cultura

Cielo rojo

Columna publicada en El Heraldo el 6 de agosto de 2016.

Uno de los recuerdos más emotivos e impactantes de mi niñez tiene que ver con ese cielo rojo que sirve como fondo para el imponente telón de boca del Teatro Amira de la Rosa, pintado por Alejandro Obregón. Obregón era un gran colorista, y Se va el caimán, como se titula el telón, es uno de sus mejores trabajos; los ojos del espectador se mueven en su superficie como llevados de la mano del pintor. Ese rojo, intenso, es un rojo tan rojo, que de repente se parece al azul azulísimo del cielo barranquillero. Lastimosamente esta sinestesia se convirtió en una dura realidad la misma semana que cerraron el teatro, y el Festival de Danzas Estefanía Caicedo quedó literalmente en la calle. Les tocó hacer el festival afuera del teatro, alrededor de la fuente, usando como camerinos el parqueadero y maquillándose debajo de los árboles.

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Desidia en el Amira

Columna publicada en El Heraldo el 23 de julio de 2016.

Una nota de Publimetro anunció esta semana que hay planes de cerrar durante tres años al Teatro Amira de la Rosa por arreglos y remodelaciones. Se prevé una inversión de 100.000 millones de pesos, y se espera que el primero de agosto el gerente General del Banco de la República, José Darío Uribe, de a conocer el proyecto. En una nota de EL HERALDO se habla de que iluminación y el sonido serán la prioridad en la “modernización” del teatro, pero otros afirman que la cosa es mucho más grave, que el teatro Amira de la Rosa se está cayendo.

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Youtubers en la Filbo

Columna publicada el 27 de abril de 2016 en El Espectador.

Lo verdadero es bello y bueno. Esta es una idea platónica que ha navegado a través del tiempo y a través de toda una corriente estética que equipara el buen gusto con la virtud moral.

Quien sea realmente bueno, podrá comprender lo bello. La idea sigue siendo parte de nuestra cultura, una cultura que hoy le hace un culto extremo a la identidad. Y esa identidad se construye a partir de decisiones estéticas, cuando decimos que nos gusta tal o cual tipo de música, o que nos gusta leer a tal autora o autor le estamos haciendo un manifiesto al mundo sobre nuestra identidad: estos son los valores, las formas de vivir que me gustan. Ser una persona “culta” significa tener una serie de valores morales y también pasar una serie de pruebas de lo que en inglés se llama “name dropping”: citar autores, hablar de nombres rimbombantes; si le atinas a los correctos, entrarás al club de la persona “culta”, así, como en El traje del emperador.

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Aborto: un derecho para todas

Columna publicada el 2 de octubre de 2015 en Sin Embargo.

Durante años, el movimiento en favor de que las mujeres puedan decidir sobre su cuerpo (una autonomía que implica muchas cosas, desde poder escoger si usar burka o minifalda hasta el derecho al aborto), ha tratado de desmitificar la idea de que las mujeres que abortan son brujas malvadas e irresponsables, como las que nos inventan los medios y las telenovelas. En el universo de Televisa, una mujer que aborta tendrá una muerte inminente. Curiosamente, los hombres que preñan a estas mujeres que abortan no aparecen en nuestro imaginario, ni mediático ni de la ficción, no son acusados de irresponsables y no cargan con ningún estigma. Nos niegan la información y la posibilidad de decidir, pero si algo no sale como se esperaba, la culpa y la responsabilidad es sola y completamente de las mujeres.

Desde varias esquinas de los feminismos hemos tratado de explicar que es una tortura obligar a una mujer a llevar a término un embarazo cuando el feto es incompatible con la vida, hemos tratado -muchas veces sin suerte- de hacer que la gente empatice con las víctimas de violación y con el horror que significa tener el hijo del agresor. Hemos repetido una y otra vez, que aunque el aborto es un procedimiento sencillo y ambulatorio, la decisión, y menos en un contexto como el nuestro nunca es trivial. En sociedades aferradas a una moral machista y judeocristiana como las nuestras, el aborto si no es un crimen, por lo menos sigue siendo un pecado -inventado por hombres que después se creen magnánimos al “absolvernos”-, por eso humanizar a las mujeres que deciden tener un aborto es necesario, mostrar los horribles escenarios a los que se enfrentan las víctimas de la prohibición es necesario. Pero ya es hora de también decir, que el aborto debe ser para todas, no solo para las mujeres que enfrenta violencias o situaciones médicas extremas. El acceso a los derechos no puede ser solo para las mártires.

El derecho a decidir sobre nuestro proyecto de vida debe ser para todas, y en ese marco, la maternidad no es una decisión menor. Todas las mujeres deberíamos poder elegir cuándo, cómo, y si queremos ser madres, pero para que esto suceda se tienen que juntar un montón de factores que van desde la educación sexual oportuna hasta la posibilidad de abortar (pues ningún anticonceptivo, y sobre todo, ninguna persona es infalible). El acceso a un derecho como el aborto está mediado también por la raza, la etnia y la clase social. En los países en donde está prohibido, las condiciones del aborto dependen de cuánto puedas pagar. En los países en donde el derecho al aborto está garantizado por la ley, la educación en derechos sexuales y reproductivos se imparte con la misma desigualdad de clase, y las mujeres pobres ni se enteran que pueden abortar. Todas las mujeres deberíamos tener la información y las condiciones legales y médicas para tener soberanía sobre nuestros cuerpos.

Una de cada cinco mexicanas ha abortado (18 por ciento según cifras de CONAPO). Según un estudio del Instituto Guttmacher (2009) en México se realizan un millón de abortos al año. En Colombia, al año, hay un promedio de 400,000 abortos inducidos y unos 911,897 embarazos no deseados al año, según datos de 2011. El aborto no es un evento excepcional, es parte de la experiencia de la vida de todas las mujeres. Quienes nunca han tenido un embarazo indeseado y no se han enfrentado a esta decisión, quizás han apoyado y acompañado a alguien que sí, o como mínimo conocen a alguien que se hizo un aborto en secreto.

Así que el problema no es que se practican abortos, eso es de toda la vida, el problema es que teniendo la tecnología médica disponible, las mujeres aún tienen que ponerse en peligro de muerte para para tomar una decisión sobre su vida. En México, entre 1990 y 2012 murieron 2109 mujeres por causas de aborto, el 11 por ciento de las muertes maternas en el año 2010 según cifras oficiales de la Secretaría de Salud. La crueldad de este 11 por ciento recae en que son muertes innecesarias. Por eso, el aborto no es malo en sí. Lo malo, es que sea ilegal, y que tantas mujeres latinoamericanas terminen en la cárcel o judicializadas. No se trata de reducir el número de abortos, legal o no, las mujeres deciden abortar cuando lo creen necesario; se trata de reducir el número de embarazos indeseados, para que las personas con útero funcional puedan tener una vida sexual más segura.

A pesar de los restrictivas que siguen siendo las leyes latinoamericanas, especialmente en Centroamérica y el Caribe, hemos avanzado mucho en la discusión. Chile, que tras la dictadura quedó con una de las leyes más restrictivas del continente, está pro fin en proceso de legalizarlo. Recientemente en Colombia, la fiscalía intentó perseguir a la reconocida actriz Carolina Sabino, pues en intercepciones -de dudosa legalidad- a su teléfono, encontraron una conversación privada con su hermana en la que discutían un aborto por causal salud mental; un procedimiento que desde el 2006 es legal en Colombia. Sin embargo, ni los jueces, ni la Fiscalía sabían que un procedimiento así era legal, y sin siquiera leerse la sentencia de la Corte comenzaron a hacerle un linchamiento mediático a la actriz, e incluso le filtraron a la prensa su historia clínica. Contrario a lo que se esperaba, la opinión pública se indignó con la Fiscalía. Obviamente muchos dijeron que la “actriz era una irresponsable” (como si hubiera algo de responsable en tener un hijo que uno ni quiere ni puede tener) y otros cuestionaron la causal salud mental (como si llevar a término un embarazo indeseado no afectará la salud mental de cualquiera) pero al final primó la defensa de la actriz y el Fiscal, con el rabo entre las patas, se vio obligado a retirar los cargos.

Para que las mujeres latinoamericanas podamos por fin tener abortos seguros y oportunos se necesitan muchas cosas. Sin duda, debemos exigir la abolición de todas las leyes prohibitivas de la interrupción del embarazo, pero también debemos empezar a hablar del aborto como algo que hace parte normal de la vida de las mujeres, y los hombres, pues son muchos los que se han beneficiado de que sus parejas tomaran la decisión de abortar. Hablar de manera franca y sin prejuicios del aborto ayuda a que haya un cambio social, que luego se verá reflejado en las leyes, y en el acceso de las mujeres a sus derechos. No sobra decir, que estos hombres, que no tuvieron que ser padres sin desearlo, tienen una responsabilidad ética de hablar en favor de los derechos de las mujeres. Recordemos que el problema del aborto ilegal es inventado por hombres: desdes la curia hasta los legisladores, y por eso tienen que ayudar a repararlo.

Es innegable que nuestra sociedad está cambiando. Quiero pensar que en algunos momentos y lugares de Latinoamérica, estamos listos para decir en voz alta una verdad evidente: que el aborto no es cosa solo de víctimas o de putas, que hace parte de la vida de todas, y que no hay un solo buen argumento para su restricción.

El 28 de septiembre se conmemora el Día de acción global por el aborto legal. Si quieren ayudar, les recomiendo la nueva plataforma web deFondo María, una organización da apoyo financiero, emocional y logístico a mujeres que no cuentan con recursos suficientes para poder acceder a los servicios de aborto legal disponibles en el DF (pueden donar aqui). En Colombia los invitoacompañar la campaña#NoMásBarreraSinRazón, de la La Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres. También recomiendo seguir de cerca y apoyar el proyecto de despenalziación del aborto en Chile, que acaba de tener luz verde en Comisión de Salud de la Cámara de Diputados.

Reggaetón y literatura

Artículo publicado el 7 de agosto de 2015 en i-D

Entre los argumentos en contra del reggaetón uno de los más recurrentes y aceptados es que sus letras no tienen un valor cultural o literario y que por el contrario denotan una “falta de cultura”. Por supuesto, esa expresión coloquial entiende “cultura” según unos modelos hegemónicos, eurocentristas y anglocentristas, en donde la cultura viene siendo una cosa reverencial de ver y no tocar, y que incluye a, y solo puede apreciarse con, la música “clásica” o instrumental, o con música indie de guitarritas simplonas que aguadan estribillos del pop anglosajón. Por eso, la gente asociará a Beethoven con “lo culto” aunque solo lo escuche en el ringtone del celular, y tendrá una apreciación vergonzante del reggaetón que sí escucha en su cotidianidad.

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Embarazo por baile

Columna publicada el 11 de julio de 2015 en El Heraldo.

Ren McCormack, encarnado en Kevin Bacon, es un adolescente que creció en Chicago y se muda con sus tíos a Bomont, un pueblito donde el concejo del pueblo ha prohibido la música rock y el baile. McCormack argumenta en contra de la medida citando unos versos de la Biblia, para que las autoridades ultraconservadoras entiendan el mensaje en su propio idioma. La esposa del reverendo Moore (líder del pueblo) le dice a su esposo que no “puede ser el padre de todos” y queda especialmente aterrada cuando la cosa escala a la quema de libros que puedan ser “peligrosos para la juventud”. Al final, la prohibición no se levanta y los adolescentes resuelven hacer su fiesta de graduación en una granja en las afueras. Footloose está basada en la historia real de una pequeña comunidad rural y religiosa, Elmore City, en Oklahoma, y está a punto de repetirse en, ni más ni menos, una de las ciudades con mayor patrimonio cultural y rítmico del mundo: Cartagena.

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De intelectuales, políticos e idiotas

Columna publicada en Sin Embargo el 3 de febrero de 2015.

hay festival xalapa

“El Hay Festival es una muestra de la gran libertad de expresión cultural y artística que gozamos los habitantes de esta ciudad”, se le escuchó decir sin pudor al alcalde de Xalapa, Américo Zúñiga en un desayuno organizado el año pasado por el infame gobernador Javier Duarte, en honor a los invitados del Festival. Esta grandilocuencia es solo una muestra de cómo, desde hace más de tres años, el Hay Festival está siendo usado de manera abierta y descarada como propaganda política para maquillar la grave situación de libertad de expresión por la que pasa el estado de Veracruz. Bajo el escenario en donde los intelectuales del Hay Festival Xalapa elogian las ideas, hay una tierra abonada con periodistas muertos. Bajo la responsabilidad del gobernador Duarte, quien posa orondo para la foto con los organizadores del Festival, hay once reporteros muertos y cuatro desaparecidos, -el más reciente, Moisés Sánchez, quien fue sacado de su casa por la fuerza el dos de enero de este año-.  Los organizadores lo saben pero no han querido darle la importancia que merece. Por eso más de 300 personas y organizaciones hemos firmado una carta para pedir que el Hay Festival salga de Xalapa.

Es innegable que el Hay Festival es un evento que trae una oferta cultural de primera línea y muchos se preguntarán si realmente ayuda a la libertad de expresión limitar los eventos culturales en Veracruz. Sin duda, la educación y la cultura pueden ser importantes formas para construir una sociedad menos violenta y más democrática y muchos xalapeños disfrutan y aprenden con el Festival. Sin embargo, ante este panorama, todo lo que no sea una crítica franca y directa a la impunidad de las  amenazas, asesinatos, desapariciones de periodistas, se convierte en un distractor. Sí, puede haber conversatorios, foros, manifestaciones culturales en Veracruz, y de hecho, las actividades culturales no están obligadas a tomar una postura política, pero que sean usadas desde el Estado para enmascarar la corrupción y naturalizar la impunidad es meter la pata en la peor trampa en la que puede puede caer la cultura.

Sin duda habría otras maneras para distanciarse de Duarte y resguardar la marca del Festival de sus usos políticos: el Hay podría hacer un pronunciamiento reprobando de manera radical la situación, podría dedicar sus charlas a la revisión crítica de la impunidad del crimen de Regina Martinez, o del desaseo judicial con el que han sido llevados otros casos de crímenes contra periodistas. La visibilidad internacional con la que cuenta el Festival le permitiría decir cosas que la prensa local ni siquiera se atreve a pensar en voz alta. Aunque muchos de los afamados invitados al Festival se han pronunciado en contra de la situación, el Hay, desde lo institucional, se ha quedado corto; no ha tomado un partido claro al respecto. Esto resulta incomprensible, pues  no se puede “pensar el mundo como es, e imaginar cómo debería ser” desde Xalapa, pasando por alto la violencia contra la prensa en Veracruz. El Hay Festival, además, se presenta a sí mismo y de manera voluntaria como un festival con compromiso social, ¿no incluye este compromiso la protesta contra la violencia contra periodistas? Si no lo incluye, el Hay Festival cae en una lamentable contradicción performativa: convertir a los intelectuales en idiotas útiles para esconder la violencia y perpetuar la impunidad política.