fútbol

A las patadas

Columna publicada el 22 de marzo de 2017 en El Espectador.

“Opa, opa”, y el condescendiente “ese es un buen tema, lo podemos discutir”, le decía un coro de hombres a la periodista Andrea Guerrero cuando se tomó el micrófono para decir que se sentía agredida por el llamado del futbolista Pablo Armero, detenido el año pasado en Miami por coger del pelo a su pareja e intentar cortarle las extensiones en castigo porque ella no quería tener sexo con él. Cuento de nuevo la agresión con detalle pues no fue cualquier cosa, no hubo ambigüedad alguna en la violencia machista que ejerció contra su pareja. Como tampoco hubo ambigüedad en la postura del consulado: a favor de Armero. “No comparto que mi selección, la que tiene mis ídolos, tenga un hombre que maltrató a su mujer”, dijo la periodista, con una asertividad que muchos medios han llamado “enfado”, y la verdad es que todos debemos compartir su indignación.

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Deporte y violencia

Columna publicada el 25 de marzo de 2017 en El Heraldo.

La periodista deportiva Andrea Guerrero tiene razón en temer que alguien se atreva a hacerle daño en sus apariciones en público, especialmente en el estadio. Lleva días de recibir avalanchas de odio en Internet, que incluyen amenazas de asesinato y de violación, hasta tipos que escarban en sus declaraciones de hace años, supuestamente para mostrarnos que “se contradice”. A pesar de todo el ruido, nadie ha podido rebatir realmente la queja de Guerrero: un jugador de fútbol que comete violencia de género no debe estar en la selección, pues una violencia así es delito, no hace parte de su vida privada, y su presencia en la selección nos dice a las colombianas que la dignidad de las mujeres no vale lo que un partido de fútbol.

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La violencia de Pablo Armero

Columna publicada el 11 de junio de 2016 en El Heraldo.

Hace unos días el jugador de la selección Pablo Armero, le pegó a su pareja y madre de sus hijos, María Elena Bazán. La agarró de las extensiones de pelo y se las empezó a cortar con una máquina en la habitación del hotel Metropolitan en Miami, todo porque ella le dijo que estaba cansada y no quería tener sexo con él. Como no pudo violarla, le pegó. Cuando la policía le preguntó a Bazán si ella había consentido, ella contestó llorando “¿por qué le pediría a él que me cortara el pelo?”. Armero estuvo detenido durante un día y salió al pagar la fianza de 1500 dólares. Aunque el futbolista no solicitó ayuda consular, el consulado de Colombia en Miami entró en contacto con él para prestarle asistencia, una fortuna que no tienen la mayoría de los colombianos en Estados Unidos.

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¿Acaso ser buen deportista depende de lo que se trae entre las piernas?

Columna publicada el 15 de abril en Univisión.

El reclamo de pagos igualitarios de las futbolistas estadounidense es justo. Llevamos años hablando de que la discriminación a las mujeres se acabó pero nuestras cuentas de banco prueban que es mentira.

En la Copa SheBelives, la selección de EEUU se enfrentó a Alemania.
En la Copa SheBelives, la selección de EEUU se enfrentó a Alemania. Getty Images

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Fútbol mixto y superpoderoso

Columna publicada el 20 de junio de 2015 en El Heraldo.

Las Chicas Superpoderosas están teniendo uno de los mejores desempeños que ha tenido jamás una selección colombiana de fútbol en un mundial. Aunque Colombia entera está enamorada de ‘Miselesión’ (y más después del partido contra Brasil), y aunque la cobertura del Mundial Femenino 2015 ha sido exigua (tanto que ni siquiera pasan los partidos por televisión nacional), el éxito de las Chicas Superpoderosas ha sido ineludible.

En Colombia los prejuicios machistas sobre las mujeres y el fútbol están a flor de piel. Parece que con el contrato de ‘ser hombre’ viene un gusto por el ‘deporte nacional’ y que las mujeres solo estamos para ir a mostrar las tetas al estadio. También he escuchado a muchos hombres, entre ellos al periodista Adolfo Zableh, decir que a las mujeres no les creen cuando hablan de fútbol –incluso cuando tienen razón– y que les parece hasta molesto pues “no estamos hechas para eso”. De hecho, durante estos días estuvo rondando por Twitter el hashtag #NoMásMujeresHablandoDeFútbol. A todas estas personas les tengo una noticia bastante vieja: las mujeres podemos hacerlo todo, y las Chicas Superopoderosas son una de las mejores pruebas.

Pero no hay escuelas suficientes, no hay apoyo de la empresa privada, y para variar, a las futbolistas les pagan menos (ni el 1% de lo que ganan los jugadores hombres). Yoreli Rincón, capitana de Las Superpoderosas, dijo a Los Informantes que las compañeras del equipo tienen que conseguir reemplazos en sus trabajos cuando salen a representar a Colombia en torneos internacionales, y que terminan gastando más de lo que ganan en las competencias. También hay muchos casos de mujeres y niñas a las que discriminan (desde insultos hasta golpes) por jugar fútbol. Como si esto fuera poco el punto 4 del reglamento de la Fifa exige “verificación de sexo”. Esto quiere decir que si alguna mujer es “muy alta” o “muy peluda” cae “bajo sospecha” y debe ser “revisada” para asegurarse que tiene “el sexo correcto”. Esto es un exabrupto porque científicamente “probar” el sexo de una persona es imposible, ya que no necesariamente los genitales exteriores y/o el fenotipo coinciden con la composición cromosómica o los índices de testosterona. Se supone que la medida está para que no haya “hombres que se hagan pasar por mujeres” lo cual supuestamente les daría una ventaja de rapidez, habilidad y fuerza física frente a otras jugadoras. Sin embargo, la surcoreana Park Eun-sun, delantera de más de 1.80 metros, sin duda es más fuerte que el aclamado Messi. Y si de talento se trata, las selecciones de fútbol femenina y masculina en Colombia muestran que hay muchas mujeres que juegan mejor que muchos hombres en el fútbol profesional. Es decir, la tal ventaja por sexo es inexistente.

¿No sería mejor entonces que tuviésemos equipos mixtos? ¡Qué bonito sería! Qué importa si son hombres o mujeres, trans o intersex, lo importante es que sepan jugar bien y en equipo, y que le den ilusión y esperanza a sus países representándolos con la camiseta. El talento no distingue sexo ni género y todos los deportes serán más gloriosos cuando dejen de ser machistas.

A patadas

Columna publicada el 11 de octubre en El Heraldo.

Acaba de salir libre el portero suplente del Junior, Carlos ‘Peto’ Rodríguez, tras ser acusado de golpear a su compañera, Nancy Chacón. Ella cuenta que el futbolista llegó a la casa borracho en la madrugada del viernes con otra mujer, y que terminó agrediéndola, arrastrándola del pelo por el piso, y todo frente a la hija de ambos, de apenas 45 días. Chacón dice que tras la golpiza la obligó a bañarse para limpiarse la sangre y que los maltratos son de larga data y recurrentes.

Al parecer Rodríguez salió libre por un tecnicismo en el alegato de la Fiscalía que dio pie para que el juez declarara ilegal la captura y el futbolista ha “firmado un acuerdo” con Chacón que incluye “no volverle a pegar”, irse de la casa, pasar la pensión de la niña; es decir, lo mínimo que debería hacer incluso si no le hubiera pegado.

Cualquiera diría que en Colombia es de lo más normal que los futbolistas cojan a patadas a las mujeres y sigan trabajando como si nada, sin que afecte su trabajo y como si la violencia contra sus parejas perteneciera a la esfera de la vida privada. La violencia siempre es un problema público. ¿Por qué el Pibe Valderrama sí puede pronunciarse contra la agresión del jugador Luis Quiñones al asistente Víctor Danilo Pacheco, pero no se refiere a la aún más violenta y macabra agresión de Rodríguez contra su pareja?

Con toda razón, las mujeres de la Red de Mujeres Contra la Violencia en el Atlántico hicieron un plantón en las instalaciones del Centro de Servicios Judiciales para rechazar la agresión impune, y recordar que en lo que va del 2014, en el Atlántico ya se cuentan 31 feminicidios.

El feminicidio en el Caribe colombiano es un problema gravísimo, hay una violencia estructural que hace que para muchos hombres y muchas mujeres sea “normal” el maltrato y estos prejuicios son compartidos por la policía que, en vez de atender a las mujeres, disculpan a los victimarios. Mientras tanto, a las mujeres les hacen promesas, les piden una y otra vez “perdón”, “comprensión” como si fueran las madres de sus agresores. Iniciativas como la de la Red de Mujeres Contra la Violencia son supremamente importantes porque, aunque la impunidad continúa, su protesta ayuda a empoderar a las mujeres que se encuentran en una situación similares y que pueden encontrar la valentía para hablar en el apoyo de una red como esta.

Con mucha preocupación, traigo a colación un ejemplo que ya he mencionado varias veces en esta columna: hace unos meses Ricardo Molina Araújo, hijo de la Cacica, llegó en la madrugada borracho a pegarle a su pareja Sildana Mestre y frente a sus hijas disparó 14 balazos. Uno de ellos le pegó a su mujer, Sildana Maestre, que hoy está muerta. Molina, afortunadamente, se encuentra retenido, procesado por el “delito de tentativa de homicidio agravado con dolo eventual”.

Uno se pregunta qué le tiene que pasar a Chacón para que le dicten medida de aseguramiento a su peligrosa pareja o si en el juicio contra Molina, el juez tendrá las mismas aparentes deferencias que tuvo en el caso de Rodríguez. La terrible verdad es que la violencia contra las mujeres en el Caribe se seguirá incrementando si todos estas agresiones siguen permaneciendo impunes, en el mejor de los casos, y silenciadas en los peores escenarios. Sabemos de los maltratos a Chacón y a Maestre porque los perpetradores son figuras públicas, pero también sabemos que estos son casos paradigmáticos de lo que suceden a puertas cerradas en las los hogares de la Costa. Lo sabemos aun sin que llegue la prensa. Los gritos se escuchan por las ventanas.