Champeta

Las perras

Columna publicada en I-D Vice el 10 de junio de 2016.

Agitar la pelvis es una experiencia inesperadamente empoderadora.

Inesperada, porque durante mucho tiempo nos han dicho que perrear es violento y degradante para las mujeres, que ser “una perra” es malo, y que el mote debe evitarse como una señal de amor propio.

El origen de este prejuicio va más o menos así: las mujeres somos sexualizadas desde que somos niñas, por medio de esta sexualización, no pedida, terminamos siendo tratados como objetos sexuales. Objetos, no sujetos, porque nadie nos pregunta si nos pueden sexualizar. Esto es lo que se llama el “male gaze” y durante años, como los hombres dominaban la producción y creación de referentes culturales, el lugar de las mujeres suele ser el de interés romántico o sexual, objeto de deseo o token de poder. Este tipo de representación es común en toda la producción cultural occidental, desde el Reggaeton hasta el Rock and Roll, no se salva nadie.

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La niñez erótica

Columna publicada el 2 de diciembre de 2015 en El Espectador.

Entre las perlas macondianas del Concejo de Cartagena está un nuevo invento que ha dado mucho de qué hablar este año: el plan del concejal Antonio Salim para prohibir los bailes dizque eróticos en Cartagena.

La motivación es bastante mundana: por ahí hay varios políticos que le tienen ganas a la creciente población de cristianos en la región —fácilmente reconocibles en las fiestas navideñas porque, aunque dicen que la “danza” es sólo para alabar a Dios, uno los ve, como caribeños que son, moviendo involuntariamente los hombros o el pie al son de los tambores, pero sin pararse de la silla—, pero tiene una justificación populista con la que muchos han llegado a estar de acuerdo: pensar en los niños. “Pensar”, que no hacer, pero ese es otro tema.

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‘Clasirracismo’ por baile

Columna publicada el 1 de agosto de 2015 en El Heraldo

Como ya sabemos, los concejales cartageneros están intentando ganarse el voto cristiano a punta de discriminar y entorpecer la libertad de expresión de los cartageneros. A los concejales no les gusta que les señalemos eso, y por eso me dijeron “estúpida” en su sesión del 12 de julio. Sin embargo, su mañoso proyecto anticonstitucional oculta un sinnúmero de prejuicios dañinos para el pueblo Caribe, que seguiremos tratando en este espacio. Concejales: ¡su tormento soy yo!

Así que volvamos a la columna del abogado Eduardo Varela Pezzano en Ámbito Jurídico. El jurista comenta desde su tónica liberal: “Personalmente, yo no bailaría champeta en una esquina o en un parque, ni iría a ver cómo otros bailan en la calle. Ustedes, que leen artículos jurídicos, seguramente menos.” La afirmación es curiosa porque asume que los lectores de artículos jurídicos tampoco bailarían. ¿Por qué? En otro párrafo de la columna el articulista nos da una pista: “es algo propio de los populares de Cartagena”. ¿Es que en esos barrios no hay personas que estudian Derecho y tienen acceso a Internet para leer Ámbito Jurídico? Si no las hay, lo que tenemos entre manos es un gravísimo problema de oportunidades, segregación y movilidad social, cuya solución es muchísimo más urgente que regular los bailes de los cartageneros.

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Sexo por baile

Columna publicada el 18 de julio de 2015 en El Heraldo

En una columna de Ámbito Jurídico, el abogado Eduardo Varela Pezzano habla de “El problema de prohibir los bailes eróticos en Cartagena”. Aunque el abogado argumenta que el proyecto no debe prohibir bailar reguetón o champeta a los adultos, está de acuerdo con “regular los bailes sexuales o eróticos de menores de edad”. “Los niños y niñas tienen que divertirse, pero sin incitar deseos sexuales que puedan llevar al riesgo de embarazo a una temprana edad por culpa de los colegios. Aquí no hay nada que discutir”. Yo en cambio creo que lo que hay que discutir en esa afirmación es mucho. ¿Qué es un contacto físico de tipo sexual? ¿Cuáles son los bailes de niños y cuáles son los bailes de adultos? Creo que en el debate sobre el proyecto censor del Concejo cartagenero se está dando por sentado que el reguetón y la champeta son “bailes sexuales y eróticos” y que sus movimientos pélvicos “incitan al deseo”.

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Embarazo por baile

Columna publicada el 11 de julio de 2015 en El Heraldo.

Ren McCormack, encarnado en Kevin Bacon, es un adolescente que creció en Chicago y se muda con sus tíos a Bomont, un pueblito donde el concejo del pueblo ha prohibido la música rock y el baile. McCormack argumenta en contra de la medida citando unos versos de la Biblia, para que las autoridades ultraconservadoras entiendan el mensaje en su propio idioma. La esposa del reverendo Moore (líder del pueblo) le dice a su esposo que no “puede ser el padre de todos” y queda especialmente aterrada cuando la cosa escala a la quema de libros que puedan ser “peligrosos para la juventud”. Al final, la prohibición no se levanta y los adolescentes resuelven hacer su fiesta de graduación en una granja en las afueras. Footloose está basada en la historia real de una pequeña comunidad rural y religiosa, Elmore City, en Oklahoma, y está a punto de repetirse en, ni más ni menos, una de las ciudades con mayor patrimonio cultural y rítmico del mundo: Cartagena.

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Homicidio por baile

Columna publicada el 6 de junio de 2015 en El Heraldo.

Hace unas semanas, el alcalde de Cartagena, Dionisio Vélez, soltó los siguientes tuits: “No podemos permitir que los Pick Up (sic) se conviertan en fuente de alteración del orden público.”, “El principal objetivo es ejercer controles más estrictos, sobretodo (sic) en aquellas poblaciones donde se ha registrado homicidios por bailes (sic).”, “Además de ser irregulares los Pick Up son desconsiderados con los vecinos. Debemos amparar el derecho a la tranquilidad y el descanso.” El alcalde se refiere, con su elegante inglés, a las fiestas de picó que hacen cada quince días en la Plaza de toros los picoteros y champeteros de Cartagena. Fiestas que desde sus inicios han sido estigmatizadas (la misma palabra ‘champeta’ significa feo, ordinario) y se cree que el público de estos eventos está constituido por ‘la peor ralea’ que hay en la ciudad de Cartagena, son los negros y los pobres (y los negros pobres).

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