Yuliana, Sara, Dayana, Remedios…

Columna publicada en El Espectador el 27 de abril de 2017.

Colombia se levantó este lunes para enterarse de la muerte de otra niña, Sara Yolima Salazar de tres años, abusada y torturada en Tolima; del asesinato de dos niños en el Cauca por su padre feminicida; y de una bebé de cuatro meses que fue abusada por un soldado de 19 años en Villavicencio. Son noticias dolorosas, más cuando hacen eco de la violación, tortura y asesinato de Yuliana Samboní apenas hace unos meses. La indignación colectiva parece indicar que hay un consenso apasionado por defender a la niñez colombiana. Sin embargo, indignarse es lo más fácil; lo difícil es entender qué papel jugamos cada uno de nosotros en este problema y entender las razones por las cuales estos crímenes atroces son posibles.

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Venezuela en Barranquilla

Columna publicada el 22 de abril de 2017 en El Heraldo.

Cuando este año, por épocas de carnavales, se hizo patente el aumento del crimen en Barranquilla, un rumor que debería avergonzarnos corrió por las cadenas de Whatsapp: “¡Son los venezolanos!”. Es evidente que el país vecino está pasando por una situación muy difícil, y es lógico que muchos venezolanos y venezolanas vengan a Colombia, pues, no solo compartimos fronteras, somos quizás los dos países más parecidos de la región. Los y las barranquilleras somos con frecuencia confundidos con venezolanos, no solo por el acento, también por un ‘yenesecuá’ caribe que nos hace muy parecidos.

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¿Qué es “de hombres”?

Columna publicada el 21 de abril de 2017 en la Revista Vice.

Una campaña contra el acoso callejero invita a los hombres a rechazar este comportamiento. Pero, ¿en verdad está cumpliendo su objetivo?

Una campaña contra el acoso callejero lanzada recientemente invita a los hombres de la ciudad a rechazar el acoso diciendo que eso “no es de hombres”. Lo cual nos deja con una profunda pregunta ontológica: ¿Qué es lo que sí es “de hombres”? ¿Fumar Marlboro mientras montas a caballo? ¿Comer carne asada? ¿Usar un desodorante “extremo” para tu día lleno de aventuras? ¿Patinar las llantas del carro? Yo sueño con que la respuesta sea “nada”, porque nada es de un género o de otro; esa división es absurda. Pero a juzgar por esta campaña, estamos lejos de esa respuesta.

#NoEsDeHombres ha sido presentada a los medios internacionales como un éxito cuya clave está en por fin hablarles a los hombres (algo que las feministas llevamos pidiendo desde hace años). En una columna publicada en Animal Político, Ana Güezmes, representante de OnuMujeres en México, cuenta que la campaña —creada por la agencia de publicidad J.Walter Thompson— fue retomada en los medios de comunicación de más de 15 países alrededor del mundo; tuvo 400 menciones en medios internacionales, nacionales y locales; y más de 20 millones de reproducciones de videos en las diferentes redes sociales. Sin duda un éxito publicitario, si éste se mide solo a partir de reproducciones y menciones. Pero ¿así es como se debe medir el éxito de una campaña impulsada por un órgano como la ONU y presentada también por un órgano gubernamental como Inmujeres CDMX? Más importante aún: ¿Tuvo algún impacto en lo que al acoso se refiere?

La campaña parte de una premisa correcta: en vista de que la abrumadora mayoría de los acosadores son hombres, hay que hablarle a los hombres. Esto es un reclamo que surge desde el feminismo desde hace rato, y ya empiezan a verse campañas dirigidas a los agresores, y los que pocos ejemplos que tenemos no alcanzan a atinarle. ¿Qué está fallando?

En Colombia, la Secretaría Distrital de la Mujer en Bogotá acaba de lanzar una campaña bastante buena, orientada a promover masculinidades alternativas, en donde varios hombres, diversos, con quienes muchos tipos de colombianos pueden identificarse, cantan que son “hombres sin vergüenza“: “sin vergüenza de lavar, de planchar, de cuidar a los hijos” y la campaña añade “hacerlo con esmero y amor”. La cosa va de maravilla hasta que la canción cierra con el estribillo “soy un hombre de verdad”. Esta no alcanza a ser una campaña perfecta, pero al menos apunta a construir masculinidades solidarias y amorosas.

También está el pésimo ejemplo del comercial que la cerveza Tecate lanzó el año pasado, cuyos errores coinciden con la campaña #NoEsDeHombres, quizás porque ambas fueron engendradas en el mundo publicitario, un gremio machista (sí, el acoso sexual es pan de cada día), que además ha aprovechado el machismo, históricamente, para venderle cosas a la gente. Así nació la brillante idea de que las mujeres en bikini venden cualquier producto: tetas = líbido = hombres que gastan plata. O esta gran idea: aprovechar el machismo de los hombres para venderles respeto por las mujeres. Sólo que… un momento, ¡eso es imposible! Porque no se puede ser feminista sin antes deconstruir el machismo. Para los derechos de las mujeres no aplica la misma ecuación publicitaria, una ecuación que, dicho sea de paso, subestima y ridiculiza a los mismos hombres.

La campaña #NoEsDeHombres tiene cuatro partes: una se llama Pantallas, en donde graban culos de hombres, en el metro, como si los estuvieran morboseando, y los muestran en las pantallas. Los hombres ríen nerviosos, pero el ejercicio no alcanza a mostrarles la vulnerabilidad que nosotras sentimos. Luego está una intervención en una silla del metro, a la que le pusieron pectorales y el relieve de un pene. Como mujer heterosexual alcancé a entender el objetivo: mostrar ese asco que uno siente con los arrimones de los tipos en el espacio público. Pero esos arrimones son intimidantes no porque se sienta el relieve de un pene, sino porque no son consentidos. Los hombres del metro no rechazan la silla-pene porque recuerden algún avance sexual no consentido, la rechazan porque sentarse en un pene equivale a ser homosexual, a ser penetrado, a feminizarse, y eso, como lo confirma la práctica del albur, es a lo que más temen los machos mexicanos. Pero entonces la silla no comunica nuestra vulnerabilidad, solo aviva su homofobia. Finalmente la campaña tiene unos carteles con fotos de hombres con mirada lasciva, sucios, que se ven como malandros, como si los señoritos elegantes tipo los Porkys no fueran igual de amenazantes. Retratan a los hombres como seres decrépitos y asquerosos, con quienes los hombres reales que usan el metro, padres de familia, profesionistas, jamás van a identificarse, jamás se preguntarán ¿será que así soy yo? Como resultado el acoso vuelve a ser algo que hacen otros hombres, los lobos, los malos, y no es necesario hacer autocrítica y entender que los acosadores son ellos, hombres comunes y corrientes.

A pesar de las críticas, las organizaciones creadoras de la campaña dicen estar satisfechas. Parece que la agencia de publicidad hizo unos focus groups con hombres para preguntarles sus ideas sobre el acoso. Y como suele suceder con las lógicas publicitarias, se asumió que “el cliente siempre tiene la razón” y como los “clientes” aquí son “los hombres” terminaron haciendo un contrasentido: feminismo para gustarle al patriarcado. Los hombres del focus group que hizo la agencia de publicidad dijeron que “Si la frase dice ‘mujeres’ no siento nada, la verdad no me importa ni me preocupa…. si me dices que es una de las mujeres que a mí me importan pues no quiero que les pase nunca, ni yo hacerlo”. Quizás no estamos leyendo la misma frase. Tienes a un grupo de hombres diciendo que las mujeres les importan un carajo, ¡que no sienten NADA cuando leen la palabra mujeres! A menos que esas mujeres tengan un pronombre posesivo antes: “mi mujer, mi esposa, mi amiga, mi casa y mi carro nuevo”. Es decir, para esos hombres del focus group solo valemos en tanto propiedad privada. Luego de una declaración tan violenta, no extraña que nos acosen en el metro.

Pero la agencia de publicidad no estaba ahí para luchar contra el machismo, si ese hubiese sido el objetivo no se habrían rendido tan rápido en el intento de convencer a los hombres de que las mujeres somos personas. Estaban ahí para venderle un producto a los hombres, el producto era el sexismo benevolente, que a algunas organizaciones y al mismo gobierno les llega a parecer “mejor que nada”. Pero en realidad es peor que nada. Porque los hombres no aprendieron que no les pertenecemos. Al ver fotos de hombres con gestos lascivos, todos morenos, algo sucios, en camiseta, cof cof, de una específica clase social, es algo que conecta con el clasismo y el machismo de los hombres, no envía el mensaje de que deben respetarnos porque es lo justo, porque tenemos derecho a habitar el espacio público. Al ver el relieve de un pene en la silla del metro no sintieron el miedo, la invasión, la vulnerabilidad que sentimos nosotras, sintieron sólo el asco de su homofobia. Porque acosarnos, vaya y venga, pero ser jotos ¡jamás!

Luego de estos focus group se invitó a varias feministas independientes y de organizaciones a comentar la campaña. Aunque fui invitada no pude asistir, pero fuentes que sí estuvieron en estas reuniones cuentan que era más una presentación en sociedad de la campaña que una oportunidad para discutirla. Ya tenían las ideas de los hombres de su focus group ¿para qué más?

Dice Güezmes que “Fue una decisión consciente basar la campaña en un impacto real y no optar por una campaña políticamente correcta”. Quizás esa fue la intención, pero la campaña solo llegó a “equivocada”. Y creo que aquí es importante detenernos, porque cuando las organizaciones que pretenden defender los derechos de las mujeres se niegan a aceptar los errores diciendo que son “políticamente incorrectas” están usando el mismo argumento usado por Trump y la extrema derecha, las cosas van muy mal. Exigir una campaña buena no es una necedad política o una mojigatería de “expertas”. Lo exigimos porque somos las mujeres que vivimos en esta ciudad, que vivimos este acoso a diario, y tenemos que aguantar que nos digan que la idea de que las mujeres importamos “no es vendedora”. No se trata de “corrección política” sino de tomar responsabilidad por los efectos reales que tienen las palabras. No se puede combatir el machismo reforzando el machismo.

El gran punto ciego de la campaña es que los hombres nos acosan para reafirmarse como hombres. La masculinidad es una costa vistosa, frágil y pesada, como una lámpara de baccarat, y hay que que ponerla a prueba cada minuto. Una de esas pruebas es mostrar deseo sexual hacia las mujeres cercanas, que devenimos en vaginas y extensiones de su ego. Lo que se intenta aquí es cambiar un comportamiento de reafirmación de la masculinidad por otro comportamiento de reafirmación de la masculinidad. Y esto es lo que pasa cuando hay mucho de publicidad y poco de perspectiva de género.

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Lo político y lo correcto

Columna publicada el 20 de abril de 2017 en El Espectador.

La semana pasada, la Corte Constitucional emitió un fallo en el que se defiende a Héctor Sánchez quien, junto con sus padres, tuvo que soportar el matoneo y la discriminación de sus vecinos en Barranquilla por su orientación sexual durante 23 años. “Te voy a matar, marica hijueputa”, le decían a diario, y es evidente, por el contexto, que aquí la palabra “marica” se decía con sorna y odio, con intención de discriminación. Pero el fallo de la Corte no es contra una palabra, sino sobre su uso, pues la comunicación humana es tan compleja que podemos insultar y discriminar de múltiples maneras, y hasta con cosas tan mínimas como una mirada. Se trata de no caer en la trampa de perseguir las palabras, o las miradas, pensando que estamos atacando la discriminación.

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Las iguanas

Columna publicada en El Heraldo el 15 de abril de 2017.

Cuando era niña, los árboles de Barranquilla y sus alrededores estaban llenos de monstruos prehistóricos. Literalmente, pues las iguanas son primas en tercer grado de los extintos dinosaurios, y se dice que están presentes en la Tierra desde entonces. Algunas eran pequeñas, rápidas, como un led de verde brillante moviéndose entre los árboles. Otras eran gigantes, colosales, y si las atrapabas de la cola te la dejaban de recuerdo. Recuerdo también la crueldad de la gente: en recreo, los niños solían tirarles piedras a ver si alcanzaban a descalabrarlas. En los peajes siempre llegaban a vender los huevos de iguana, como un manjar, pero sin contestar por la vida del animal en donde estaban antes esos huevos. Hoy se hace evidente, por lo raro que es ver una iguana en la ciudad o sus alrededores, que las malas prácticas y la caza indiscriminada está acabando con las iguanas.

 

Las iguanas son un plato típico de Cuaresma porque precisamente ponen sus huevos en febrero y marzo. A las iguanas preñadas, que son más lentas, las cazan a mansalva con piedras y palos, las desgarran por sus uñas y tendones y la amarran para abrirles la barriga con cualquier cuchillo y de cualquier manera, y luego les dejan mal cosidos los vientres, para que los animales mueran poco después por infección o desgarramiento, y las pocas que sobreviven (apenas el 5%) quedan infértiles.

Hace cuatro años, en el 2013, el Instituto Von Humboldt y Ecopetrol hicieron una alianza para salvar estos animales. Uno de los puntos que señala el Instituto es que la carne de iguana es una importante fuente de proteína alterna (en Costa Rica le llaman “el pollo de los árboles”) y por eso es importante que no desaparezca. Sin embargo, las matan más rápido de lo que se reproducen. Además, los huevos ni siquiera se utilizan principalmente para satisfacer a la población local, pues quienes más los consumen son los turistas. No se trata de dejar de comerlas (de hecho, podríamos empezar a incorporar su carne, que solo se come en el Cesar y La Guajira, a la dieta de todo el Caribe. Pero no podemos hacerlo mientras estén en vías de extinción y sin tener unas condiciones de cultivo menos crueles y que le permitan a la especie sobrevivir. “En Colombia el conocimiento básico de las poblaciones de esta especie, así como los patrones de aprovechamiento por parte de las comunidades locales, es prácticamente nulo, por lo que garantizar su manejo y conservación mediante programas de zoocría, como se ha hecho hasta el momento, resulta incierto”, dijo al periódico El Tiempo la directora del Instituto, Brigitte Baptiste.

Mirar con amor al Caribe, valorar lo propio, también es conservar nuestra flora, nuestra fauna y nuestros recursos. Las iguanas han sido uno de los animales más emblemáticos del paisaje de la región, y desde hace más de 30 años nos están advirtiendo que cambiemos nuestras prácticas. Es hora de hacerlo.

Desprotegidas

Columna publicada el 12 de abril de 2017 en El Espectador.

La mayoría de los feminicidios no ocurren de un día para otro, dan señales bastante evidentes que hemos querido ignorar o, peor, normalizar como sociedad. La familia de Claudia Rodríguez, asesinada por su expareja, Julio Alberto Reyes, este lunes en el Centro Comercial Santafé, dijo a los medios que Reyes no solo la perseguía; ya le había dicho que la iba a matar, hace un mes le había dado una golpiza. Rodríguez llegó a Bogotá huyendo de Medellín para alejarse de Reyes. Acudió al menos 40 veces a la Policía y siempre le dijeron que no podían hacer nada. Ni siquiera el lunes, ante el secuestro de un hombre armado, pudo actuar con rapidez la Policía, pues les tomó al menos tres horas lograr detener al asesino. Para entonces Rodríguez ya estaba muerta.

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Catalina Ruiz-Navarro #Boldwoman #Todopoderosa

Entrevista por MyGirlStory publicada el 11 de abril de 2017.

 *Créditos de las fotos: Univision y Maria José Sesma

¿Quién es Catalina por Dios?

A ver… (Respiración profunda) pues yo soy heredera de un matriarcado de cuatro mujeres muy fuertes que yo admiro mucho, y digamos que para mí ese background de ellas tres es muy importante para construir mi identidad.

Soy Barranquillera, barranquillerísima, carnavalera, olimpiquista, Caribe. Soy una amiga muy leal. Me gustan los animales. Creo que mucho de lo que yo hago hoy en día es porque tengo muy buenos amigos que son muy inteligentes, con los que puedo tener conversaciones activas, vibrantes todo el tiempo. Entonces creo que uno también es esa red de gente que está ahí alrededor con quienes uno está intercambiando ideas.

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