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Mujeres, drogas y daños colaterales

Columna publicada el 20 de abril de 2016 en El Espectador.

Para Colombia —y más en el contexto de un proceso de paz y ante la perspectiva de un posconflicto en el que los neoparamilitares estarán financiados por el narcotráfico—, las tendencias prohibicionistas en materia de drogas auguran tormentas, y por eso el discurso que el país adopta a nivel internacional (como en UNGASS 2016) últimamente es de un progresista moderado a favor de la legalización.

Sin embargo, este discurso progre internacional sigue sin tener eco en la vida cotidiana del país, en donde la estigmatización mantiene escondido el problema de salud pública y los policías arrestan según sus prejuicios personales, usualmente alienados con el clasirracismo nacional. No hay una política efectiva porque no hay implementación del discurso. No habrá un cambio hacia la legalización en los contextos internacionales si no se logran cambios internos palpables, en los que se note que el Estado colombiano empieza a entender el problema de drogas desde el lente de los derechos humanos.

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Las selfies de Kim Kardashian están a años luz de las fotos de las revistas masculinas

Columna publicada el 8 de abril de 2016 en Univisión.

A comienzos de marzo, precisamente en el Día Internacional de la Mujer, Kim Kardashian publicó en su Instagram una selfie suya desnuda frente al espejo con la leyenda “Como cuando uno no tiene qué ponerse LOL”. Y otra vez, la modelo y empresaria “rompió Internet”.

Algunas artistas como Bette Middler y Chloë Grace Moretz la criticaron por publicar esa foto, ese día: “Espero que te des cuenta de lo importante que es mostrarle metas a las jóvenes, enseñarles que tenemos mucho más que ofrecer que…” [un cuerpo desnudo]. Le dijeron desde gorda hasta “ávida de atención” (attention seeker) y bueno, ya saben cómo se castiga a las mujeres que “quieren llamar la atención”.

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Derechos de las mujeres: la medida de paz

Columna publicada el 8 de marzo de 2016 en El Espectador.

“La cultura de un pueblo se mide en la participación que la mujer tenga en los destinos de ese pueblo” decía, Baldomero Sanín Cano en su ensayo-discurso Evaluación social de la mujer, en 1927, cuando Colombia empezó a discutir los derechos de las mujeres. Hoy, casi un siglo más tarde, y después de tantas conquistas en materia de derechos para las colombianas, la frase tiene una vigencia decisiva: nuestra capacidad de construir una paz sostenible y duradera está directamente relacionada con las garantías de los derechos de las mujeres y su participación en los procesos de paz.

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¿Por qué tan solitas?

Columna publicada el 3 de marzo de 2016 en El Espectador.

Hace unos días nos enteramos del feminicidio de dos turistas argentinas, Marina Menegazzo y María José Coni en la paradisíaca playa ecuatoriana de Montañita. Las mujeres fueron encontradas, una con un golpe en la cabeza, y la otra con herida de arma blanca. Uno de sus posibles agresores, confesó, dijo que las jóvenes le habían dicho a un amigo suyo que no tenían dinero para hospedarse, que las llevaron a sus casas y que “allí ocurrió la tragedia”. Sin embargo, la confesión no sirve como prueba para una condena, ni en Ecuador ni en Argentina, y las familias de Menegazzo y Coni dicen que la versión oficial no tienen sentido: sospechan que las turistas hayan sido capturadas por una red de trata. Dicen los familiares que es inverosímil que las jóvenes se fueran voluntariamente a la casa de dos desconocidos, además se han señalado varias irregularidades en el proceso: no se sabe si hubo un fiscal en el levantamiento de cuerpos, ni si había orden de allanamiento para la vivienda, ni si los detenidos tenían un abogado al dar su testimonio.

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Fuertes

Columna publicada el 20 de enero de 2016 en Sin Embargo.

Foto: Tomada de afternoah.comLos hombres tienen un poder maravilloso e intransferible, el poder de la fuerza, con este poder pueden cargar cosas y llevarlas a lugares. Foto: Tomada de afternoah.com

Resulta que existen unas personas que llamamos “hombres” y son de ciertas maneras: son altos y fuertes, con hombros anchos y pelo corto, son irascibles o decididos según los juzgue y en vez de ponerse tristes se ponen bravos. Tienen un poder maravilloso e intransferible, el poder de la fuerza, con este poder pueden cargar cosas y llevarlas a lugares. Las mujeres, en cambio, tienen pelo largo, hablan mucho y no son fuertes. También lloran y les gusta el color rosa. Así hombres y mujeres se completan, ellas no pueden cargar cosas y para eso los tienen a ellos. A cambio, ellas les tienen a sus hijos. Son como el Ying y el Yang el Sol y Luna, complementarios cual artefacto decorativo de los noventa.

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Tierra de reinas

Columna publicada en El Espectador, el 29 de enero de 2015.

La alegría que genera el que un coterráneo gane y el orgullo que ello despierta es comprensible. Hoy es por el logro de Vega Dieppa, quien muy seguramente alcanzó una meta importante para su vida y ganar Miss Universo le dará muchas oportunidades en lo laboral y para su realización personal. Podemos admirar su alegría y disciplina y maravillarnos con su genética. Lo que no, es creer que Vega, o su belleza, “nos representan”. Es tan sencillo como que la mayoría de las colombianas no nos parecemos a ella, y no es porque seamos “feas” o “más bonitas”, sino porque somos diversas: no hay tal cosa, afortunadamente, como una raza colombiana de la que la actual Miss Universo (que no es “nuestra”) pueda ser representante.

¿Cuál es el problema de que se “celebre” la “belleza” de las mujeres? Que, en este caso, se celebra La Belleza. Es decir, se entiende por belleza un canon rígido, acordado según un modelo racista y clacista, neuróticamente específico; un rasero con el que comparan y miden a todas las mujeres y, según el resultado de esta comparación tremendamente subjetiva, se determina el valor que nos dan, la atención que nos prestan, nuestro lugar en la sociedad. Todos los reinados de belleza, con o sin malicia, fomentan la idea de que nuestro principal valor social es vernos bonitas, lo que nos deja en una situación de objeto o, si se quiere, de sujeto pasivo. Por lo demás y como anotación aparte, si lo que las reinas piensan o tienen para decir fuera realmente importante, no les harían una pregunta unívoca para responder en 20 segundos.

Cada mujer tiene derecho a elegir el camino que le parezca más conveniente en un mundo lleno de zancadillas, que son, más bien, formas de opresión estructurales. No debemos seguir tratando a las adultas como si fueran niñas y a las niñas (digamos en un “Miss Tanguita”), como si fueran adultas. A las adultas, debe respetárseles su derecho a la autodeterminación, podemos criticarlas por prestarse para un reinado, pero no imponerles lo que nos parece bueno o no. Las niñas, por su parte, no necesitan los reinados de belleza organizados por adultos para disfrutar de canutillos y telas. Eso es cosa que todas (y algunos) hacíamos como juego para nosotras y entre nosotras.

De todas formas, el problema no es con las candidatas. Reconozco que no tengo tezón para pasar un día en sus zapatos y solo puedo imaginarme el esfuerzo y la disciplina que ser reina requiere. Además, Vega Dieppa bien pudiera usar el cetro y la corona para convertirse en una promotora de los derechos de las mujeres; aprovechar que este acontecimiento hizo que el presidente se diera cuenta de que las colombianas somos “inteligentes, trabajadoras… y bonitas”. Quizás, con este golpe de lucidez, Juampa decida darle prioridad real en su agenda al avance y garantía de los derechos de las mujeres.

Esa sería una excelente manera de contrarrestar un poco los efectos, involuntarios pero igualmente nocivos, que ganar Miss Universo implica para un país que ya lidia con un grave problema de turismo sexual y trata de personas (en su mayoría mujeres jóvenes y niñas). Esta corona es una reafirmación de nuestra ya afamada belleza, y sin duda será usada como una valla promocional para comerciar con nosotras, como sucede con la invitación (tal vez informal y bienintencionada) que agencias de viajes o compatriotas hacen: visitar el país por la belleza y exuberancia  de sus paisajes, flores y mujeres. Tiene que dejar de parecernos normal eso de ofrecer a las colombianas, nacional e internacionalmente como si fuéramos un recurso natural, de exportación y renovable.