Electricaribe

Crónicas de Indias

Columna publicada en El Heraldo el 8 de abril de 2017.

Hace más de quinientos años, cuando los españoles se enteraron de que al otro lado del mar existía todo un continente, empezaron a escribir historias, crónicas, en donde contaban cómo “descubrían” (colonizaban) América. Las crónicas de Indias resultaron ser tan coloridas que bien podrían ser antecedentes del realismo mágico. Bernal Díaz del Castillo y Hernán Cortés, entre otros, contaron historias de una tierra ignota, virgen, llena de monstruos como cíclopes, sirenas y gigantes, y apenas habitada por unos indios salvajes urgidos de catequización. Lo notable de estas historias es que eran llamadas “crónicas”, es decir, tenían una pretensión de verdad, la verdad de los conquistadores. La única forma de justificar la brutal conquista española era convenciendo a todos de la barbarie de estas tierras.

Medio siglo después la estrategia es la misma, pero un poco más sofisticada. Por ejemplo, los españoles de la multinacional Gas Natural Fenosa acabaron con la calidad del servicio eléctrico en la Costa a punta de ignorar las inversiones necesarias con la excusa de que hay una “cultura del no pago” en la región. Resultó que esta era una mentira flagrante, pues la deuda de los usuarios de a pie solo llegaba al 3,09% de la deuda total. Pero era una mentira fácil de creer porque hasta los mismos colombianos nos comemos el cuento de que los costeños somos flojos y desordenados, o en otras palabras, bárbaros.

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Abanico Sanyo

Columna publicada el 19 de noviembre de 2016 en El Heraldo.

La famosa canción del Abanico Sanyo cuenta una historia clave para entender al Caribe colombiano. Un hombre le canta loas a un abanico o “ventilador”, como dicen los cachacos, porque su vida sexual ha florecido gracias al fresco que produce el aparato. El abanico es un electrodoméstico que le cambia la vida, hay un antes y un después, porque en estas tierras calientes, las fuentes de sombra o fresco: abanicos, neveritas de hielo, cervezas, árboles de mango, restaurantes con aire acondicionado, tienen la función social que en otros contextos tienen las hogueras, origen de la palabra “hogar”. Así que en el Caribe la gente orbita alrededor de estos objetos, son una necesidad básica y un eje de nuestra vida social y familiar. Pero refrescarse en la costa, la mayoría de las veces, requiere de grandes esfuerzos. Mantener el hielo frío no es cualquier cosa, y por eso Aureliano Buendía se impresionó tanto. Por eso, la Costa Caribe colombiana, más que ninguna otra región, necesita fuentes estables de electricidad. Y por eso el desastre de Electricaribe es una tragedia que tiene un gravísimo impacto que tiene en la vida diaria, en nuestras comunidades, el pésimo servicio de luz en el territorio. Es más que un tremendo problema de infraestructura, es un drama social y un problema de derechos humanos.

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El apagón

Columna publicada el 29 de octubre de 2016 en El Heraldo.

“Señores Electricaribe, les escribo esta carta no para quejarme de su pésimo servicio ni de los altos precios, sino para que comprendan la importancia del servicio que prestan.

Cuando se va la luz en mi casa, no solo se va la luz. Se puede ir mi papá”. Así comienza la carta que la barranquillera Marcela Santos envió hace un año, el 10 de noviembre de 2015, a Electricaribe, y que luego compartió en una red social. Santos cuenta que su padre tiene ventilación mecánica, es decir que necesita una máquina para respirar y esta máquina funciona con electricidad. Cuando la luz se va en su casa, no solo hay peligro de que se dañe la máquina, también implica que el padre de Santos se puede ahogar si la batería de la máquina no aguanta hasta que vuelva la luz. La familia Santos tiene planes de emergencia, por ejemplo una planta de luz que funciona con gasolina, pero esto es caro y requiere involucrar a otras personas para prenderla. Santos acaba su carta diciendo: “Entiendan que ustedes no solo dan luz, también dan vida. Y cuando falla su servicio, no solo hay oscuridad sino una posibilidad de muerte”.

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En la olla

Columna publicada el 23 de abril de 2016 en El Heraldo.

Desde que vivo fuera escucho devotamente, y a diario, radio colombiana. Entre mis emisoras favoritas está Olímpica Estéreo, que si bien es un testimonio del mainstream, para mí, y desde lejos, es una forma de conectarme con los sonidos, el lenguaje y hasta los chistes del Caribe colombiano. Como es propio de nuestro gótico tropical, muchas veces esos chistes son formas de narrar la tragedia. Esto pienso cuando escucho el concurso ‘Olímpica Estéreo te saca de la olla’. El concurso consiste en que la gente lleve sus facturas de servicios públicos a la emisora. Entonces el locutor llamará sorpresivamente a algún oyente, que, si contesta con el santo y seña, ganará el pago de sus facturas. El último año ha sido clara la aprensión y angustia de los oyentes cuando pierden; es realmente descorazonador escucharlos cuando no contestan correctamente, hablan desde la angustia de la culebra, de esos servicios públicos que tendría que garantizar el Estado, pero que los caribeños ya no pueden pagar, y de las deudas que crecen cuando se va la luz y se dañan los electrodomésticos y no queda nada más para empeñar. El concurso, que parece no tener un interés social, nos habla de manera subrepticia de los infinitos abusos de Electricaribe, que tiene jodida a toda la región.

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