adopción

Esencia de hombre

Columna publicada el 11 de mayo de 2017 en El Espectador.

Uno de los principales argumentos en contra del derecho a la adopción de tantos niños y niñas en Colombia por parte parejas del mismo sexo, solteros, solteras o personas viudas, es que para la crianza de las nuevas generaciones se necesita “una esencia femenina” y una “masculina”. Este parece ser un argumento irrefutable porque reafirma todas nuestras obsesiones binarias, pero eso no quiere decir que sea cierto. Para empezar, las mujeres hacen parte de la crianza, no como una esencia sino con todo el cuerpo. Las mujeres cuidan, por amor muchas veces, pero también porque no tenemos mucha elección en lo que respecta al trabajo de cuidado o de crianza. Lo que pueden enseñar las mujeres a las nuevas generaciones (que no es una sola cosa, monolítica o esencial porque todas las mujeres somos diferentes) suele ser siempre parte de la crianza.

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¡Qué vergüenza!

Columna publicada el 14 de noviembre de 2015 en El Heraldo

Llevo dos semanas –desde que en Colombia se aprobó la adopción igualitaria– leyendo sus mensajes homofóbicos en redes sociales. Me dirijo a ustedes específicamente: costeños, compañeros de colegio, padres y madres de mis amigos, gente que como yo, tuvo el privilegio de una buena educación, que hemos tenido familias, casa, comida, con quienes he compartido cenas navideñas con arbolitos llenos de regalos.  “Yo respeto mucho a los gays, y de hecho tengo varios amigos gais y los quiero, pero no me parece que adopten” que no es más que otra versión del clásico “no soy racista, pero negro ni el teléfono”, o para que sea más claro, lo que están diciendo es que los homosexuales son sus amigos pero que no quieren que tengan sus mismos derechos. Les tengo una noticia: eso no es ser amigo de nadie.

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El profesor, el periódico, la universidad

Columna publicada el 19 de febrero de 2015 en El Espectador.

Mientras escribo esta columna se debate en la Corte Constitucional si será posible la adopción conjunta por parte de parejas del mismo sexo. Estamos en un momento del debate en el que los argumentos en contra de la igualdad son insostenibles en el marco del país que nos inventamos, la Constitución que acordamos, y las tendencias mundiales. Por eso, incluso si la Corte decide echarle la papa caliente al Congreso, la adopción igualitaria sucederá, la pregunta es cómo y cuándo. En un momento culmen de este juego biopolítico (protagonizado por el médico, el abogado, el enfermo, el loco, es decir, los sospechosos foucaultianos de siempre) la última carta conservadora ha sido inmolar el prestigio de sus discursos de autoridad.

“Aceptaron” la renuncia de Yohir Ackerman en El Colombiano por una columna que no rompía ninguna regla ética del periodismo. Aunque El Colombiano, como medio privado, puede elegir a los columnistas que quiera, la salida de Ackerman los deja, ante los lectores y el gremio, como un medio que no respeta la pluralidad y la libertad de expresión.

La Universidad de La Sabana, emite un concepto para la Corte Constitucional en donde contradice abiertamente el modus operandi académico, -que mantiene el el talante hipotético de sus afirmaciones, consciente de que que los paradigmas se renuevan. Mientras las otras universidades dicen que no hay argumentos para probar que los homosexuales no puedan adoptar, la Sabana invierte el papel de la consulta, cierra el dogma, y acomoda pruebas a una creencia política. Es un proceder contra-académico y anti-democrático.

Encima, a un profesor lo graban en una cátedra de derecho constitucional diciendo que los homosexuales son enfermos. Si lo hubiera dicho en una clase de psicología, medicina o psiquiatría, habría caído en una franca mentira, pero como en el derecho las cosas son interpretables y discutibles su discurso (que además coincide con la agenda de la universidad) cae dentro de la libertad de cátedra. Sin embargo, sus estudiantes tienen todo el derecho de grabarlo y divulgar la grabación. El discurso de profesor en clase es público, se dice con una intención explícita de que se recuerde y se registre, por eso los estudiantes toman nota: en el examen les van a preguntar qué dijo el maestro. El estudiante que filtró las grabaciones tiene todos los derechos sobre su experiencia de vida (estar en esa clase) y puede contársela a quien quiera. Además es deseable que las discusiones del aula lleguen al debate público.

El Estado liberal, no puede existir sin que hagan parte del debate nacional estas posturas que parecen absurdas; tolerar al intolerante es la apuesta más radical de la democracia. Creer que podemos construir un país en donde quepan todas las opiniones y cuya discusión pública le dé forma a las leyes y a la sociedad, es precisamente lo que significa ser liberal. El profesor, el periódico y la universidad se juegan todo en el prestigio de su firma (del que se supone que depende que la gente que quieran matricular la clase, ir a esa universidad, leer el periódico), al hacer afirmaciones que contradicen los estándares de sus oficios. Quizás, suponen que riesgo no es tan alto porque estamos ante una red de poder, en donde una porción importante de los lectores de El Colombiano estudian en La Sabana y trabajan en la Procuraduría, y mientras más fervor en sus creencias tengan más sostenible es su microclima ideológico y económico, que les permite evadirse del debate ilustrado. Pero hoy, las creencias no bastan para sostener la credibilidad, y decida lo que decida la Corte, la sociedad terminará por cobrarles haber arruinado en vano el prestigio de sus discursos de autoridad con el fin de defender unos prejuicios anacrónicos que tienen por consecuencia dejar a niños y niñas sin hogar.

 

Adopción igualitaria

Columna publicada el 23 de enero de 2015 en El Heraldo.

El año pasado, la Corte Constitucional falló a favor de la adopción de la hija de Ana Leiderman y Verónica Botero, dos madres que desde el 2009 lideran la batalla judicial por el derecho a la adopción igualitaria en Colombia. Aunque en los medios, la decisión se presentó como un “fallo histórico”, para muchos resultó decepcionante, pues el fallo solo permite la adopción consentida, es decir, adopción en casos en que uno de los o las demandantes sea el padre o madre biológica del hijo, algo que en Colombia no estaba prohibido.

Desde el sonado caso de Chandler Burr, quedó claro que la adopción individual para homosexuales está permitida en el país. La adopción consentida caía en una zona gris que se disipó con el fallo a favor de Leiderman y Botero. El caso de ambas mostró que en Colombia se dan, desde hace muchos años, familias en las que los padres o madres son parejas homosexuales; son vínculos de amor y de cuidado que ocurren con independencia del beneplácito de la Corte o la Procuraduría, y que han fundado familias estables con niños que crecen felices. El problema es que han estado todo este tiempo desprotegidos, pues si el padre o madre biológico falta, su pareja no puede hacerse cargo del hijo o tomar decisiones importantes. Sin embargo, la adopción consentida beneficia de manera desigual a las parejas de mujeres frente a las de hombres, pues en el primer caso resulta más fácil y probable que una de las dos sea la madre biológica del hijo.

Lo que se está discutiendo en estos momentos en la Corte Constitucional es la última frontera de la adopción igualitaria en Colombia: la adopción conjunta, en la cual ninguno de los adoptantes tiene que ser el padre o madre biológico del adoptado, una medida que beneficiaría a alrededor de 7000 niños, que según el último informe del ICBF, que están en condiciones difícil de adopción por tener más de 7 años o alguna situación de discapacidad. “Un fallo a favor de la adopción simplemente diría que la orientación sexual de la persona, o de la pareja, no puede ser un elemento por el cual se excluya la posibilidad de adoptar. Así, cada vez que el ICBF tenga que estudiar un caso donde la pareja sea de homosexuales, sencillamente tendrá que revisar todos los requisitos normales que se necesitan para cualquier adopción.” dice Eliana Robles, la abogada de Colombia Diversa que está llevando el caso ante la Corte Constitucional.

A favor de la adopción igualitaria ya se han pronunciado el Ministerio de Salud, la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía, la Universidad del Norte, la Universidad de Medellín, la Javeriana (que es Pontificia), la iglesia Luterana y organizaciones como DeJusticia, Diknos, la Comisión Colombiana de Juristas, y Profamilia. En cambio, los conceptos en contra son escasos y para sorpresa de nadie vienen de la Procuraduría, la Universidad de La Sabana y de la Iglesia Católica. En Colombia, cada semana mueren de cuatro a cinco niños de hambre. Es evidente que el problema no tiene que ver con escasez de alimentos sino con un descuido y desamparo sistemático de la niñez en el país. En este contexto, cualquier decisión que entorpezca las posibilidad que los niños y niñas de Colombia tengan un hogar estable y feliz, es cruel y mezquina; ningún prejuicio absurdo debe interponerse ante el bienestar de la niñez.