Medios de comunicación y perspectiva de género

A las patadas

Columna publicada el 22 de marzo de 2017 en El Espectador.

“Opa, opa”, y el condescendiente “ese es un buen tema, lo podemos discutir”, le decía un coro de hombres a la periodista Andrea Guerrero cuando se tomó el micrófono para decir que se sentía agredida por el llamado del futbolista Pablo Armero, detenido el año pasado en Miami por coger del pelo a su pareja e intentar cortarle las extensiones en castigo porque ella no quería tener sexo con él. Cuento de nuevo la agresión con detalle pues no fue cualquier cosa, no hubo ambigüedad alguna en la violencia machista que ejerció contra su pareja. Como tampoco hubo ambigüedad en la postura del consulado: a favor de Armero. “No comparto que mi selección, la que tiene mis ídolos, tenga un hombre que maltrató a su mujer”, dijo la periodista, con una asertividad que muchos medios han llamado “enfado”, y la verdad es que todos debemos compartir su indignación.

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Las cosas por su nombre

Columna publicada el 15 de marzo de 2017 en El Espectador.

Con el reciente feminicidio de Maribel Buitrago y el asesinato de su hijo a manos de su expareja y padre del mismo, Giovanny Sánchez, los medios de comunicación han vuelto a caer en los graves errores que normalizan y justifican este tipo de violencia. Sin ir más lejos, en la nota del periódico El Espectador se lee: “El último crimen pasional [..] fue cuando Angie Katherine Herrera fue golpeada y herida con arma blanca por su expareja, un patrullero de la Policía”. ¿Acaso las muertes de Herrera y Buitrago fueron ocasionadas por la inmensa pasión de sus parejas? No. Pero la palabra feminicidio, que es el tipo legal correcto desde que en Colombia existe la Ley Rosa Elvira Cely, brilla por su ausencia.

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Censura y misoginia

Columna publicada el 9 de febrero de 2017 en El Espectador.

En el 2015, una de las periodistas protegidas por la Unidad de Protección (UNP) fue víctima de violencia sexual. Su agresor hacía parte de su escolta. La periodista tenía un esquema de protección asignado por haber denunciado a varios grupos armados y bandas criminales de su región. Primero las amenazas eran ambiguas: el escolta ponía fotos alusivas a grupos paramilitares en su perfil de Whatsapp y se tomaba fotos con armas en el vehículo asignado por la UNP. Luego, el acoso escaló: el escolta le dijo a la periodista que “ella le gustaba” y, cuando ella le dio aviso de la irregularidad a un alto mando de la Policía que era su amigo, la Policía le asignó ¡una escolta para cuidarla de sus escoltas! El día de descanso del escolta de la Policía, el escolta de la UNP subió al apartamento de la periodista y abusó de ella sexualmente. Ante el reclamo de la periodista, la UNP se limitó a desvincular al escolta sin poner en funcionamiento los protocolos necesarios ante una agresión sexual de este tipo.

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2016: el año de la “posverdad”

Columna publicada en El Heraldo el 31 de diciembre de 2016.

Cada noviembre,  el diccionario Oxford elige una “Palabra del año”, que pretende encapsular lo más importante y representativo del año que materia de lenguaje y cultura. Las elecciones suelen estar llenas de clarividencia. En 2015, la Palabra del año fue el ‘emoji’ que llora de la risa, un guiño de inclusión a los alfabetos pictográficos que cada vez se hacen más importantes en nuestro uso del lenguaje. La palabra para el 2016, aunque acertada, es mucho menos optimista: “posverdad”.

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Series feministas para ver en vacaciones

Columna publicada el 24 de diciembre de 2016 en El Heraldo.

El 2016 fue un año lleno de catástrofes y contrastes en todos los campos. En la cultura murieron desde David Bowie hasta Leonard Cohen, pasando por Juan Gabriel. Vimos cómo la extrema derecha empezó a movilizarse efectivamente y los progresistas alrededor del mundo tuvieron rotundos fracasos en las urnas, y la llegada de Trump a la Presidencia de Estados Unidos parece una señal del apocalipsis. En lo que concierne a la violencia de género el 2016 tampoco dio tregua, desde el acoso del defensor del Pueblo, al fallo revictimizante contra Rosa Elvira Cely, la ideología de la discriminación por género, que hizo marchas en todo el país en contra de los derechos de las mujeres y la comunidad LGBTI, y cerramos con el secuestro, violación y asesinato de Yuliana Samboní. El 2016 ha sido un año para poner cardíaco a cualquiera.

Por eso quizás es importante aprovechar esta Navidad y fin de año para desconectarse. Es claro que el 2017 será un año duro, de mucho trabajo para no echar para atrás en materia de derechos para las mujeres, y es necesario descansar y recargarse. Para tener un poco de inspiración y bríos para el año que viene, nada mejor que aprovechar el descanso para ponerse al día con series. Además, y afortunadamente, en Internet se pueden encontrar maravillosas series feministas, apasionantes y divertidas, y me gustaría recomendarles algunas de mis favoritas.

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¿Cómo puede evitar Colombia que haya otras Yulianas?

Columna publicada en Univisión el 8 de diciembre de 2016.

Yuliana Samboní, una niña de 7 años, jugaba frente a su casa en el barrio popular de Bogotá cuando fue raptada en una camioneta. Un día más tarde, Samboní fue encontrada muerta, torturada, violada y asfixiada en un lujoso apartamento en el barrio contiguo al suyo. La abrumadora cantidad de evidencias encontradas por la Fiscalía señalan al arquitecto Rafael Uribe Noguera, de 38 años, miembro de una de las familias más ricas del país, como el culpable. Se sospecha que, además, sus hermanos le ayudaron a alterar la escena del crimen, y luego lo internaron en una clínica alegando una supuesta sobredosis.

La Fiscalía afirma que el consumo de sustancias fue posterior a la muerte de la niña, posiblemente para alegar que no sabía lo que hacía cuando cometió el crimen. Pero los mejores abogados penalistas del país se negaron a llevar el caso, incluido el prestigioso bufete del que Francisco Uribe, su hermano, hacía parte hasta hace unos días. Aunque lo normal suele ser que un agresor con tantos privilegios salga libre, la sociedad colombiana está tan indignada y enrabiada que es poco probable que el culpable escape a la justicia.

Sin embargo, el pedido de justicia va por dos caminos: por un lado, estamos quienes pedimos un cambio estructural y cultural que ayude a subsanar las desigualdades sociales que hicieron el crimen posible. Por otro lado, el distrito de Bogotá, la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y sectores de la sociedad exigen endurecimiento de penas para este tipo de críticas y cadena perpetua para los violadores de niños y niñas. El presidente del Congreso, Mauricio Lizcano, presentó un proyecto de ley llamado “Ley Yuliana”, para que, en sus palabras, “quienes violen un niño o niña se pudran en la cárcel”. Sin embargo estas medidas son entre inútiles y peligrosas: la vía punitiva, aunque puede parecer más efectiva, podría incluso crear un escenario peor para las niñas de Colombia.

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Por la memoria de Yuliana Samboní

Columna publicada el 7 de diciembre de 2016 en El Espectador.

La niña Yuliana Andrea Samboní, de siete años, fue secuestrada, violada, torturada, asfixiada y muerta, presuntamente por Rafael Uribe Noguera, en su apartamento, este fin de semana. El feminicidio de Yuliana ha conmovido y enrrabiado a toda Colombia.

Su más posible agresor, señalado por una cantidad de evidencia clara y abrumadora, fue internado en una clínica por supuesta sobredosis, y ahora se declara inocente, quizás con la esperanza de que le crean que su crimen atroz no fue premeditado. Pero ya hay testigos que dicen haber visto su camioneta en el barrio, rondando a la niña en días anteriores. Y no existe la droga que haga que una persona adquiera capacidad para tal violencia. Las drogas, si acaso, exacerban por momentos la magnitud de una violencia, que en el caso de Uribe Noguera fue alimentada en la comodidad del privilegio de ser un hombre, blanco, educado y miembro de una de las familias más poderosas de Colombia, un país en donde todos esos privilegios otorgan casi la omnipotencia de Dios. Yuliana Samboní, por el contrario, encarna todas las vulnerabilidades juntas, por género, por edad, por etnia, por clase social, por ser parte de una familia desplazada. En un mundo sin estas desigualdades abismales un crimen como este habría sido excepcional. En cambio, es uno entre tantos.

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