Misoginia en Internet

Deporte y violencia

Columna publicada el 25 de marzo de 2017 en El Heraldo.

La periodista deportiva Andrea Guerrero tiene razón en temer que alguien se atreva a hacerle daño en sus apariciones en público, especialmente en el estadio. Lleva días de recibir avalanchas de odio en Internet, que incluyen amenazas de asesinato y de violación, hasta tipos que escarban en sus declaraciones de hace años, supuestamente para mostrarnos que “se contradice”. A pesar de todo el ruido, nadie ha podido rebatir realmente la queja de Guerrero: un jugador de fútbol que comete violencia de género no debe estar en la selección, pues una violencia así es delito, no hace parte de su vida privada, y su presencia en la selección nos dice a las colombianas que la dignidad de las mujeres no vale lo que un partido de fútbol.

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La Plaqueja que rompió Internet

Quiero dedicar unas líneas a reflexionar sobre el más reciente caso viral de acoso en Ciudad de México que podríamos llamar “la Plaqueja que rompió Internet” porque es un episodio muy revelador de todos esos debates interseccionales sobre género, clase y raza que desde el feminismo queremos dar.

Resulta que Tamara de Anda, una reconocida bloguera feminista y colaboradora de varios medios iba caminando por la calle cuando un taxista le gritó “guapa”. ¿Quería este taxista entablar una amistad con Tamara (y le digo Tamara porque, antes de que salgan con suspicacias, es amiga mía) o porque pensara que le iba alegrar el día? No. Le grita guapa porque ella estaba ahí y él estaba en su carro, y seguramente hace eso con todas las mujeres que le pasan frente al carro. Mujeres que, como Tamara, se sienten incómodas, intimidadas, asqueadas o como mínimo molestas porque cualquier tipo que esté en la calle crea que puede comentar su cuerpo.

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Escuela de troles

Columna publicada el 19 de enero de 2017 en El Espectador.

La profesora y escritora Carolina Sanín acaba de ganar una tutela contra la Universidad de los Andes, con un fallo que deja sin dientes a su injusto despido y le exige a la universidad adelantar urgentes campañas contra el matoneo, la violencia de género y los discursos peligrosos que se están dando en el interior de su comunidad.

El fallo es un saludo a los docentes colombianos, pues revierte el mal precedente que el despido de Sanín sentaba para la libertad de cátedra y la libertad de expresión en la educación en Colombia.

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¿Palabras necias, oídos sordos?

Columna publicada el 16 de noviembre de 2016 en El Espectador.

En 2012 trabajaba como oficial de comunicaciones en Women’s Link Worldwide y una de mis tareas era observar y llevar registro del matoneo que Mónica Roa recibía en internet en respuesta a su trabajo en defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en Colombia.

Era como sumergirse en un fétido estercolero para separar el odio en sus diferentes vetas. A finales de abril de ese año el matoneo se hizo más intenso y en vísperas del 10 de mayo (aniversario de la Sentencia 355/06) alguien disparó a la oficina de la organización. Quienes estaban en la oficina, entre ellas Roa, salieron ilesas, y de recuerdo quedó un hueco en el cristal de la ventana. Por supuesto, no prosperó la investigación de la Fiscalía, así que es imposible saber si ese matoneo en redes tuvo una consecuencia tridimensional, pero hoy recuerdo el incidente a la luz de la radicalización de la extrema derecha en las redes sociales y en la política. Las feministas llevamos un largo rato hablando de los peligros de la creciente misoginia en internet, pero para variar no nos tomaron en serio. Hoy pienso en todas las veces que he escuchado decir “no les hagas caso”, “no alimentes al troll” y en todo el daño que nos ha hecho esa política biempensante de “a palabras necias, oídos sordos”.

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El ojo morado de Carolina Sanín

Columna publicada el 2 de noviembre de 2016 en El Espectador.

Escribir el título de esta columna me dio terror y dolor.

Resulta que existe un grupo en Facebook que se llama “Chompos”, en donde estudiantes de los Andes, la universidad más cara y “exclusiva” (¿o excluyente?) de este país, se dedican a reproducir y glorificar formas de violencia que están naturalizadas en Colombia: el racismo, el clasismo y el machismo. Hace unas semanas se les ocurrió hacer un meme en el que comparaban a mujeres con comida. Y no a las mujeres en general, sino a unas muy específicas: Carolina Sanín y María Paulina Baena, que son dos voces fuertes en el panorama de opinión nacional. No las escogieron para el meme por ser bonitas o atractivas, para elogiarlas por su voz o hacerles un cumplido. Lo que tienen en común Sanín y Baena es que son mujeres que se salen de los roles de género tradicionales y con eso, desafían el statu quo. Así que la manera de “devolverlas a su puesto” es reducirlas a un objeto de consumo como la comida, y todo esto envuelto en el cuentico de que es “solo un chiste”.

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