Alejandro Char

Al son que me toquen bailo

Columna publicada el 10 de septiembre de 2016 en El Heraldo.

Arturo Char, senador de Cambio Radical y hermano del alcalde de Barranquilla, acaba de hacer público su voto por el “Sí” en el plebiscito con una salsa, compuesta por él mismo, en donde invita a decir “Sí a la paz”. Así lo reveló La Silla Caribe, en una entrevista reciente en donde le preguntan al senador por qué su preferencia es tan unívoca, cuando el líder de su partido, Germán Vargas Lleras, y su mismo hermano (que tiene aspiraciones a la vicepresidencia en clave con Vargas Lleras), se han mostrado ambiguos en su “sí, pero con reservas” a los acuerdos de paz. Arturo Char contesta que tanto el vicepresidente como el alcalde apoyan el proceso “a su manera”, que están “muy ocupados”, “con muchas cosas en la cabeza”, que las reservas son técnicas y que todos, como él, están emocionados.

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De paraíso a purgatorio

Columna publicada el 20 de agosto en El Heraldo.

De eso tan bueno no dan tanto, parecen decirle a la ciudad el alcalde y la Constructora Bolívar con su anuncio de que las 51 hectáreas de terreno, liberadas por el Batallón Paraíso, no serán todas para el disfrute de todos los barranquilleros. 34 hectáreas serán para espacio público (¿pavimentado?) y solo 25 hectáreas se destinarán a hacer un parque (que ellos llaman “megaparque” aunque ni se compara con las 283 hectáreas que tiene el Parque Nacional o las 400 del Parque Simón Bolívar). El resto del terreno será para vías, y 17 hectáreas para edificaciones en donde piensan embutir 6.000 viviendas en torres de hasta 20 pisos. Imagínense el infierno que va a ser, en términos de tráfico, los al menos 6.000 vehículos que tendrán que transitar por la zona.

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Las marchas del odio (y una esperanza)

Columna publicada el 13 de agosto de 2016 en El Heraldo.

Las Marchas de odio el miércoles en Barranquilla son una vergüenza para la ciudad. Fue un tenebroso contrasentido llenar la Plaza de la Paz con un reclamo por la discriminación y la violencia; un testimonio de la ignorancia y fanatismo conservador de muchos barranquilleros. El alcalde Char, como sabe que esos son votos, dio unas declaraciones ni fu ni fa: “Barranquilla es incluyente pero cree en los valores familiares”. Pero no, Barranquilla no es incluyente, y usa el término “valores familiares” para justificar una discriminación que, además de ser inconstitucional, cobra vidas: el Caribe es la región de Colombia con más crímenes de odio contra la población LGBTI.

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Ser rebolero aguanta

Columna publicada el 30 de julio de 2016 en El Heraldo.

Cerca de 200 personas marcharon este viernes hacia los Tres Postes, en Rebolo, para decirle a Barranquilla que están orgullosos de ser reboleros, y para manifestar su intención de cambiar el estigma que viven los habitantes del barrio en la ciudad. Los Tres Postes ha sido denominado por la prensa uno de los lugares más peligrosos de toda Barranquilla. Los reboleros se quejan de que lo único que se dice en la prensa del barrio tiene que ver con el crimen, y que nunca se habla de las cosas buenas que sí pasan, de sus aportes culturales, de sus jóvenes talentos futboleros, ni del trabajo o las ganas de salir adelante que palpitan en el barrio.

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Isocromática

Columna publicada el 16 de abril de 2016, en El Heraldo.

Los primeros 100 días del reincidente alcalde Alejandro Char en la ciudad de Barranquilla han sido la luna de miel de la unanimidad. Según muestra La silla Caribe, en Barranquilla no hay ningún tipo de oposición política y hasta los del Polo son vargaslleristas. 21 de 21 concejales están alineados con la administración Char y le aprueban todos los proyectos que presenta. La suma de sus últimas propuestas llega a los 1,6 billones de pesos para realizar obras, comprometiendo vigencias fiscales futuras, que sí, parecen ser urgentes y necesarias para la ciudad pero cuyo desarrollo no se presenta con transparencia. Sin embargo, lo que es raro aquí es que no es común que a alguien le suelten tanta plata, ni tan fácil, ni sin que sea claro si pertenecen al Plan de la administración de Elsa Noguera o al de Alex Char. Tanto dinero se justifica en obras necesarias para la ciudad, pero nadie habla del altísimo riesgo de endeudar a la ciudad que, aunque contó con el buen manejo financiero de la alcaldesa Noguera, todavía está en deuda. Pero bueno, digamos que todo, todo, se arregla con Old Parr.

Y no es que Char sea un mal alcalde. Es un tipo encantador que pasa del bordillo al coctel del Country Club. Encarna al barranquillero aspiracional y por eso nos cae bien a todos. Y sí. Ha hecho cosas. Lo que se nos olvida a los colombianos es que “hacer cosas” es lo mínimo que debe hacer un alcalde, y que somos nosotros, los ciudadanos, los encargados de ponerle los límites a cada administración. La unanimidad que rodea a Char inhibe el debate ciudadano, y eso, les aseguro, es lo peor que le puede pasar a la ciudad. ¿Qué es lo que no vemos en esta fantasía dionisíaca? ¿Qué pasa cuando no somos críticos con la ciudad? Por ejemplo: ¿cómo es que nadie se queja de la medida de militarizar Barranquilla? En cualquier otra ciudad, como Medellín o Bogotá, el debate habría sido álgido. En cambio aquí no pasó nada, y eso es especialmente absurdo porque esta es una ciudad que, tradicionalmente, se ufana de “mediar con cheveridad”.

En el momento en que llega un arma, se acaba esa “cheveridad”.Es una tristeza que una ciudad que se fundó bajo los valores de la apertura y la irreverencia, una Barranquilla con ‘meke’, haya terminado por morderse la cola. La rebelde y transgresora burguesía de ayer se convirtió en la aristocracia apoltronada de hoy, y ahora somos coloniales, conservadores, tradicionalistas (y en el peor de los sentidos). Se nos olvidó lo que era estar sentados en una mata de cadillo.Una fuente le dijo a La Silla Caribe que irse contra el alcalde es como irse contra el Junior. Y ya saben, que los barranquilleros somos ¡trojeros, junioristas, olimpiquistas! (Hasta yo lo digo hinchando pecho, pero no sin olvidar que Olímpica Estéreo, y hasta el Junior son de los Char). Somos ¡isocromáticos, mi rey! Y sí, porque imagínense que isocromático significa “del mismo color”. Miren qué tristeza, nosotros, los corronchos, los multicolores, los caleidoscópicos, nos alineamos a la camisita Polo rosada y terminamos “ique de isocromáticos”. ¡Ñeeeeee!

Cirugía con un sable

Columna publicada el 31 de octubre de 2015 en El Heraldo

Hace años los barranquilleros nos ufanábamos de tener una ciudad tranquila y feliz. Fue sorprendente que la brutal violencia del narcotráfico fuera mucho menor en Barranquilla. Sin duda, tuvimos miedo, pero no fue nada comparado con lo que vivieron Bogotá, Cali o Medellín. En tiempos de La Violencia, con mayúsculas para diferenciar el periodo de la violencia perpetua que ha tenido Colombia, Barranquilla fue un remanso. Al punto que, en 1950 y 51, mientras en otras ciudades del país se hablaba del “corte de corbata”, aquí se publicaba la revista Crónica, y los intelectuales podían darse el lujo de hablar de deporte y literatura, de irse a tomar y conversar a La Cueva, dando origen al modernismo colombiano.

Por eso, al principio fui escéptica ante las historias de atracos en Barranquilla. No fue sino hasta que, en vísperas de Carnaval, un tipo en una moto le sacó un arma a mi mamá para robarle la billetera y el celular. Eran las siete de la noche en el barrio Boston. La cosa no pasó a mayores, pero nos quedó claro que ahora en Barranquilla toca “cuidarse”. Esa sensación de inseguridad fue uno de los motores del voto para la Alcaldía, y, cómo no, todas las campañas para la Alcaldía lo capitalizaron. Días antes de su elección, el electo alcalde Char dijo que “si la Policía no puede garantizarles la seguridad a los barranquilleros, pediré al Ejército que salga a las calles a ayudar”.

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