Género y sistemas binarios

Soy feminista y eso no me quita lo femenina (aunque no siempre lo tuve tan claro)

Columna publicada el 17 de agosto de 2016 en Univisión.

Soy una mujer “femenina”. Esto se los digo a mis 33 años más allá de toda duda, pero no siempre fue tan claro para mí. Con mis primeras decisiones sobre mi estilo, creo que tendría cinco años, buscaba literalmente que me confundieran con un niño: pedía el pelo corto, odiaba el color rosa, los vestidos, y solo quería usar shorts y camiseta.

Aunque de muchas maneras yo era una niña con gustos “femeninos”, es decir, me encantaban las flores y llevarlas en la cabeza, las faldas amplias de seda del clóset de mi abuela y estaba obsesionada con pintarme los labios de rojo, también era “masculina”, es decir, era brusca, torpe, imprudente, hiperactiva, y sobre todo sentía un rechazo manifiesto por esa exigencia constante que todos me hacían de ser “como una señorita”.

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Las marchas del odio (y una esperanza)

Columna publicada el 13 de agosto de 2016 en El Heraldo.

Las Marchas de odio el miércoles en Barranquilla son una vergüenza para la ciudad. Fue un tenebroso contrasentido llenar la Plaza de la Paz con un reclamo por la discriminación y la violencia; un testimonio de la ignorancia y fanatismo conservador de muchos barranquilleros. El alcalde Char, como sabe que esos son votos, dio unas declaraciones ni fu ni fa: “Barranquilla es incluyente pero cree en los valores familiares”. Pero no, Barranquilla no es incluyente, y usa el término “valores familiares” para justificar una discriminación que, además de ser inconstitucional, cobra vidas: el Caribe es la región de Colombia con más crímenes de odio contra la población LGBTI.

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Consejos prácticos para ser un hombre aliado del feminismo

Columna publicada en I-D Vice el 10 de agosto de 2016.

Hay muchas discusiones sobre si los hombres pueden o no ser feministas, algunas son teóricas, algunas son críticas a la manera en que algunos hombres cooptan el feminismo. Sin embargo, también hay muchos hombres que creen en la igualdad de género y tienen la mejor intención y de verdad quieren ayudar. Algunos me han dicho que no saben qué pueden hacer ellos por el feminismo y la primera respuesta es que yo no se los puedo enseñar, ni estoy obligada a darles una clase de feminismo ni puedo decirles cómo vivir sus vidas como hombres. No me corresponde. Sin embargo sí puedo hablar de cosas concretas que, como mujer y como feminista, sé que pueden ayudarnos a que nuestras vidas sean más fáciles. Simplemente son ejemplos puntuales y prácticos basados en mis interacciones con el paradigmático “hombre cisgénero heterosexual blanco o mestizo de clase media o alta y educado”, que para efectos de brevedad en este texto llamaremos “Man”. Con M mayúscula porque es un modelo arquetípico. Quizás no todas estas categorías les aplican, pero sí son las características que determinan a la masculinidad paradigmática y el privilegio en nuestra sociedad.

Así que a continuación les presento 13 cosas que pueden hacer por la igualdad de género. No son las únicas, son apenas las que a mí me parecen importantes para comenzar. Algunas no les van a gustar porque pueden sentirse incómodos, eso está bien. El feminismo es incómodo, si le van a entrar, acostúmbrese. No están obligados a hacerlas, no son mandamientos. Ni trucos para levantar. Tampoco van a recibir una estrellita. Pues no son pedidos caprichosos sino gestos puntuales de cómo usar sus privilegios para hacer más fácil y justa la vida de los demás.

  1. Reconocer su privilegio

No, que nos dejen entrar gratis al bar no es un privilegio. Ustedes lo saben, nos van a dar trago gratis para emborracharnos y que seamos “presa fácil” de algún muchacho que quiere sexo sin esforzarse. No existe tal cosa como el privilegio de ser mujer, ser mujer es nacer con muchas desventajas que quizás los Manes no pueden entender porque para sus vidas privilegiadas son inimaginables. Los Manes no tienen que pensar en qué ponerse antes de salir de la casa para estar seguros, seguramente van a ganar más por hacer el mismo trabajo que una mujer y toda la vida la sociedad lleva aplaudiéndoles que sean líderes y escuchan sus ideas. Por eso hay un mug feminista que dice “Quisiera tener la seguridad de un hombre blanco mediocre”. A diferencia de las personas trans, nadie les pregunta a los Manes si ese es su verdadero nombre o si su género es el correcto. Tampoco hay leyes que les prohiban una intervención médica que pueda ser necesaria para salvar sus vidas, como la interrupción del embarazo.

Manes: el mundo es suyo, las calles, los horarios laborales, la política, todo está hecho para sus cuerpos y muchos de estos privilegios son irrenunciables. Lo mínimo que pueden hacer es reconocerlo. Porque reconociendo su privilegio pueden usarlo para abrirle espacios a otras personas que no lo tienen.

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Así se está hablando de las mujeres en los Juegos de Río: el increíble trato sexista a las atletas

Columna publicada en Univisión el 10 de agosto de 2016.

Cuando criticaron a la NBC por tener demasiados anuncios durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos 2016 en Río de Janeiro, su vocero, John Miller, dijo que “aunque hay más mujeres que hombres viendo los juegos, ellas están menos interesadas en el resultado y más en el camino, para ellas es como ver una miniserie hecha reality”. El estereotipo manda que a las mujeres no nos interesan los deportes, así que el vocero de NBC tiene que inventarse extrañas teorías para explicárselo a sí mismo. Y aún así la razón es muy simple: que a las mujeres les gustan los deportes.

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¡Bienvenidos los baños neutros!

Columna publicada en El Espectador el 21 de julio de 2016.

El rector de la Universidad Externado, Juan Carlos Henao (exmagistrado de la Corte Constitucional), anunció que en uno de los pisos de cada edificio de la universidad habrá baños mixtos. “Tengo la firme convicción de que pregonar estos principios propicia el avance en la formación de quienes creen en la perfectibilidad humana y en sociedades más democráticas”, explicó el rector. “Los baños para todos los géneros, baños mixtos o baños neutros en espacios educativos y laborales han sido un movimiento reciente en Estados Unidos”, explica la colombiana Mati González, abogada de Colombia Diversa y una de las voces más visibles en la lucha por los baños públicos neutros o mixtos en América. Recientemente, durante su paso laboral por la OEA, González logró que se creara un baño neutro que, según afirma la circular de la Organización, busca “proveer un ambiente de trabajo seguro para empleados que sean trans y servir como ejemplo a los Estados americanos para hacer accesibles los espacios laborales a personas trans”.

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¿Por qué las latinas tenemos una relación tan contradictoria con la cirugía plástica?

Columna publicada en Univisión el 24 de junio de 2016.

Aunque muchos declaren en público que lo que les gusta es “la belleza natural”, en toda América Latina el ideal de belleza termina siendo una exageración de todo lo que entendemos como femenino: labios carnosos, profusos senos, cintura de guitarra, amplias caderas y frondoso culo.

Como este look de Jessica Rabbit no es “natural” las personas recurren a la cirugía plástica para alcanzarlo. Las mujeres en contextos machistas somos casi que una posesión, un token de poder, necesario para afirmar la hiper masculinidad de algún hombre. Por eso, era frecuente que en Colombia los narcos “invirtieron en mejoras” de sus mujeres como si fueran carros para Pimp my Ride.

Así es como los implantes de busto, las inyecciones para aumentar el culo, las liposucciones y el botox se convirtieron en un negocio millonario. Además, no era solo cosa de narcos, este modelo de belleza tan específico permeó a todas las clases sociales, a la legalidad y a la ilegalidad, a mayores y a menores de edad y a toda América Latina.

Así, los y las latinoamericanas resultamos teniendo una relación contradictoria con la cirugía estética. Por un lado, hemos introyectado este modelo de belleza, por otro lado, como somos culturalmente cristianas, somos rápidas para juzgar y rechazar a las mujeres que deciden sexualizarse. Así, la mayoría de las mujeres en el mundo crecemos entre estos mensajes contradictorios: tenemos que ser, al tiempo “la Virgen” y “la puta”. Cada mujer elige cómo navegar esta disyuntiva, con la estrategia que mejor le va para una situación que, de suyo, es adversa, y en la que de entrada no podemos ganar.

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