niñas

La niñez erótica

Columna publicada el 2 de diciembre de 2015 en El Espectador.

Entre las perlas macondianas del Concejo de Cartagena está un nuevo invento que ha dado mucho de qué hablar este año: el plan del concejal Antonio Salim para prohibir los bailes dizque eróticos en Cartagena.

La motivación es bastante mundana: por ahí hay varios políticos que le tienen ganas a la creciente población de cristianos en la región —fácilmente reconocibles en las fiestas navideñas porque, aunque dicen que la “danza” es sólo para alabar a Dios, uno los ve, como caribeños que son, moviendo involuntariamente los hombros o el pie al son de los tambores, pero sin pararse de la silla—, pero tiene una justificación populista con la que muchos han llegado a estar de acuerdo: pensar en los niños. “Pensar”, que no hacer, pero ese es otro tema.

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The digital divide: a report from Latin America

Chapter of the foundation Plan UK’s annual report, “State of the World’s Girls Report 2015”. October 2015.

When I was 11, we learned how to use the Logo operating system in computer classes in Barranquilla. Since I didn’t have a computer at home I had to write out all the calculations manually and I would use pencil drawings and a typewriter to do my homework. We got our first computer at home in 1996. At school it was always the boys who knew most about computers. They were the ones who studied systems engineering. I studied philosophy and visual arts. The closest I came to systems engineering was probably maths, but it depressed me to think that if I studied maths I wouldn’t be attractive and I would end up alone. Of course, that’s being really superficial. Or maybe it isn’t, because the need to feel accepted and loved is no small thing. Perhaps I was just very young at the time and didn’t realise that my own choices were influenced by machista prejudices.

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Vacunas: falacias y lenguaje

Columna publicada el 15 de agosto de 2015 en El Heraldo

“Tras presentar los síntomas de la vacuna de papiloma humano, la niña intentó suicidarse con sedantes”, dice el periódico El Espectador; “intentó quitarse la vida debido a que varios meses viene padeciendo quebrantos de salud, como consecuencia de la aplicación de la vacuna del Virus contra el Papiloma Humano, VPH”, dice la nota de RCN La Radio. Las citas, cuya forma se repite en varios medios, cargan con una falacia de causalidad oculta, que es muy peligrosa cuando hablamos del problema de salud que viven las niñas del Carmen de Bolívar. En todas las frases se toma por cierto que los síntomas que padecen las niñas son producto de la vacuna, sin embargo, el único sustento para esta afirmación viene de los familiares de las niñas, que no son doctores, ni expertos. Su testimonio es importante y debe ser escuchado, pero debe ser tratado como el de una víctima, no como el de una autoridad en medicina.

Una falacia de causalidad consiste en asumir que un evento es consecuencia de otro solo por el orden temporal en el que sucedieron. Por ejemplo, digamos que llega un grupo de exploradores a un pueblo perdido en medio de la selva. Esa noche, hay un eclipse. Entonces una falacia de causalidad sería concluir que la llegada de los exploradores ocasionó el eclipse. Esto es lo mismo que pasa con las afirmaciones en torno a las vacunas. Primero, se aplicó la vacuna a un grupo de niñas. Luego, un grupo de niñas (algunas vacunadas, otras no) presentó desmayos, convulsiones, dolores de cabeza, y varios síntomas. No todas las niñas tuvieron los mismos. Algunas de ellas tuvieron envenenamiento por metales pesados. Entonces se asumen dos conclusiones erróneas: la primera, que las vacunas causaron los síntomas (no podemos saberlo, los expertos lo han desmentido profusamente, y no hay un estudio que pueda afirmarlo), y la segunda, que los síntomas causaron los intentos de suicidio.

En realidad, por los hechos, lo que podemos saber es lo siguiente: hay niñas enfermas en el Carmen, física y emocionalmente. Los síntomas físicos parecen causados por metales pesados, que pudieron ingerir por muchos medios, por ejemplo ¿alguien ha investigado las fuentes de agua disponibles a las niñas para ver si están contaminadas?, ¿hay alguna otra sustancia con metales con la que hayan podido estar en contacto? Por otro lado, hay muchas razones más comunes y probables para los intentos de suicidio, como la violencia sexual y familiar, y un amplio rango de problemas emocionales, físicos y psicológicos que afectan especialmente a los adolescentes. Por otro lado también está documentado que los suicidios son “contagiosos” es decir, cuando la prensa empieza a hablar una y otra vez de casos de suicidio, y sobre todo, cuando lo hacen de una manera romántica, los casos de suicidio aumentan. Por eso, la prensa tiene una responsabilidad altísima cuando se trata de hablar de casos de salud pública como este. La información que se da, y la manera en que se presenta, puede ayudar a controlar o exacerbar el problema. También hay que recordar que en Colombia mueren seis mujeres a diario por el cáncer de cuello uterino que previene la vacuna contra el papiloma.

Sexo por baile

Columna publicada el 18 de julio de 2015 en El Heraldo

En una columna de Ámbito Jurídico, el abogado Eduardo Varela Pezzano habla de “El problema de prohibir los bailes eróticos en Cartagena”. Aunque el abogado argumenta que el proyecto no debe prohibir bailar reguetón o champeta a los adultos, está de acuerdo con “regular los bailes sexuales o eróticos de menores de edad”. “Los niños y niñas tienen que divertirse, pero sin incitar deseos sexuales que puedan llevar al riesgo de embarazo a una temprana edad por culpa de los colegios. Aquí no hay nada que discutir”. Yo en cambio creo que lo que hay que discutir en esa afirmación es mucho. ¿Qué es un contacto físico de tipo sexual? ¿Cuáles son los bailes de niños y cuáles son los bailes de adultos? Creo que en el debate sobre el proyecto censor del Concejo cartagenero se está dando por sentado que el reguetón y la champeta son “bailes sexuales y eróticos” y que sus movimientos pélvicos “incitan al deseo”.

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Virgen del Carmen

Columna publicada el 4 de julio de 2015 en El Heraldo.

La niña Sofía Tovar, de 13 años, acaba de suicidarse ingiriendo un herbicida (Paraquat Gramoxone) en el Carmen de Bolívar. Un reportaje para la revista Vice –publicado esta semana– cuenta que no es la primera en intentarlo, Angelina Arias, de 10, se mantiene en cuidados intensivos, pues intentó lo mismo con un insecticida. “Desde finales de mayo del año pasado, cuando 23 niñas de la Institución Educativa Espíritu Santo sufrieron los síntomas en plena jornada escolar, el pueblo no ha parado de sufrir. Al principio se habló de brujería y de juegos con la tabla Ouija, teorías vigentes hasta que la asociación de padres identificó que lo que tenían en común todas las afectadas era la fecha de aplicación de la segunda dosis de la vacuna del VPH: marzo de 2014”. Ahora estos intentos de suicidios son atribuidos, también por los padres de familia, a la vacuna contra el papiloma, satanizada en miles de páginas de internet por grupos de conservadores.

Quiero hacer énfasis en que las atribuciones están hechas por un colectivo de padres y no por médicos, o epidemiólogos, o por nadie que pueda medianamente mostrar alguna experticia en el tema. Tan poca es la claridad que la primera hipótesis para el asunto fue la brujería. Sin embargo, la explicación de la vacuna se hizo viral rápidamente y ahora los padres dicen que es lo único que tienen en común las 930 niñas “que han registrado síntomas”, sin embargo, el año pasado también se informó que algunas niñas, que no recibieron la vacuna, también presentaron el mismo cuadro. Por eso también se habla de estrés colectivo, lo cual no debería sorprender después de la reciente ‘epidemia de desmayos’ causados por el juego supuestamente sobrenatural de Charlie Charlie, también en la costa colombiana. Como después se supo que la cosa se debía a la promoción de una película, en ese caso sí se aceptó que los adolescentes son altamente sugestionables. Aunque sea lo más razonable, los padres de familia se ofenden cuando se habla de estrés colectivo, y en cambio afirman con vehemencia que todo se debe a que se dañó la cadena de frío de la vacuna, a pesar de que el Ministerio de Salud, en un informe oficial, ya desmintió esta teoría.

Seguramente algunas de estas niñas sí están enfermas de algo, pero además del mito popular no hay nada que realmente conecte la sintomatología de estos casos, entre los que puede haber desde intoxicaciones hasta epilepsia, y mucha, muchísima sugestión. Es altamente improbable que el Ministerio esté ocultando error humano en su informe o que esté administrando una vacuna peligrosa, cuando las consecuencias son tan graves y lo mejor que podría pasarles es tener un chivo expiatorio. Sin embargo, la prensa contrasta las declaraciones oficiales del Ministerio, hechas por expertos, con las de padres de familia que no tienen más experiencia en el tema que la preocupación por sus hijas. Por otro lado, nadie se pregunta si hay otros motivos para intentos de suicidio, motivos más escabrosos, pero también más comunes, como abuso sexual y maltrato infantil. Faltan muchas preguntas por hacer sobre lo que sucede en el Carmen de Bolívar.

Cosas de niñas

Columna publicada el 27 de mayo de 2015 en El Espectador.

Recientemente las paisas presenciaron dos discusiones en escenarios públicos (Metro y redes sociales) sobre sus derechos y papel en la sociedad: la Pontificia Universidad Bolivariana les dijo que debían ser mansitas y biemportadas para triunfar en la vida, y Profamilia les dijo que las colombianas son autónomas y tienen derecho a decidir sobres sus vidas y sus cuerpos.

“Cosas de niñas, educación y buenos modales” es el nombre de un curso vacacional de la Pontificia: cinco horas de lunes a viernes, $300.000=, y su banner promocional explica “Será tu primer paso para convertirte en una dama segura y triunfadora”. Tras evidentes críticas en redes sociales, el curso dejó de anunciarse en la página web de la universidad. Según las oficinas de la universidad el curso, ahora bajo revisión, tenía por objetivo enseñar “cómo saludar, cómo poner la mesa, etiqueta en redes sociales, oratoria, cómo caminar, cómo sentarse, valor personal y autoconfianza”.

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Miss Tanguita

Columna publicada el 15 de enero de 2015 en El Espectador.

Resulta que cada año desde hace 25 años, en el municipio de Barbosa, Santander, niñas entre 6 y 10 años desfilan en tanga, maquilladas, contoneándose y tirando besos a una audiencia de adultos que ingieren licor. Miss Tanguita, según la alcaldesa Maryury Rocío Galeano Jiménez, es una tradición de Festi-Río, y nadie en el municipio, ni los padres de familia, ni las empresas privadas que pautan, ni la misma alcaldía (que invita y promociona), ve nada malo en que las niñas participen en este reinado de belleza. De hecho, la alcaldesa afirma que a las niñas las educan en valores (¿qué valores?) y que se les enseña que su cuerpo es un templo (¿un templo para quién?).

El problema no es que las niñas estén en tanga, podríamos ver a una niña jugando desnuda en la playa sin sexualizarla, pero el contexto del reinado hace que su aparición en vestido de baño tenga como único propósito que todos detallemos su cuerpo y, si aprobamos, le digamos “qué bonita”. El problema tampoco es que menores de edad participen en una competencia-espectáculo. Las niñas jugadoras de volleyball playero pueden decirnos una que otra cosa sobre los morbosos que van a verlas jugar en vestido de baño; pero hay una gran diferencia entre un reinado y un partido de volleyball, pues el único propósito de las reinas es pararse ahí, para que las observen y las midan, mientras que las deportistas están haciendo una actividad que tiene un propósito en sí mismo, independiente de esa mirada a la que nos enfrentamos las mujeres permanentemente, que nos objetiza y nos sexualiza.

Ser sexualizada no está mal en sí, el problema es no tener control ni voto sobre esa sexualización que es impuesta sobre las mujeres en todo momento, sin siquiera preguntarnos. El mundo discute la apariencia física de la profesora, la científica, la candidata a presidenta, y los juicios sobre su belleza tienen, sin duda, un efecto la manera en que la gente juzga su trabajo y en todos los ámbitos de su vida. En muchos contextos (demasiados) la belleza es el eje de la función social de las mujeres. Ante esta situación, una mujer adulta puede decidir participar en un reinado de belleza, y si le parece que esa es realmente su mejor opción (para muchas lo es) hay que respetarle su autonomía y su derecho a la autodeterminación. Pero las niñas, niñas de 6 a 10 años, muy seguramente no tienen las herramientas para entender qué significa posar como un objeto sexualizado, ni las implicaciones que esto tiene para su proyecto de vida y su autoestima, y menos en un municipio en donde ni los adultos no son conscientes de estos peligros y abusos.

En un país en donde cada año, en promedio, nacen 159.656 niñas y niños con madres entre los 9 y 18 años, no hay forma de argumentar que un reinado de belleza pueda ser formativo y Miss Tanguita (junto con todos los certámenes de belleza para menores de edad) tendría que ser entutelado por violación al interés superior de las niñas, su derecho a la intimidad, a no ser explotadas, y por discriminación de género. Más aún, la prohibición antioqueña a los reinados y concursos de modelaje en los colegios tendría que ser extensiva a todo el país, ni siquiera son necesarias nuevas leyes, basta con atender el artículo 5 de la Cedaw y el 9 de Belem do Pará, convenciones internacionales para proteger los derechos de las mujeres que Colombia ha ratificado*. Que las mujeres adultas participen en reinados es una cosa, pero el Estado colombiano tiene la obligación de proteger su derecho al libre desarrollo de la personalidad de las niñas en un contexto que no sea discriminador ni violento con su género, y que por el contrario les garantice opciones diversas para sus proyectos de vida. Las niñas de Colombia tienen derecho a soñar con ser más que una madre, una musa o una moza y como sociedad no podemos mandarles el mensaje de que su único rol en el mundo es el de objeto de deseo y/o máquina reproductiva. Solo una mujer con opciones puede ser dueña de su vida.

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Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW), artículo 5:

“Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para:

a) Modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres;

b) Garantizar que la educación familiar incluya una comprensión adecuada de la maternidad como función social y el reconocimiento de la responsabilidad común de hombres y mujeres en cuanto a la educación y al desarrollo de sus hijos, en la inteligencia de que el interés de los hijos constituirá la consideración primordial en todos los casos.”
Convención Belem do Pará, artículo 9:
“Para la adopción de las medidas a que se refiere este capítulo, los Estados Partes tendrán especialmente en cuenta la situación de vulnerabilidad a la violencia que pueda sufrir la mujer en razón, entre otras, de su raza o de su condición étnica, de migrante, refugiada o desplazada.  En igual sentido se considerará a la mujer que es objeto de violencia cuando está embarazada, es discapacitada, menor de edad, anciana, o está en situación socioeconómica desfavorable o afectada por situaciones de conflictos armados o de privación de su libertad.”