Perfiles

¡Adelante Jineth!

Columna publicada el 4 de febrero de 2016 en El Espectador.

La periodista y defensora de derechos humanos, Jineth Bedoya lleva 15 años pidiendo justicia por los delitos de secuestro, tortura y violencia sexual de los que fue víctima. No han sido 15 años de espera pasiva, durante este tiempo, Bedoya ha realizado un valiente trabajo en defensa de las mujeres víctimas de violencia en Colombia y se ha convertido en un símbolo como mujer periodista sobreviviente a la violencia. ¡No es hora de callar! la campaña que lidera, se ha convertido en un referente internacional y es uno de los más sólidos movimientos de víctimas en Colombia. El martes de esta semana uno de sus victimarios, el exparamilitar Mario Jaimes conocido como el Panadero, aceptó los cargos y pidió perdón públicamente a la periodista.

(más…)

Anuncios

Dioses y humanos

Columna publicada el 13 de enero de 2016 en Sin Embargo.

David Bowie en su periodo como Ziggy Stardust en Filadelfia en una fotografía de archivo del 1 de diciembre de 1972. Foto: APDavid Bowie en su periodo como Ziggy Stardust en Filadelfia en una fotografía de archivo del 1 de diciembre de 1972. Foto: AP

“Los poetas, amor mío,
son unos hombres horribles,
unos monstruos de soledad.
Evítalos siempre, comenzando por mí.
Los poetas, amor mío,
son para leerlos, mas no hagas caso
a lo que hagan en sus vidas”.

Raúl Gómez Jattin

Somos muchas las personas, en tantos países y de varias generaciones a las que David Bowie nos cambió la vida. Ésta siempre es una afirmación curiosa porque se dice con una implacable convicción y amor, aunque estemos hablando de una persona con la que jamás tuvimos una conversación. Pero en muchos momentos de felicidad o de angustia ahí estaba la música, o las imágenes, o el mismo performance vital que era su cotidiano, su masculinidad suave, andrógina, que nos dejaba imaginar que nosotros también podíamos ser como quisiéramos, y también estaban todas las veces que coreando Changes, nos sentimos menos raros y menos solos. Incluso para quienes acaban de descubrirlo –gracias a su muerte, cualquier razón vale- será como nada ni nadie que jamás hayan visto. David Bowie es un Dios.

Pero también un humano. Horas después de que miles de seguidores empezaran a homenajearlo en las redes sociales volvieron a circular dos acusaciones por violación al artista: una por tener sexo con una menor (de 14-15 años) en California (statutory rape) y otra en Dallas por una mujer de 30 años que exigía que Bowie se hiciera un examen de VIH (a lo que la estrella estuvo dispuesto sin problema). Es importante aclarar que en ambos casos un juzgado falló a favor de la inocencia de Bowie. También podríamos hablar del contexto: el límite de edad en California eran los 18 años y eran los tiempos de las baby groupies que se ofrecían a los rockstars convirtiendo a las celebridades en trofeos. Uno podría argumentar, con buenas probabilidades de tener la razón, que las groupies tenían suficiente agencia para decidir con quién acostarse.

(más…)

Ángela Buitrago, la fiscal de hierro y el quinto autobús

Artículo publicado el 6 de diciembre de 2015 en El Espectador

Treinta años después del holocausto del Palacio de Justicia, sus investigaciones siguen siendo punto de referencia en Colombia y ahora la CIDH acude a su experiencia para que le ayude a buscar la verdad sobre los desaparecidos en México.

Desde desenterrar el caso del Palacio de Justicia hace diez años hasta desmentir las versiones del Estado mexicano frente al caso Ayotzinapa, Ángela María Buitrago, “la fiscal de hierro”, ha pisado todos los callos y reventado todas las ampollas de los grandes crímenes colombianos. Ya llegó el momento de los que pasan en Latinoamérica. Sus investigados son cada uno más poderoso que el anterior y, pese a ello, Buitrago ha llevado cada una hasta sus últimas consecuencias.

(más…)

Sonidos de casa

Columna publicada el 21 de noviembre de 2015 en El Heraldo

En la Grecia antigua, un aedo era ese rapsoda (recitador o pregonero ambulante que cantaba poemas llevando noticias de un lugar a otro) que componía las obras que declamaba. De estos ires y venires nacieron la Ilíada y la Odisea. En Colombia, los rapsodas eran los juglares vallenatos que iban de pueblo en pueblo verseando las buenas y malas nuevas. En esas letras del vallenato sabanero se empezó a construir el lenguaje y la cosmogonía con la que contamos a Colombia. Calixto Ochoa, uno de nuestros más grandes aedos, acaba de morir, y creo que muchos sentimos que se murió nuestro propio abuelo. Es que la música de Ochoa resume justamente eso que los colombianos entendemos por familia.

(más…)

La mirada de Nereo

Columna publicada el 29 de agosto de 2015 en El Heraldo

Cuatro mujeres negras caminan, riendo, por una carretera. Una pareja posa con su bebé montado sobre un burro de madera, delante de un toldo bordado, para que les tomen una foto agüita. Dos parejas se enamoran en un bar, una sentada en la mesa tomando cerveza, y otra bailando amacizada bajo un techo de guirnaldas que parece el lomo de un cocodrilo. Un hombre se asoma por la ventana del tren para mirar al horizonte, mientras la nube de humo, que llamamos progreso, se levanta a sus espaldas. Un viejo con sombrero repara un acordeón junto a una mesa con mantel de cuadros sobre la que reposan cinco acordeones desbaratados. Un muchacho orgulloso, en pantaloneta de baño, levanta dos pescados inmensos que suben desde el piso hasta sus tetillas, rodeado de hombres, niños y mujeres que lo admiran. Un niño disfrazado de congo duerme montado sobre los hombros de su padre. Un hombre atraviesa un río, junto a su caballo a medio hundir, con una cámara colgada al cuello. Una mujer guajira se tapa la cara con sorpresa solo dejando ver sus ojos negros brillantes. Un hombre con máscara de tigre lleva una cruz entre una multitud de enmaicenados en el Carnaval de Barranquilla. Unos hombres cargan un ataúd en el horizonte, sobre una calle polvorosa y bajo un cielo inmenso. Un hombre lleva sobre sus hombros una caja en un muelle, y en el fondo se ve un barco de vapor sobre las aguas del Río Magdalena. Un hombre disfrazado de Cantinflas lleva en su espalda un letrero que dice “Nereo capa mejores fotos”. Y es verdad.

Nereo López, el mejor fotógrafo colombiano del siglo XX, murió esta semana, el 25 de agosto a las 7:58 de la mañana, a los 95 años, en el cuarto 1065 del centro de rehabilitación Isabella, del alto Manhattan, en compañía de su hija Liza. Sus cenizas serán esparcidas en el mar Caribe que lo vio nacer. Nereo, sensible, pícaro, coqueto, siempre al filo de la carcajada, vivió sus últimos quince años en Nueva York, y aprendió a hacer fotografía digital y a usar Photoshop, con el mismo entusiasmo con el que alguna vez lo hizo con las cámaras análogas. Fue el fotógrafo de algunas de las películas icónicas del cine colombiano como Cóndores no entierran todos los días y La langosta azul, según él, “la más famosa y la más mala que se ha hecho en Colombia”. Fue uno de los primeros fotógrafos colombianos en tomar imágenes de mujeres desnudas; retrató a Gabito cuando se fue a recibir el Nobel en guayabera; bailó hasta el amanecer con sus amigos siempre, incluso después de sus noventa años; recorrió cada esquina del país, cada río, cada fiesta, y sus fotos le dieron dignidad a los colombianos y colombianas de a pie, hizo que existieran en el mundo gracias a sus ojos. Se murió de buena salud, y nunca quiso ser viejo, “porque lo viejo no sirve”, así que hasta el fin de sus días estuvo produciendo imágenes, que también eran pequeños poemas, testimonio de nuestra historia. Son imágenes tan poderosas, que a través de ellas Nereo nos sigue mirando, no importa que se cerraran sus ojos.