Jineth Bedoya

Hablar: Catalina Ruiz Navarro

Columna publicada en El Tiempo, el 20 de mayo de 2016.

Para mí siempre es un honor contar las historias de las mujeres que luchan, aunque no pueda entender del todo la violencia que vivieron, porque puedo ser testigo de su fortaleza, y eso siempre me da esperanza. En los 10 años que llevo escribiendo sobre los derechos de las mujeres, he podido presenciar cómo cada vez son más las que hablan en contra de la violencia, que dicen “No”, que le dan fuerza a otras mujeres con sus palabras.

Siempre he pensado que debe ser una suerte de alquimia ese proceso que lleva a las mujeres víctimas de violencia machista a sobrevivir, defenderse, y al hacerlo, convertirse en defensoras de derechos humanos.

En mi trabajo como periodista y como activista, he visto muchas veces cómo esto sucede: el dolor, la impotencia, se convierten en rabia, y esa rabia, al entender que el problema no fue una excepción individual sino un daño estructural en nuestra sociedad, se convierte en una rabia compartida con todas las mujeres del mundo que han sufrido abusos parecidos. En ese momento, la rabia se convierte en empatía, y contar las historias de violencia se convierte en una manera de reivindicar y visibilidad las historias que viven muchas otras mujeres, que no tienen el privilegio de siquiera poder contar su historia.

Suele comenzar con un gesto de mera supervivencia, un impulso por tener otra vida, otra vida que merezca ser vivida y no una en la que uno quiere morirse. Y luego ese gesto se expande, porque inspira a otras mujeres, y les da herramientas para reconocer la violencia. Gracias a todas las víctimas, que gracias a este impulso por sobrevivir se convierten en defensoras. Al tener la fuerza de defenderse a sí mismas, nos defienden a todas.

Descaro estatal

Columna publicada el 7 de abril de 2016 en El Espectador.

“Fuimos víctimas el día que nos abusaron y nos violaron, hoy somos sobrevivientes y luchadores; esa es la consigna que miles de mujeres en el mundo hemos adoptado y replicado ante la barbarie de la violencia sexual, pero la impunidad todos los días nos quita algo de sobrevivientes y nos va matando lentamente”.

Con estas palabras comenzó Jineth Bedoya la audiencia sobre su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDG), que tuvo lugar este martes en Washington. Una vez más, Bedoya contó su caso, habló de cómo el Estado le negó el esquema de protección y seis meses después fue secuestrada, torturada y violada. El Estado colombiano no solo no protegió a Bedoya, sino que permitió que su expediente se perdiera, que la siguieran amenazando, y que, 16 años después, apenas haya dos condenas (recientes), mientras los autores intelectuales siguen en la absoluta impunidad, pues no hubo investigaciones internas sobre los funcionarios que estuvieron envueltos en este crimen.

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20 años en defensa de la libertad de prensa

Columna publicada el 12 de marzo de 2016 en El Heraldo.

Sin el trabajo de la Fundación para la Libertad de Prensa, que  llegó ayer a su aniversario número 20, las muertes de los 152 periodistas asesinados en Colombia desde 1977 no serían entendidas como un ataque a la libertad de expresión, serían una contingencia más de un conflicto interno en donde no sobreviven  “los sapos”.

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¡Adelante Jineth!

Columna publicada el 4 de febrero de 2016 en El Espectador.

La periodista y defensora de derechos humanos, Jineth Bedoya lleva 15 años pidiendo justicia por los delitos de secuestro, tortura y violencia sexual de los que fue víctima. No han sido 15 años de espera pasiva, durante este tiempo, Bedoya ha realizado un valiente trabajo en defensa de las mujeres víctimas de violencia en Colombia y se ha convertido en un símbolo como mujer periodista sobreviviente a la violencia. ¡No es hora de callar! la campaña que lidera, se ha convertido en un referente internacional y es uno de los más sólidos movimientos de víctimas en Colombia. El martes de esta semana uno de sus victimarios, el exparamilitar Mario Jaimes conocido como el Panadero, aceptó los cargos y pidió perdón públicamente a la periodista.

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Justicia para Jineth

Columna publicada el 4 de octubre en El Heraldo.

Han tenido que pasar 14 años para que Bedoya empiece a vislumbrar la posibilidad de justicia. Este año, el 21 de julio, la CIDH admitió el caso de la periodista para determinar la responsabilidad del Estado colombiano en los crímenes que, para callarla, se cometieron en su contra, y la semana pasada, el 26 de septiembre, por fin, la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía confirmó que el secuestro, tortura y violencia sexual contra la periodista constituyen un Crimen de Lesa Humanidad.

Hace 14 años, Jineth Bedoya era la reportera de judiciales en El Espectador y estaba siguiendo el caso de un cadáver que encontraron dentro de La Modelo. La investigación tocaba el nervio de la infiltración de organismos criminales en instituciones del Estado. El 25 de mayo Bedoya fue secuestrada a la entrada de la cárcel, durante 16 horas la drogaron, la torturaron y la violaron, por órdenes de los comandantes de las autodefensas Miguel Ángel Arroyave y Ángel Custodio Gaitán, hoy muertos.

Solo hasta hace dos años se dictó medida de aseguramiento contra alias el Panadero, Mario Jaimes Mejía, el sicario encargado de ejecutar el asesinato, y otros dos paramilitares, Jesús Emiro Pereira Rivera, alias Huevoepisca, y Alejandro Cárdenas Orozco, alias JJ Jaimes, que es el único que aún es acusado del crimen, nunca confesó su participación en los hechos, ni siquiera en Justicia y Paz, y ahora, finalmente, enfrentará juicio por los delitos de secuestro, tortura y acceso carnal violento. En ese entonces el caso fue declarado Crimen de Lesa Humanidad, pero el fiscal Montealegre rechazó la categoría en un comunicado de su oficina, dejándolo en una situación ambigua.

En ese entonces Bedoya dijo en una carta abierta al fiscal “Y a estas alturas, en las que las amenazas, la persecución, la intimidación y las lágrimas me han dado la fortaleza para no desfallecer un solo día, esta decisión ya no solo dignifica a Jineth Bedoya Lima, la mujer y la periodista, sino a las miles de mujeres colombianas que hoy represento y que como yo han sido atropelladas y muertas en vida. Pero también es un reconocimiento al calvario silencioso que afrontaron decenas de periodistas, en medio de la amenaza criminal que forjó el paramilitarismo, para silenciar los micrófonos y las salas de redacción de este país. Como periodista le digo, que en la misma mesa en la que se planeó el asesinato de Jaime Garzón, se ordenó mi homicidio y desaparición, y de allí mismo salieron las amenazas para otra decena de periodistas. Si eso no es sistemático y preconcebido, ¿cómo más se le puede llamar?”

El crimen contra Bedoya fue un mensaje de intimidación a las mujeres, los periodistas y la libertad de prensa en Colombia. Su persistente impunidad, 14 años después, reitera el mensaje de miedo y amenazas para todos. Mientras tanto, Bedoya se ha perfilado como una de las mejores periodistas del país, continúa su trabajo con disciplina y rigor, hoy como subeditora de El Tiempo y líder de la campaña ‘No es hora de callar’, contra la violencia que viven las mujeres en Colombia. Bedoya es un ejemplo de valentía y persistencia para mujeres y periodistas de toda Latinoamérica. Cualquier avance en su caso es una razón de esperanza para una Colombia más libre y justa; pero es hora de que el crimen se resuelva, los, y sobre todo las colombianas, más qué esperanzas, queremos justicia real.