sexismo

Las propias

Columna publicada el 17 de diciembre en El Heraldo.

Les voy a contar una anécdota horrible sobre mi vida del colegio. Cuando éramos adolescentes, mis compañeros de clase, en bachillerato, tenían una práctica que llamaban “Propiar”. Esto era, ir “a donde las propias”, un misterioso plan al que las chicas del salón nunca éramos invitadas. Así que lo que sé lo sé de oídas, de las historias que contaban al día siguiente en clase, que podían ser o no ciertas, y que supongo que estaban en un intermedio entre la verdad y la exageración. En todo caso, estas aventuras consistían en que se llevaran los carros (caros y de marca) de sus papás, a los barrios populares de Barranquilla. Allí, según decían “levantaban pelaítas” que se iban con ellos, descrestadas por los carros. La historia era que con estas mujeres o niñas (nunca supe sus edades, ni creo que ellos preguntaran) tenían sus primeras experiencias sexuales. ¿Había consentimiento en estas experiencias? Quizás ni ellos lo saben, en ese entonces nadie hablaba al respecto, y en el colegio nuestra profesora de religión, que también daba la clase de orientación sexual, nos decía que lo mejor era la abstinencia.

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Privilegiados y vulnerables: la estructura social detrás de la muerte de Yuliana Samboní

C0lumna publicada el 11 de diciembre en Razón Pública.

En el fondo del crimen que estremeció a la opinión pública está un país donde algunos “son alguien” y otros “no son nadie”. Además de castigar al culpable, este caso exige una nueva reflexión sobre las verdades de una sociedad que estimula y tolera la violencia de género. 

Vulnerabilidades y privilegios

El pasado fin de semana Yuliana Andrea Samboní, una niña indígena, desplazada y pobre, fue secuestrada, violada, torturada y asesinada por (según señala la evidencia) Rafael Uribe Noguera, un hombre, educado, blanco y de clase alta.

El crimen ha logrado horrorizar y conmover a un país que suele permanecer indiferente ante las muchas formas de violencia de género. El crimen también es un retrato de las desigualdades y tensiones sociales que se viven en Colombia y que influyen sobre el modo de ejercer la violencia y sobre las formas de impartir justicia. Por eso importa comenzar por un análisis de las vulnerabilidades y privilegios en la sociedad donde tuvo lugar este crimen. 

Esas vulnerabilidades y privilegios no son inherentes a la naturaleza, sino que son construcciones sociales. Ser niña, ser indígena o ser mujer no son desventajas en sí mismas, y en una sociedad justa no tendrían por qué serlo. Pero en un país machista y racista ser una mujer indígena implica tener problemas de acceso a derechos fundamentales como la educación y la salud, o una vida libre de violencia.

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Emociones políticas

Columna publicada el 9 de noviembre de 2016 en El Espectador.

El 2016 ha sido un año de inmensos retrocesos en todo el mundo para los valores políticos progresistas.

Comenzó con el brexit: nadie vió venir que en en junio, en el Reino Unido votarían para salirse de la Unión Europea. el voto para salirse estuvo alimentado por la xenofobia, el mito de que los migrantes llegan al Reino Unido para quitarles trabajos que no merecen. A pesar de la gravedad del resultado, muchos seguimos bienpensantes y creímos que en octubre el pueblo colombiano refrendaría los acuerdos de paz que servirían para acabar con un conflicto de más de cinco décadas. No parecía haber motivos para creer lo contrario. Pasamos un mes armados de argumentos “racionales” y decidimos no escuchar los miedos sobre “el castrochavismo” y la profunda homofobia y transfobia nacional, pues descartamos estas “emociones” por absurdas. ¡Qué daño nos ha hecho esa dicotomía entre racional y emocional! Solo ha servido para que desantendamos los argumentos del bando contrario tildándolos peyorativamente como “emociones”. Y ahora, gracias a esas “emociones”, acaba de ganar la Presidencia de los Estados Unidos uno de los hombres más misóginos, clasistas, racistas, xenófobos, y peor preparados de nuestros tiempos: Donald Trump. Hoy decimos que el resultado de las elecciones gringas es “de no creer”, pero eso es solo porque nos negamos a ver una tendencia mundial muy evidente.

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Chismosas

Columna publicada el 27 de octubre de 2016 en El Espectador.

Hace unos días el Distrito de Bogotá sacó en Transmilenio unas piezas de publicidad gráfica para anunciar que los robos en este sistema de transporte público se han reducido en un 42%.

El material está compuesto por cuatro piezas, cuatro intrascendentes y dos sexistas. Los medios lo reportan usando expresiones como: “califican de”, “las redes sociales dicen” que es “sexista”, con la palabra entre comillas como si estuviera en duda, pero ninguno se atreve a decir que en efecto lo es, como si no fuera claro y evidente. Se trata de dos fotos: en una aparecen dos mujeres hablando y en la otra un hombre hablando por celular con un maletín. Hasta ahí vamos bien, ellas podrían ser compañeras de trabajo planeando una reunión, él podría estar armando cizaña, no lo sabemos. Pero en la foto de las mujeres se lee “Transmilenio más seguro a la hora del chisme” y en la del hombre “incluso a la hora de los negocios”. Porque ya ven, parece que los hombres hacen negocios y las solo mujeres echamos chisme. Es decir: las dos piezas gráficas nos muestran esos prejuicios que tenemos todos y que corresponden a unos estereotipos de género falsos y dañinos.

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El “peligro” de las políticas mexicanas para el canciller brasileño

Columna publicada en Univisión el 28 de julio de 2016.

“Debo decir, querida ministra, que México, para los políticos hombres en Brasil, es un peligro, porque descubrí acá que la mitad de las senadoras son mujeres”, le dijo esta semana el canciller brasileño José Serra a su homóloga mexicana, Claudia Ruiz Massieu, durante una visita oficial a México.

Lastimosamente el chiste machista del canciller es mucho más que un chiste, es un síntoma de uno de los gobiernos más sexistas de todo el continente: el presidente interino, Michel Temer, tiene un gabinete con 23 hombres blancos, la primera vez en cuatro décadas, desde tiempos de la dictadura militar.

Este es el panorama de la representación política en Brasil desde la revocatoria del mandato de la presidenta Dilma Rousseff, la primera presidenta mujer en la historia de Brasil y una de las defensoras de derechos humanos más aguerridas de toda Sudamérica. Fue evidente que el sexismo se usó como una herramienta para sacarla del poder. Y no es que Rousseff fuera perfecta, no.

Pero son muchos los políticos hombres que, como Rousseff, han sido acusados de “pedaladas fiscais”, de maquillar las cuentas públicas, pero solo en el caso de la presidenta estas acusaciones tuvieron tamaña consecuencia. El sexismo simbólico en la campaña para sacarla de su cargo era descarado. Los periódicos titulaban “Regrésate a la casa” y en los coches, alrededor del orificio del tanque de gasolina, pegaron stickers con la cara de la presidenta y unas piernas abiertas, para violarla simbólicamente, una y otra vez, con la manguera de gasolina.

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Pensar: ¿cosa de hombres?

Columna publicada el 24 de marzo de 2016 en El Espectador.

Un “sesgo implícito” (“implicit bias”) sucede cuando un individuo hace asociaciones automáticas, afectivas y/o cognitivas, entre un grupo estigmatizado (como los indígenas, los negros, o las mujeres) y las características negativas de su estereotipo. Estas asociaciones automáticas afectan de manera real nuestros juicios, decisiones y comportamientos, y como funcionan a un nivel inconsciente son difíciles de identificar.

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