perfectamente perdonable. En cambio, ser artista de reggaetón parece ser la mayor afrenta contra las mujeres.

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Series feministas para ver en vacaciones

Columna publicada el 24 de diciembre de 2016 en El Heraldo.

El 2016 fue un año lleno de catástrofes y contrastes en todos los campos. En la cultura murieron desde David Bowie hasta Leonard Cohen, pasando por Juan Gabriel. Vimos cómo la extrema derecha empezó a movilizarse efectivamente y los progresistas alrededor del mundo tuvieron rotundos fracasos en las urnas, y la llegada de Trump a la Presidencia de Estados Unidos parece una señal del apocalipsis. En lo que concierne a la violencia de género el 2016 tampoco dio tregua, desde el acoso del defensor del Pueblo, al fallo revictimizante contra Rosa Elvira Cely, la ideología de la discriminación por género, que hizo marchas en todo el país en contra de los derechos de las mujeres y la comunidad LGBTI, y cerramos con el secuestro, violación y asesinato de Yuliana Samboní. El 2016 ha sido un año para poner cardíaco a cualquiera.

Por eso quizás es importante aprovechar esta Navidad y fin de año para desconectarse. Es claro que el 2017 será un año duro, de mucho trabajo para no echar para atrás en materia de derechos para las mujeres, y es necesario descansar y recargarse. Para tener un poco de inspiración y bríos para el año que viene, nada mejor que aprovechar el descanso para ponerse al día con series. Además, y afortunadamente, en Internet se pueden encontrar maravillosas series feministas, apasionantes y divertidas, y me gustaría recomendarles algunas de mis favoritas.

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Los tiempos de la mentira

Columna publicada en la Revista Contacto de la Universidad del Norte, Barranquilla, edición de diciembre de 2016.

Nadie se dio cuenta de cómo las noticias falsas se tomaron las creencias populares hasta que se notó en las urnas debacles como Brexit, el No al Plebiscito del proceso de paz colombiano, la elección de Trump como presidente de los Estados Unidos. Nadie se dio cuenta, pero estaba ocurriendo frente a nuestras narices.

Hace un par de años unas niñas se empezaron a desmayar en el Carmen de Bolivar. Primero dijeron que era el diablo. Pero pronto los padres de familia y hasta personal de los colegios, estaban convencidos de que la culpable era la vacuna contra el papiloma humano, que les había sido aplicada meses atrás en una campaña del Ministerio de Salud. La vacunación masiva se debió a que esta vacuna, que previene virus de de transmisión sexual del papiloma humano, que produce el cáncer de cuello uterino, es una de las principales causas de mortalidad de mujeres en Colombia. La vacuna solo es efectiva si se aplica antes de comenzar la vida sexual, y por eso se le puso a niñas en los primeros años de bachillerato. La historia tuvo eco en los medios de comunicación, que llegaron hasta a afirmar que la vacuna causaba suicidios. Aunque el Ministerio de Salud sacó miles de estudios e informes, no hubo poder humano para desmentir el mito de que la vacuna era nociva, y hasta la fecha, la cosa se discute.

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Maluma es machista, pero no más que otros cantantes como Gardel, Sanz, Sting o The Beatles

Columna publicada en Univisión el 7 de diciembre de 2016.

Esta semana se hizo viral una columna del Huffington Post, escrita por la española Yolanda Domínguez, en donde señala que el cantante de reggaetón colombiano, Maluma, es machista y misógino en su canción ‘Cuatro babys’. Domínguez afirma, con razón, que en su letra, la canción trata a las mujeres como “meros cuerpos intercambiables y disponibles al servicio del deseo sexual ilimitado”. Hasta ahí Domínguez tiene razón.

Pero luego su argumento se debilita, pues no puede evitar detenerse a decir que el cantante tiene “pésima pronunciación” (¿según quién?) y “algunos problemillas de dicción” (¿quizás porque su acento no es ibérico?). Domínguez tampoco concibe que la canción afirme que alguien está enamorado pero tiene sexo promiscuo. Pero la promiscuidad no es un problema moral, el problema moral es el engaño (de lo cual no se habla en la canción).

Mejor dicho, a Domínguez se le sale lo clasista y lo tradicional. Y además termina con la pregunta equivocada: “¿No os aterra que vuestros hijos se eduquen con estos modelo?”, apelando a un terror populista, pero sin detenerse a pensar que “vuestros hijos” no se educan con Maluma, a menos que la educación que les den sus padres y el colegio sea en extremo paupérrima y deficiente.

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¿Palabras necias, oídos sordos?

Columna publicada el 16 de noviembre de 2016 en El Espectador.

En 2012 trabajaba como oficial de comunicaciones en Women’s Link Worldwide y una de mis tareas era observar y llevar registro del matoneo que Mónica Roa recibía en internet en respuesta a su trabajo en defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en Colombia.

Era como sumergirse en un fétido estercolero para separar el odio en sus diferentes vetas. A finales de abril de ese año el matoneo se hizo más intenso y en vísperas del 10 de mayo (aniversario de la Sentencia 355/06) alguien disparó a la oficina de la organización. Quienes estaban en la oficina, entre ellas Roa, salieron ilesas, y de recuerdo quedó un hueco en el cristal de la ventana. Por supuesto, no prosperó la investigación de la Fiscalía, así que es imposible saber si ese matoneo en redes tuvo una consecuencia tridimensional, pero hoy recuerdo el incidente a la luz de la radicalización de la extrema derecha en las redes sociales y en la política. Las feministas llevamos un largo rato hablando de los peligros de la creciente misoginia en internet, pero para variar no nos tomaron en serio. Hoy pienso en todas las veces que he escuchado decir “no les hagas caso”, “no alimentes al troll” y en todo el daño que nos ha hecho esa política biempensante de “a palabras necias, oídos sordos”.

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Emociones políticas

Columna publicada el 9 de noviembre de 2016 en El Espectador.

El 2016 ha sido un año de inmensos retrocesos en todo el mundo para los valores políticos progresistas.

Comenzó con el brexit: nadie vió venir que en en junio, en el Reino Unido votarían para salirse de la Unión Europea. el voto para salirse estuvo alimentado por la xenofobia, el mito de que los migrantes llegan al Reino Unido para quitarles trabajos que no merecen. A pesar de la gravedad del resultado, muchos seguimos bienpensantes y creímos que en octubre el pueblo colombiano refrendaría los acuerdos de paz que servirían para acabar con un conflicto de más de cinco décadas. No parecía haber motivos para creer lo contrario. Pasamos un mes armados de argumentos “racionales” y decidimos no escuchar los miedos sobre “el castrochavismo” y la profunda homofobia y transfobia nacional, pues descartamos estas “emociones” por absurdas. ¡Qué daño nos ha hecho esa dicotomía entre racional y emocional! Solo ha servido para que desantendamos los argumentos del bando contrario tildándolos peyorativamente como “emociones”. Y ahora, gracias a esas “emociones”, acaba de ganar la Presidencia de los Estados Unidos uno de los hombres más misóginos, clasistas, racistas, xenófobos, y peor preparados de nuestros tiempos: Donald Trump. Hoy decimos que el resultado de las elecciones gringas es “de no creer”, pero eso es solo porque nos negamos a ver una tendencia mundial muy evidente.

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El ojo morado de Carolina Sanín

Columna publicada el 2 de noviembre de 2016 en El Espectador.

Escribir el título de esta columna me dio terror y dolor.

Resulta que existe un grupo en Facebook que se llama “Chompos”, en donde estudiantes de los Andes, la universidad más cara y “exclusiva” (¿o excluyente?) de este país, se dedican a reproducir y glorificar formas de violencia que están naturalizadas en Colombia: el racismo, el clasismo y el machismo. Hace unas semanas se les ocurrió hacer un meme en el que comparaban a mujeres con comida. Y no a las mujeres en general, sino a unas muy específicas: Carolina Sanín y María Paulina Baena, que son dos voces fuertes en el panorama de opinión nacional. No las escogieron para el meme por ser bonitas o atractivas, para elogiarlas por su voz o hacerles un cumplido. Lo que tienen en común Sanín y Baena es que son mujeres que se salen de los roles de género tradicionales y con eso, desafían el statu quo. Así que la manera de “devolverlas a su puesto” es reducirlas a un objeto de consumo como la comida, y todo esto envuelto en el cuentico de que es “solo un chiste”.

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