Derechos sexuales y reproductivos

Funerales para abortos en Texas

A partir del 19 de diciembre en Texas, será obligatorio que los tejidos fetales, producto de abortos, sean cremados o enterrados, sin importar su estado de desarrollo, ni siquiera si apenas superan el tamaño de un chícharo. Si estas medidas entran en vigencia el costo de un aborto se disparará para las mujeres, que se verán forzadas a gastar un montón de dinero después de cualquier interrupción de un embarazo, sin contar con los costos emocionales de esta absurda revictimización. (más…)

Los tiempos de la mentira

Columna publicada en la Revista Contacto de la Universidad del Norte, Barranquilla, edición de diciembre de 2016.

Nadie se dio cuenta de cómo las noticias falsas se tomaron las creencias populares hasta que se notó en las urnas debacles como Brexit, el No al Plebiscito del proceso de paz colombiano, la elección de Trump como presidente de los Estados Unidos. Nadie se dio cuenta, pero estaba ocurriendo frente a nuestras narices.

Hace un par de años unas niñas se empezaron a desmayar en el Carmen de Bolivar. Primero dijeron que era el diablo. Pero pronto los padres de familia y hasta personal de los colegios, estaban convencidos de que la culpable era la vacuna contra el papiloma humano, que les había sido aplicada meses atrás en una campaña del Ministerio de Salud. La vacunación masiva se debió a que esta vacuna, que previene virus de de transmisión sexual del papiloma humano, que produce el cáncer de cuello uterino, es una de las principales causas de mortalidad de mujeres en Colombia. La vacuna solo es efectiva si se aplica antes de comenzar la vida sexual, y por eso se le puso a niñas en los primeros años de bachillerato. La historia tuvo eco en los medios de comunicación, que llegaron hasta a afirmar que la vacuna causaba suicidios. Aunque el Ministerio de Salud sacó miles de estudios e informes, no hubo poder humano para desmentir el mito de que la vacuna era nociva, y hasta la fecha, la cosa se discute.

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Por el derecho al trabajo sexual digno y seguro

Columna publicada el 14 de diciembre de 2016 en El Espectador.

Este martes, las organizaciones Parces y Paiis presentaron el informe Ley entre Comillas, sobre las condiciones del trabajo sexual en Bogotá. Lo que el informe muestra es alarmante: los estigmas sociales hacen del trabajo sexual un territorio sin ley, sin empatía o solidaridad ciudadana, y en donde muchas vulnerabilidades se juntan para dar ocasión al abuso y la violencia.

El segundo mayor miedo de los y las trabajadoras sexuales, después de contraer una enfermedad de transmisión sexual, es ser asesinadas, y que enfrentan violencias cotidianas por parte de los clientes, los ciudadanos, los patrones y la misma Policía. Esto último es especialmente preocupante, porque para las trabajadoras sexuales de la ciudad el uniforme verde se ha convertido en una amenaza más. El 74 % de las personas encuestadas en el informe recibieron violencia verbal por parte de la Policía, el 62 % violencia física, el 51 % extorsión, el 39 % violencia simbólica, el 35 % retención de documentos y el 34 % violencia sexual. Lo que estas cifras muestran es que a los ojos del orden público no todos los ciudadanos y las ciudadanas somos iguales. Quizás uno de los castigos arbitrarios más frecuentes es que las lleven a la UPJ, que es una especie de purgatorio urbano al que todos y todas le tenemos miedo, pero en donde solo acaban quienes menos privilegios tienen. La UPJ hace mucho tiempo dejó de cumplir su función, que era proteger a los ciudadanos, y se convirtió en una de las formas más efectivas de amenazarlos. Entre las violencias que viven las trabajadoras sexuales también se incluyen las que viven las mujeres trans, que reciben golpes en la cara, en los implantes, ataques que tienen una evidente objetivo: negar su identidad. Por otro lado, las condiciones laborales de las trabajadoras sexuales son de extrema desprotección: el 88 % de las encuestadas en el informe no cotiza pensión y el 65 % no hace parte de un sistema de salud.

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Colombia: Botched plastic surgeries and misogyny

Columna publicada el 12 de diciembre de 2016 en Al Jazeera. Para leer la versión en español, haga click aquí.

This column was published December 12, 2016, in Al Jazeera. For the Spanish version click here.

Colombian women, victims of unsafe plastic surgeries, struggle to find justice and understanding in a sexist society.

In Colombia, more than 350,000 plastic surgeries are performed each year; that is, 978 procedures a day, 40 an hour and three procedures every five minutes.

Plastic surgery is one of the most profitable branches of medical services in the country. The demand for cosmetic procedures responds to a massive need, fed by the hyper-sexism of the Colombian society which limits the professional and personal opportunities for women. Often, “being pretty” is the only way forward for a Colombian woman.

This is why it is understandable that there is such a high demand for such surgeries and so little regulation. Over the past decades, Colombia gradually became the perfect setting for offering unsafe surgeries like labiaplasty (learn about labiaplasty Melbourne precautions), as the government took no serious action against the surgeries and victims felt too afraid to speak out.

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Carnicería y estafa: las cirugías plásticas inseguras en Colombia

Columna publicada en Al Jazeera el 12 de diciembre de 2016. El texto fue publicado en inglés y esta es la versión en español.

En Colombia se hacen 357.115 cirugías plásticas por año, es decir, 978 procedimientos por día, 41 por hora y casi que un procedimiento por segundo. La cirugía plástica es una de las ramas más rentables de la medicina en el país, porque la demanda de procedimientos cosméticos responde a una necesidad masiva, creada por una sociedad hiper-machista que limita las posibilidades profesionales y personales de las mujeres. Por eso, en algunos contextos colombianos “ser bonita” es la única manera de salir adelante. Por eso es más que comprensible que muchas mujeres busquen hacerse cirugías cosméticas y una demanda tan alta, sin una regulación clara, es el escenario perfecto para que se empiecen a ofrecer cirugías inseguras. A diferencia de otras víctimas de malas prácticas médicas, las víctimas de la cirugía estética son revictimizadas por el prejuicio de que “ellas se lo buscaron” y que es un “castigo por su vanidad”. A esto se suma lo doloroso que es hablar públicamente de un cuerpo que no reconocemos; implica hacer públicos nuestros miedos más profundos. Se dan entonces dos condiciones para el abuso: hay una alta demanda de cirugías plásticas que nace de una urgencia vital (el libre desarrollo de la personalidad) y es poco probable que las víctimas hablen pues serán juzgadas cruelmente por la sociedad.

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Privilegiados y vulnerables: la estructura social detrás de la muerte de Yuliana Samboní

C0lumna publicada el 11 de diciembre en Razón Pública.

En el fondo del crimen que estremeció a la opinión pública está un país donde algunos “son alguien” y otros “no son nadie”. Además de castigar al culpable, este caso exige una nueva reflexión sobre las verdades de una sociedad que estimula y tolera la violencia de género. 

Vulnerabilidades y privilegios

El pasado fin de semana Yuliana Andrea Samboní, una niña indígena, desplazada y pobre, fue secuestrada, violada, torturada y asesinada por (según señala la evidencia) Rafael Uribe Noguera, un hombre, educado, blanco y de clase alta.

El crimen ha logrado horrorizar y conmover a un país que suele permanecer indiferente ante las muchas formas de violencia de género. El crimen también es un retrato de las desigualdades y tensiones sociales que se viven en Colombia y que influyen sobre el modo de ejercer la violencia y sobre las formas de impartir justicia. Por eso importa comenzar por un análisis de las vulnerabilidades y privilegios en la sociedad donde tuvo lugar este crimen. 

Esas vulnerabilidades y privilegios no son inherentes a la naturaleza, sino que son construcciones sociales. Ser niña, ser indígena o ser mujer no son desventajas en sí mismas, y en una sociedad justa no tendrían por qué serlo. Pero en un país machista y racista ser una mujer indígena implica tener problemas de acceso a derechos fundamentales como la educación y la salud, o una vida libre de violencia.

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