Derechos de la población LGBT

Cartas sobre la mesa

Columna publicada el 3 de mayo de 2017 en El Espectador.

El referendo que impulsa la senadora Viviane Morales, en contra de los derechos de niñas y niños a ser adoptados, es caro, inconstitucional y peligroso. Es caro porque hacer una consulta como esa cuesta unos $280.000 millones, que tendrían mejor uso reconstruyendo Mocoa o Manizales, en vez de gastarse activamente en perseguir derechos. Es inconstitucional porque atenta contra el derecho de las parejas del mismo sexo y de las y los solteros a adoptar y tener una familia, atenta contra el derecho de los niños y niñas a ser adoptados, y todo eso contradice una idea básica de la Constitución: que todos los y las ciudadanas somos iguales ante el Estado y no se puede discriminar.

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Lo político y lo correcto

Columna publicada el 20 de abril de 2017 en El Espectador.

La semana pasada, la Corte Constitucional emitió un fallo en el que se defiende a Héctor Sánchez quien, junto con sus padres, tuvo que soportar el matoneo y la discriminación de sus vecinos en Barranquilla por su orientación sexual durante 23 años. “Te voy a matar, marica hijueputa”, le decían a diario, y es evidente, por el contexto, que aquí la palabra “marica” se decía con sorna y odio, con intención de discriminación. Pero el fallo de la Corte no es contra una palabra, sino sobre su uso, pues la comunicación humana es tan compleja que podemos insultar y discriminar de múltiples maneras, y hasta con cosas tan mínimas como una mirada. Se trata de no caer en la trampa de perseguir las palabras, o las miradas, pensando que estamos atacando la discriminación.

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Por el derecho al trabajo sexual digno y seguro

Columna publicada el 14 de diciembre de 2016 en El Espectador.

Este martes, las organizaciones Parces y Paiis presentaron el informe Ley entre Comillas, sobre las condiciones del trabajo sexual en Bogotá. Lo que el informe muestra es alarmante: los estigmas sociales hacen del trabajo sexual un territorio sin ley, sin empatía o solidaridad ciudadana, y en donde muchas vulnerabilidades se juntan para dar ocasión al abuso y la violencia.

El segundo mayor miedo de los y las trabajadoras sexuales, después de contraer una enfermedad de transmisión sexual, es ser asesinadas, y que enfrentan violencias cotidianas por parte de los clientes, los ciudadanos, los patrones y la misma Policía. Esto último es especialmente preocupante, porque para las trabajadoras sexuales de la ciudad el uniforme verde se ha convertido en una amenaza más. El 74 % de las personas encuestadas en el informe recibieron violencia verbal por parte de la Policía, el 62 % violencia física, el 51 % extorsión, el 39 % violencia simbólica, el 35 % retención de documentos y el 34 % violencia sexual. Lo que estas cifras muestran es que a los ojos del orden público no todos los ciudadanos y las ciudadanas somos iguales. Quizás uno de los castigos arbitrarios más frecuentes es que las lleven a la UPJ, que es una especie de purgatorio urbano al que todos y todas le tenemos miedo, pero en donde solo acaban quienes menos privilegios tienen. La UPJ hace mucho tiempo dejó de cumplir su función, que era proteger a los ciudadanos, y se convirtió en una de las formas más efectivas de amenazarlos. Entre las violencias que viven las trabajadoras sexuales también se incluyen las que viven las mujeres trans, que reciben golpes en la cara, en los implantes, ataques que tienen una evidente objetivo: negar su identidad. Por otro lado, las condiciones laborales de las trabajadoras sexuales son de extrema desprotección: el 88 % de las encuestadas en el informe no cotiza pensión y el 65 % no hace parte de un sistema de salud.

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No quiero ir al colegio

Columna publicada el 5 de noviembre de 2016 en El Heraldo.

“Estaba cansado de escuchar a una profesora decir que los hombres gais, con el tiempo, terminamos con el “esfínter desgarrado” y que debido a esto llega un punto en el que las heces salen en cualquier momento. Cada vez que lo decía en clase me daba mucho miedo, a pesar de que la información era falsa”. Este es el testimonio de un estudiante gay de 17 años, en Cundinamarca, recogido en el informe “Encuesta de clima escolar LGBT en Colombia 2016” realizada por Sentiido y Colombia Diversa. La encuesta fue contestada anónima y voluntariamente por  581 estudiantes LGBT que asistieron a el colegio en el año 2015.

Según los resultados de la encuesta, el 83.9% han sido víctimas de acoso verbal; el 88.6% e se han visto excluidos deliberadamente por sus compañeros; el 47.3% han sido víctimas de acoso sexual en el colegio; el 43.8% ha sufrido robos en retaliación or su orientación sexual. En muchos casos esta violencia es reforzada y hasta iniciada por las instituciones: el 25.2% han sido sancionados por su identidad u orientación sexual; el 37.2% han sido agredidos por un profesor; el 22% por un rector o directiva del colegio; el 11% han sido obligados a ir a terapia psicológica como si tuvieran un problema mental. Tampoco hay mecanismos para contrarrestar estas violencias, pues el 44% de los manuales de convivencia ni siquiera mencionan el tema y en clase de orientación sexual sólo se abordaron los temas Lgbt en un sorprendente 2.4%. Casi el 70% de estos estudiantes se sienten inseguros en el colegio, y para empeorar las cosas todo este matoneo afecta su rendimiento académico y por consiguiente sus oportunidades profesionales en el futuro.

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Por qué es importante que ‘Modern Family’ haya invitado a su elenco a un niño transgénero

Columna publicada el 28 de septiembre de 2016 en Univisión.

Esta semana Modern Family, en su capítulo “A Stereotypical Day”, presenta una historia en la que Lily, la hija de Cam y Mitch, la pareja gay de la serie, invita a jugar a un amiguito de ocho años, que, además, es transexual. Y para sorpresa del mundo, el personaje está interpretado por por Jackson Millarker, de 8 años, quien de hecho, es un niño transexual. Cuando Modern Family se estrenó, en 2009, la premisa de la serie era provocadora y hasta transgresora (moderna): una familia que contaba con una pareja gay casada, con una inmigrante colombiana, y el obligado referente de la familia tradicional con el núcleo de Phill y Claire. Pero han pasado siete años, y hoy en día, Modern Family tiene poco de moderna, la cultura pop de hoy está llena de parejas de homosexuales (eso sí, la mayoría son hombres blancos) y ser latina, al menos en televisión, se puso de moda. Sin embargo, este capítulo revive el espíritu original de la serie, que consistía en que las familias modernas son diversas, haciendo algo que nunca ninguna serie estadounidense había hecho antes: hablar de la transexualidad en los niños, y más importante todavía: con un niño actor transexual interpretando ese papel.

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‘A calzón quitao’

Columna publicada el 24 de septiembre en El Heraldo.

Mucho alardeamos los costeños de que las cosas en el Caribe se dicen ‘a calzón quitao’. Aquí al gordo le decimos gordo, al flaco flaco, al feo feo. ¿Pero al abusador de mejores o al agresor de mujeres? Para ellos no tenemos nombres, o bueno, a veces les decimos “señor”.

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¿Qué significa ser una familia?

Columna publicada el 17 de septiembre de 2016 en Univisión.

La pregunta no es menor, no en vano nos repiten una y otra vez que la familia es la base de nuestra sociedad. Bajo esa imagen uno podría imaginarse a todas las familias como piezas de lego, se apila una sobre la otra y así crean los metafóricos edificios de nuestras instituciones. Para imaginar esto es necesario creer que todas las familias son iguales y que esa uniformidad es la clave de la estabilidad de las construcciones.

Pero la vida real poco se parece a esta monótona imagen. Cuando declaramos que un grupo de personas es ‘nuestra familia’ lo hacemos por una afinidad profunda, un amor y un deseo solidario de enfrentar la vida en equipo, no porque se ajusten a un molde específico. Como todos y todas somos diferentes y vivimos en diferentes circunstancias, nuestras familias son múltiples y diversas, buenas y malas, como la misma vida, como la realidad.

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