feminismos

lo que el tarot le depara al feminismo en 2017

Columna publicada el 3 de febrero de 2017 en ID-Vice.

El feminismo llegó al pop en 2014 con Beyoncé y Emma Watson, volviéndose interesante para la publicidad y el marketing de diferentes empresas. Hasta la industria del alcohol, con la cerveza Tecate, y la de los lácteos, con el yogurt blablabla, intentaron entrarle torpemente a la revolución de género, que pretendían vendernos como sucedáneo a la camiseta del Ché. Parecía que estábamos ganando. Y entonces, la vida real dió un giro como de Game of Thrones y terminamos aquí, con el Brexit, el no al plebiscito de los acuerdos de paz en Colombia -los primeros del mundo con perspectiva de género y difamados precisamente por eso-, con el Frente Nacional por la Familia en México y con Trump de Presidente de los Estados Unidos -el país más influyente y políticamente y económicamente poderoso de la región. Justo cuando todas creíamos que Estados Unidos tendría su primera presidenta, gana Trump, que es la encarnación de todas las formas más horribles del patriarcado. Luego resultó que Trump no solo prometió lo peor para los derechos de las mujeres en campaña sino que no lleva ni un mes y ya empezó a cumplir todas sus amenazas, digo, “planes de campaña”, con una eficiencia destructora que jamás podría tener un presidente bienintencionado. Personalmente, desde que comenzó el 2017, me siento que vivo en un permanente final de temporada de Buffy la Cazavampiros.

¿Y entonces? ¿Qué podemos hacer? No tengo la respuesta pero puedo ensayar algunas propuestas. Si algo nos mostró el 2016 es que las emociones, en la política, son mil veces más certeras que cualquier racionalización. Y, como somos las hijas de las brujas que no pudieron quemar, desempolvé mi tarot de Aleister Crowley, y le eché las cartas al feminismo. Esto es lo que el futuro nos depara:

XVI La Torre

La Torre es la peor carta del tarot. Yo la asocio con un juego de cubos que tenía cuando era muy niña, que consistía en poner un cubo sobre otro hasta armar una torre y mi felicidad siempre era tumbarlos de una patada. Así es la carta de la Torre: todo lo que hemos construido se derrumba, más o menos lo que acaba de pasar en la política internacional. Pero el truco de esta carta es que las estructuras de los sistemas no se derrumban si no están podridas como para derrumbarse.

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Que las marchas transformen la tristeza y la rabia en la esperanza de mañana

Columna publicada en Univisión el 21 de enero de 2017.

El d iscurso de posesión del ahora presidente de los Estado Unidos, Donald Trump, dejó en claro que vienen tiempos oscuros para todos, pero especialmente para los inmigrantes, las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos, para cualquiera que no sea blanco, y para casi todos los países del mundo, excepto, quizás, Rusia. Las elecciones de Trump para su gabinete son un vaticinio de graves retrocesos en derechos humanos, el mundo está desconcertado, es como si un capítulo de Southpark se hubiese hecho realidad.

Siempre he sido una escéptica ante ese amplio surtido de mensajes de ánimo con los que contamos para hacer frente a la tragedia: “Antes de la luz viene la oscuridad”, “todo pasa por algo”, “no será tan terrible”. Ese tipo de esperanza, como de tarjetas de Hallmark, es un optimismo vacío, que no solo es odioso, también es efímero. Es una esperanza que peca por ingenua.

Tiempos como estos necesitan un optimismo que se transforme, que sea realmente una forma de resistencia y revolución, un comienzo y no un fin. Y ese comienzo pueden ser las marchas de mujeres que ocurrirán hoy.

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La paz con las mujeres

Columna publicada el 28 de julio de 2016 en El Espectador.

Entre el 23 y 25 de octubre de 2013 tuvo lugar en Bogotá la Cumbre Nacional de Mujeres y Paz, que reunió a 449 mujeres de todo el país, representantes de organizaciones feministas, de derechos humanos, campesinas, de víctimas, de indígenas, de afrodescendientes, estudiantiles, juveniles, ambientalistas, de las comunidades LGBTI, de empresarias, de iniciativas nacionales y territoriales de paz, de iglesias, gremios, educadores, académicos, partidos políticos, sindicatos, organizaciones raizales, medios de comunicación y expertas internacionales. Al terminar la cumbre, las mujeres entregaron una carta para Timochenko y el presidente Santos en la que afirmaron con contundencia que “¡La paz sin mujeres no va!”.

Tres años más tarde, los acuerdos anunciados por la Subcomisión de Género en las negociaciones de La Habana son la posibilidad de una revolución sin precedentes en derechos de género: por primera vez en Colombia se reconocerá de manera efectiva a todas las mujeres (sin distingo de raza, etnia, identidad sexual o clase) en la plenitud de su ciudadanía y se pondrán en marcha las acciones afirmativas para un día alcanzar la igualdad género en el país.

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¿Pueden los hombres ser feministas?

Columna publicada el 7 de julio de 2016 en El Espectador.

La semana pasada La Silla Vacía publicó una entrevista a Florence Thomas titulada “Ningún hombre puede ser feminista, pero sí solidario”. Thomas lo menciona en una pregunta sobre si hay un divorcio entre las leyes y la cultura frente a los derechos de las mujeres, hablando sobre la voluntad política necesaria para que estos derechos se hagan efectivos y sobre la falta de sensibilidad de género en las y los políticos. El título, provocador, seguro ganó muchos clics; un acierto, sin duda, porque a Thomas siempre conviene leerla. Pero la entrevista apenas toca el tema de pasada. Aún así, la pregunta de si los hombres pueden ser feministas es muy interesante.

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Feminismos latinoamericanos: coordenadas mínimas

Ensayo publicado el 23 de febrero de 2016 en Horizontal.

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En 2016 se cumplen 100 años del Primer Congreso Feminista de Yucatán, 100 años de feminismo organizado en México. Aunque en ese entonces el país estaba en plena Revolución y era muy mal visto, además de peligroso, que una mujer viajara sola a alguna parte, 617 valientes asistieron y demostraron que las mexicanas estaban perfectamente capacitadas para participar en debates públicos.

Sin embargo las mujeres fueron excluidas del constituyente del 17, con el cuento de que en los requisitos fijados en la Constitución de 1857 decía que para ser diputado se requería ser mexicano (cuando conviene, los pronombres masculinos o neutros nos incluyen a todas, y cuando no, pues no). Con este argumento se le negó la posibilidad de ser diputada a Hermila Galindo, promotora del sufragio universal, la educación laica y de que las mujeres tuvieran información sobre salud y sus derechos sexuales y reproductivos.

¿Cuánto hemos avanzado en estos 100 años? ¿Hemos construido algo que podamos denominar “feminismo latinoamericano”? Son preguntas amplias y sus respuestas son tan múltiples como los feminismos latinoamericanos. A continuación les propongo algunas claves para contestarlas.

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