Bogotá

Por el derecho al trabajo sexual digno y seguro

Columna publicada el 14 de diciembre de 2016 en El Espectador.

Este martes, las organizaciones Parces y Paiis presentaron el informe Ley entre Comillas, sobre las condiciones del trabajo sexual en Bogotá. Lo que el informe muestra es alarmante: los estigmas sociales hacen del trabajo sexual un territorio sin ley, sin empatía o solidaridad ciudadana, y en donde muchas vulnerabilidades se juntan para dar ocasión al abuso y la violencia.

El segundo mayor miedo de los y las trabajadoras sexuales, después de contraer una enfermedad de transmisión sexual, es ser asesinadas, y que enfrentan violencias cotidianas por parte de los clientes, los ciudadanos, los patrones y la misma Policía. Esto último es especialmente preocupante, porque para las trabajadoras sexuales de la ciudad el uniforme verde se ha convertido en una amenaza más. El 74 % de las personas encuestadas en el informe recibieron violencia verbal por parte de la Policía, el 62 % violencia física, el 51 % extorsión, el 39 % violencia simbólica, el 35 % retención de documentos y el 34 % violencia sexual. Lo que estas cifras muestran es que a los ojos del orden público no todos los ciudadanos y las ciudadanas somos iguales. Quizás uno de los castigos arbitrarios más frecuentes es que las lleven a la UPJ, que es una especie de purgatorio urbano al que todos y todas le tenemos miedo, pero en donde solo acaban quienes menos privilegios tienen. La UPJ hace mucho tiempo dejó de cumplir su función, que era proteger a los ciudadanos, y se convirtió en una de las formas más efectivas de amenazarlos. Entre las violencias que viven las trabajadoras sexuales también se incluyen las que viven las mujeres trans, que reciben golpes en la cara, en los implantes, ataques que tienen una evidente objetivo: negar su identidad. Por otro lado, las condiciones laborales de las trabajadoras sexuales son de extrema desprotección: el 88 % de las encuestadas en el informe no cotiza pensión y el 65 % no hace parte de un sistema de salud.

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Chismosas

Columna publicada el 27 de octubre de 2016 en El Espectador.

Hace unos días el Distrito de Bogotá sacó en Transmilenio unas piezas de publicidad gráfica para anunciar que los robos en este sistema de transporte público se han reducido en un 42%.

El material está compuesto por cuatro piezas, cuatro intrascendentes y dos sexistas. Los medios lo reportan usando expresiones como: “califican de”, “las redes sociales dicen” que es “sexista”, con la palabra entre comillas como si estuviera en duda, pero ninguno se atreve a decir que en efecto lo es, como si no fuera claro y evidente. Se trata de dos fotos: en una aparecen dos mujeres hablando y en la otra un hombre hablando por celular con un maletín. Hasta ahí vamos bien, ellas podrían ser compañeras de trabajo planeando una reunión, él podría estar armando cizaña, no lo sabemos. Pero en la foto de las mujeres se lee “Transmilenio más seguro a la hora del chisme” y en la del hombre “incluso a la hora de los negocios”. Porque ya ven, parece que los hombres hacen negocios y las solo mujeres echamos chisme. Es decir: las dos piezas gráficas nos muestran esos prejuicios que tenemos todos y que corresponden a unos estereotipos de género falsos y dañinos.

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Alcalde Peñalosa: ¿qué pasa con los Centros Amigables?

Columna publicada el 25 de mayo de 2016 en El Espectador.

Parece que los Centros de Servicios Amigables en salud sexual y reproductiva para las mujeres, de la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá, han suspendido funciones desde que llegó Peñalosa.

Los Centros Amigables fueron creados durante la pasada administración para prestar servicios de información y atención en salud sexual y reproductiva. Entre esos servicios, por supuesto, estaba el de la interrupción voluntaria del embarazo, bajo las tres consabidas causales establecidas en la Sentencia C-355, que acaba de cumplir diez años. Los Centros han funcionado en varios hospitales de la red pública hospitalaria de Bogotá y prestado servicios a mujeres que se encuentran en situación vulnerable (el aborto nunca ha sido del todo inaccesible para las clases altas). En 2013 me entrevisté con una de las médicas prestadoras del servicio en el Hospital de Suba, quien me contó del caso de una mujer, madre soltera, con tres hijos: uno con una discapacidad cognitiva severa y el mayor con un trastorno psiquiátrico que lo llevó a pegarle a su madre durante un embarazo y le produjo aborto séptico. La mujer había quedado embarazada de nuevo y se acercó al Centro para un aborto por causal salud mental. Este es uno de los tantos casos que hasta hace poco llegaban a los Centros, que han sido una forma efectiva de garantizar el acceso al derecho al aborto de manera transparente; y por eso han sido una opción vital para muchas mujeres: casi 1.100 al año, más del 20 % del total de los abortos practicados en la red pública (5.000 en promedio).

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La molicie

Columna publicada el 26 de marzo de 2016 en El Heraldo.

Aunque conocí la obra de Enrique Grau desde que era pequeña (sus exposiciones eran comunes en Barranquilla), su trabajo apenas se mencionó de pasada cuando vimos la case de Historia de arte en Colombia, en la Javeriana, en Bogotá. Grau era, para la academia del altiplano, demasiado figurativo, demasiado “bonito”. Historiadores como Mario Rivero hablan de que Grau está  “a la búsqueda de La Belleza, como la verdad primera y última de su pintura. De la belleza sin ninguna otra intensidad”.

Y es en éste sentido precisamente, porque no se sale de este objetivo, sino que permanece anclado en él como en un puerto seguro, que lo ha mantenido a salvo de los vientos exteriores, que los acontecimientos modernos no lo han apartado de su búsqueda, sino que apenas le han creado una relación más tensa con ella”. Aunque esta percepción es acertada, se presta para la lectura de que la obra de Grau fue estática, anticuada, o desvinculada de las conversaciones del mundo del arte. Muchos atribuyeron el éxito de su pintura a su capacidad técnica, y otros dijeron que sus “pueblerinas endomingadas, desterradas a la buhardilla, que reasumen lánguidamente su papel señorial de ociosas, frecuentemente distraídas, atolondradas, que no parecen tener que hacer distinto a disfrazarse” eran superficiales.

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Causal salud mental

Columna publicada el 26 de agosto de 2015 en El Espectador.

El 31 de julio tuvo lugar un supuesto debate sobre la legitimidad de la causal salud mental para acceder al derecho a la IVE en Colombia en el Concejo de Bogotá.

Digo supuesto, porque sólo participaron los concejales anti-derechos de las mujeres, con sus tradicionales intervenciones farragosas que aburrieron a todos porque es claro que fue un intento de crear polémica para tener visibilidad antes de las elecciones. Los concejales embistieron contra la administración de Petro, atacando los Centros de Servicios Amigables en salud sexual y reproductiva para mujeres de la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá. Los anti-derechos enviaron al hospital de Suba a un par de mujeres que no estaban embarazadas y que pidieron información sobre la interrupción legal y segura del embarazo, y grabaron una conversación en que los médicos les explicaban sus opciones legales. Según los concejales, brindar información sobre salud sexual y reproductiva es promover el aborto y un gasto injustificado del dinero estatal, obviando que la Corte ha dicho en varias ocasiones (Sentencia T-627/12) que el Estado debe promover campañas masivas en salud sexual y reproductiva para que las mujeres conozcan sus derechos.

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