posconflicto

La falacia de la cárcel

Columna publicada el 7 de septiembre de 2016 en El Espectador.

Uno de los argumentos para votar “No” en el plebiscito que ha hecho eco entre los y las colombianas es “que la guerrilla no pagará cárcel”.

Esto de entrada es falso, pues solo habrá amnistía para delitos políticos y conexos, pero no para los crímenes de lesa humanidad como el secuestro, las desapariciones y violencia sexual. Es decir, estos crímenes necesariamente tendrán que ser sancionados en el sistema de Jurisdicción especial para la paz, y ahí se determinará si el castigo será la cárcel (entre 15 a 20 años para quienes se nieguen a confesar y dar información que permita reparar a las víctimas, y penas alternativas haciendo labores restauradoras, como desminar los campos o construir obras públicas, para los y las que sí colaboren con los procesos de justicia). Como explica Rodrigo Uprimny en uno de los recientes videos de DeJusticia, “no es verdad que esta sea una paz con impunidad”; habrá justicia, pero una justicia distinta.

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Poner el cuerpo

Columna publicada el 4 de mayo de 2016 en El Espectador.

Cuando estaba en campaña para su reelección, una de las banderas de Santos fue la promesa de acabar con el servicio militar obligatorio.  “¿Usted prestaría sus hijos para la guerra?”, le preguntaba emotivamente el presidente-candidato a la audiencia, y el ad hominem le salió brillante, porque Zuluaga, digo, Uribe, su contrincante guerrerista, había salvado a sus hijos del Ejército, mientras que los delfines Santos sí prestaron el servicio militar.

El tiempo ha pasado y hoy el presidente nos presenta algo que parece ser un triunfo: que la libreta militar ya no será requisito para acceder a un trabajo. Parece un triunfo porque muchos jóvenes, los que no querían prestar servicio y/o no podían pagar la libreta, se quedaban sin trabajo por no poder y/o no querer pagar ese impuesto de la guerra. Ahora los jóvenes podrán trabajar sin la libreta, pero tendrán que pagarla en 18 cuotas, es decir, el impuesto de la guerra se mantiene, pero con un “cómodo” sistema de crédito. Mientras tanto, la representante Angélica Lozano alerta sobre un nuevo proyecto del Gobierno que busca que ahora la libreta sea condición para sacar la licencia de conducción y el pasaporte. Y a pesar de que digan que los millenials prefieren la bicicleta, una restricción así atenta contra la movilidad de los jóvenes dentro del país y en el mundo, y por supuesto, afectará más a los que no pueden comprar su salida de entre la espada y la pared.

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20 años en defensa de la libertad de prensa

Columna publicada el 12 de marzo de 2016 en El Heraldo.

Sin el trabajo de la Fundación para la Libertad de Prensa, que  llegó ayer a su aniversario número 20, las muertes de los 152 periodistas asesinados en Colombia desde 1977 no serían entendidas como un ataque a la libertad de expresión, serían una contingencia más de un conflicto interno en donde no sobreviven  “los sapos”.

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¡Adelante Jineth!

Columna publicada el 4 de febrero de 2016 en El Espectador.

La periodista y defensora de derechos humanos, Jineth Bedoya lleva 15 años pidiendo justicia por los delitos de secuestro, tortura y violencia sexual de los que fue víctima. No han sido 15 años de espera pasiva, durante este tiempo, Bedoya ha realizado un valiente trabajo en defensa de las mujeres víctimas de violencia en Colombia y se ha convertido en un símbolo como mujer periodista sobreviviente a la violencia. ¡No es hora de callar! la campaña que lidera, se ha convertido en un referente internacional y es uno de los más sólidos movimientos de víctimas en Colombia. El martes de esta semana uno de sus victimarios, el exparamilitar Mario Jaimes conocido como el Panadero, aceptó los cargos y pidió perdón públicamente a la periodista.

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Hace treinta años

Columna publicada el 7 de noviembre de 2015 en El Heraldo

Hace treinta años estaba en casa con mis abuelas en Barranquilla, triste porque era la víspera de mi cumpleaños, y mi mamá estaba de viaje en República Dominicana. Mis abuelas me tenían ocupada haciendo manualidades: la idea era que yo iba a ayudar a hacer las sorpresas de mi fiesta, armar las cajitas, llenarlas de dulces. Recuerdo que mi bisabuela salió de la cocina, corriendo, a prender el televisor del comedor, que era de perilla, blanco y negro. Se escuchó la voz de un locutor de noticias que paralizó la casa. Mis dos abuelas y Anita, la empleada doméstica, se acercaron perplejas al televisor. Mi abuela dijo que nos fuéramos a su cuarto, donde estaba el televisor a color en una mesita bajo la ventana. Tras ajustar las antenas empezaron a verse llamas en la pantalla. Yo recuerdo con toda claridad esta imagen de las llamas que dejó a mis abuelas estupefactas y calladas.

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