Donald Trump

Que las marchas transformen la tristeza y la rabia en la esperanza de mañana

Columna publicada en Univisión el 21 de enero de 2017.

El d iscurso de posesión del ahora presidente de los Estado Unidos, Donald Trump, dejó en claro que vienen tiempos oscuros para todos, pero especialmente para los inmigrantes, las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos, para cualquiera que no sea blanco, y para casi todos los países del mundo, excepto, quizás, Rusia. Las elecciones de Trump para su gabinete son un vaticinio de graves retrocesos en derechos humanos, el mundo está desconcertado, es como si un capítulo de Southpark se hubiese hecho realidad.

Siempre he sido una escéptica ante ese amplio surtido de mensajes de ánimo con los que contamos para hacer frente a la tragedia: “Antes de la luz viene la oscuridad”, “todo pasa por algo”, “no será tan terrible”. Ese tipo de esperanza, como de tarjetas de Hallmark, es un optimismo vacío, que no solo es odioso, también es efímero. Es una esperanza que peca por ingenua.

Tiempos como estos necesitan un optimismo que se transforme, que sea realmente una forma de resistencia y revolución, un comienzo y no un fin. Y ese comienzo pueden ser las marchas de mujeres que ocurrirán hoy.

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2016: el año de la “posverdad”

Columna publicada en El Heraldo el 31 de diciembre de 2016.

Cada noviembre,  el diccionario Oxford elige una “Palabra del año”, que pretende encapsular lo más importante y representativo del año que materia de lenguaje y cultura. Las elecciones suelen estar llenas de clarividencia. En 2015, la Palabra del año fue el ‘emoji’ que llora de la risa, un guiño de inclusión a los alfabetos pictográficos que cada vez se hacen más importantes en nuestro uso del lenguaje. La palabra para el 2016, aunque acertada, es mucho menos optimista: “posverdad”.

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¿Palabras necias, oídos sordos?

Columna publicada el 16 de noviembre de 2016 en El Espectador.

En 2012 trabajaba como oficial de comunicaciones en Women’s Link Worldwide y una de mis tareas era observar y llevar registro del matoneo que Mónica Roa recibía en internet en respuesta a su trabajo en defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en Colombia.

Era como sumergirse en un fétido estercolero para separar el odio en sus diferentes vetas. A finales de abril de ese año el matoneo se hizo más intenso y en vísperas del 10 de mayo (aniversario de la Sentencia 355/06) alguien disparó a la oficina de la organización. Quienes estaban en la oficina, entre ellas Roa, salieron ilesas, y de recuerdo quedó un hueco en el cristal de la ventana. Por supuesto, no prosperó la investigación de la Fiscalía, así que es imposible saber si ese matoneo en redes tuvo una consecuencia tridimensional, pero hoy recuerdo el incidente a la luz de la radicalización de la extrema derecha en las redes sociales y en la política. Las feministas llevamos un largo rato hablando de los peligros de la creciente misoginia en internet, pero para variar no nos tomaron en serio. Hoy pienso en todas las veces que he escuchado decir “no les hagas caso”, “no alimentes al troll” y en todo el daño que nos ha hecho esa política biempensante de “a palabras necias, oídos sordos”.

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Emociones políticas

Columna publicada el 9 de noviembre de 2016 en El Espectador.

El 2016 ha sido un año de inmensos retrocesos en todo el mundo para los valores políticos progresistas.

Comenzó con el brexit: nadie vió venir que en en junio, en el Reino Unido votarían para salirse de la Unión Europea. el voto para salirse estuvo alimentado por la xenofobia, el mito de que los migrantes llegan al Reino Unido para quitarles trabajos que no merecen. A pesar de la gravedad del resultado, muchos seguimos bienpensantes y creímos que en octubre el pueblo colombiano refrendaría los acuerdos de paz que servirían para acabar con un conflicto de más de cinco décadas. No parecía haber motivos para creer lo contrario. Pasamos un mes armados de argumentos “racionales” y decidimos no escuchar los miedos sobre “el castrochavismo” y la profunda homofobia y transfobia nacional, pues descartamos estas “emociones” por absurdas. ¡Qué daño nos ha hecho esa dicotomía entre racional y emocional! Solo ha servido para que desantendamos los argumentos del bando contrario tildándolos peyorativamente como “emociones”. Y ahora, gracias a esas “emociones”, acaba de ganar la Presidencia de los Estados Unidos uno de los hombres más misóginos, clasistas, racistas, xenófobos, y peor preparados de nuestros tiempos: Donald Trump. Hoy decimos que el resultado de las elecciones gringas es “de no creer”, pero eso es solo porque nos negamos a ver una tendencia mundial muy evidente.

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