violencia contra las mujeres

A las patadas

Columna publicada el 22 de marzo de 2017 en El Espectador.

“Opa, opa”, y el condescendiente “ese es un buen tema, lo podemos discutir”, le decía un coro de hombres a la periodista Andrea Guerrero cuando se tomó el micrófono para decir que se sentía agredida por el llamado del futbolista Pablo Armero, detenido el año pasado en Miami por coger del pelo a su pareja e intentar cortarle las extensiones en castigo porque ella no quería tener sexo con él. Cuento de nuevo la agresión con detalle pues no fue cualquier cosa, no hubo ambigüedad alguna en la violencia machista que ejerció contra su pareja. Como tampoco hubo ambigüedad en la postura del consulado: a favor de Armero. “No comparto que mi selección, la que tiene mis ídolos, tenga un hombre que maltrató a su mujer”, dijo la periodista, con una asertividad que muchos medios han llamado “enfado”, y la verdad es que todos debemos compartir su indignación.

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El Violentómetro

Columna publicada el 14 de mayo de 2016 en El Heraldo.

En lo que va del año se han cometido 6 feminicidios en el Atlántico. Esta fue la cifra presentada el jueves en la Tertulia de EL HERALDO sobre violencia de género en el departamento. El periódico reunió a expertos para discutir el tema y se habló de la violencia física y emocional que viven las atlanticenses, de la doble discriminación que sufren las mujeres por raza, etnia y clase social, y del terrible estado en que se encuentran las casas refugio, las personerías, las comisarías de familia y de la terrible infraestructura para atender a las mujeres. Se habló de la violencia hacia la comunidad LGBT, que también es violencia de género, y de lo desarticulada que está la ruta de atención y prevención.

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Regalos para mamá

Columna publicada el 7 de mayo de 2016 en El Heraldo.

Un informe de la Secretaría de Integración Social del Distrito de Bogotá muestra que los índices de violencia doméstica se disparan en el Día de la Madre y durante todo el mes de mayo. En mayo de 2015 se registraron 109 casos diarios de lo que en Colombia aún se llama “violencia intrafamiliar” y que debería llamarse doméstica pues la denuncia de las mujeres se hace más difícil cuando el agresor no hace parte de su familia, por ejemplo, un exnovio. “De los 41.015 casos por violencia de pareja, durante el año, 10.191 ocurrieron el día domingo y 29.100 casos se presentaron en la vivienda de la víctima” muestra el informe.

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Descaro estatal

Columna publicada el 7 de abril de 2016 en El Espectador.

“Fuimos víctimas el día que nos abusaron y nos violaron, hoy somos sobrevivientes y luchadores; esa es la consigna que miles de mujeres en el mundo hemos adoptado y replicado ante la barbarie de la violencia sexual, pero la impunidad todos los días nos quita algo de sobrevivientes y nos va matando lentamente”.

Con estas palabras comenzó Jineth Bedoya la audiencia sobre su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDG), que tuvo lugar este martes en Washington. Una vez más, Bedoya contó su caso, habló de cómo el Estado le negó el esquema de protección y seis meses después fue secuestrada, torturada y violada. El Estado colombiano no solo no protegió a Bedoya, sino que permitió que su expediente se perdiera, que la siguieran amenazando, y que, 16 años después, apenas haya dos condenas (recientes), mientras los autores intelectuales siguen en la absoluta impunidad, pues no hubo investigaciones internas sobre los funcionarios que estuvieron envueltos en este crimen.

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Hacer la violencia visible

Columna publicada el 17 de marzo de 2016 en El Espectador.

La semana pasada se hizo viral en redes sociales, hasta llegar a los medios de comunicación, un post testimonial de Yamile Arango, una ibaguereña de 28 años que contaba cómo su expareja, militar, había cometido todo tipo de agresiones en su contra, incluido amenazarla con un arma y secuestrarla en su apartamento.

Arango, que terminó con la nariz rota en varias partes, se enfrentó luego con un sistema de justicia indolente y revictimizante, y su denuncia fue traumática e infructuosa, la Policía fue incompetente y su agresor salió en libertad. La historia de Arango se repite en Colombia varias veces al día; los casos de violencia doméstica son motivo de chisme en los pasillos, pero difícilmente encuentran justicia. Sin embargo, Arango, a diferencia de tantas mujeres, logró, gracias a las redes sociales, que su caso se tomara en serio. Si bien no hubo justicia para ella, su testimonio ha servido para crear conciencia en la opinión pública y a que se cuestionen, en serio, los mecanismos de acceso a la justicia que presentan tantos obstáculos para las mujeres. Arango tiene toda la razón en estar decepcionada de la justicia, pero su caso inició una discusión que puede ser el primer paso para cambiar el sistema.

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El largo camino de la no violencia contra las mujeres

Artículo publicado el 30 de noviembre de 2015 en Razón Pública.

A propósito del Día Internacional de la no violencia contra la mujer, hacemos un recorrido por lo que se ha logrado y lo que se ha dejado de hacer en este tema en Colombia. Aunque se reconocen algunos avances, todavía queda mucho por hacer.

Cifras que son dolores

Según datos de Medicina Legal, en Colombia cada día son asesinadas entre tres y cuatro mujeres; 156 son víctimas de “violencia intrafamiliar” y 45 sufren violencia sexual.

De las 44.743 personas que fueron víctimas de violencia de pareja, 39.020 fueron mujeres. Esto quiere decir que cada seis horas matan a una mujer, cada media hora violan a una y cada 10 minutos a alguna le pegan en la casa. El momento en que mayor ocurre la violencia es el domingo por la noche.

Las cifras están repletas de números aterradores. ¿Será que sirve de algo hacer una lista? A pesar de que la prensa ha empezado a visibilizar el problema, los números no han bajado sustancialmente en los últimos años (además, corresponden a un subregistro pues, con los casi absolutos índices de impunidad, son pocas las víctimas que se atreven a denunciar).

Quizás lo más problemático de estos números es que son insuficientes para cuantificar todos los escenarios en que las mujeres sufrimos violencia de género. Entender estos escenarios con sus diferentes manifestaciones es clave para una comprensión holística del problema y para poder atacar sus causas de una manera más eficiente.

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A patadas

Columna publicada el 11 de octubre en El Heraldo.

Acaba de salir libre el portero suplente del Junior, Carlos ‘Peto’ Rodríguez, tras ser acusado de golpear a su compañera, Nancy Chacón. Ella cuenta que el futbolista llegó a la casa borracho en la madrugada del viernes con otra mujer, y que terminó agrediéndola, arrastrándola del pelo por el piso, y todo frente a la hija de ambos, de apenas 45 días. Chacón dice que tras la golpiza la obligó a bañarse para limpiarse la sangre y que los maltratos son de larga data y recurrentes.

Al parecer Rodríguez salió libre por un tecnicismo en el alegato de la Fiscalía que dio pie para que el juez declarara ilegal la captura y el futbolista ha “firmado un acuerdo” con Chacón que incluye “no volverle a pegar”, irse de la casa, pasar la pensión de la niña; es decir, lo mínimo que debería hacer incluso si no le hubiera pegado.

Cualquiera diría que en Colombia es de lo más normal que los futbolistas cojan a patadas a las mujeres y sigan trabajando como si nada, sin que afecte su trabajo y como si la violencia contra sus parejas perteneciera a la esfera de la vida privada. La violencia siempre es un problema público. ¿Por qué el Pibe Valderrama sí puede pronunciarse contra la agresión del jugador Luis Quiñones al asistente Víctor Danilo Pacheco, pero no se refiere a la aún más violenta y macabra agresión de Rodríguez contra su pareja?

Con toda razón, las mujeres de la Red de Mujeres Contra la Violencia en el Atlántico hicieron un plantón en las instalaciones del Centro de Servicios Judiciales para rechazar la agresión impune, y recordar que en lo que va del 2014, en el Atlántico ya se cuentan 31 feminicidios.

El feminicidio en el Caribe colombiano es un problema gravísimo, hay una violencia estructural que hace que para muchos hombres y muchas mujeres sea “normal” el maltrato y estos prejuicios son compartidos por la policía que, en vez de atender a las mujeres, disculpan a los victimarios. Mientras tanto, a las mujeres les hacen promesas, les piden una y otra vez “perdón”, “comprensión” como si fueran las madres de sus agresores. Iniciativas como la de la Red de Mujeres Contra la Violencia son supremamente importantes porque, aunque la impunidad continúa, su protesta ayuda a empoderar a las mujeres que se encuentran en una situación similares y que pueden encontrar la valentía para hablar en el apoyo de una red como esta.

Con mucha preocupación, traigo a colación un ejemplo que ya he mencionado varias veces en esta columna: hace unos meses Ricardo Molina Araújo, hijo de la Cacica, llegó en la madrugada borracho a pegarle a su pareja Sildana Mestre y frente a sus hijas disparó 14 balazos. Uno de ellos le pegó a su mujer, Sildana Maestre, que hoy está muerta. Molina, afortunadamente, se encuentra retenido, procesado por el “delito de tentativa de homicidio agravado con dolo eventual”.

Uno se pregunta qué le tiene que pasar a Chacón para que le dicten medida de aseguramiento a su peligrosa pareja o si en el juicio contra Molina, el juez tendrá las mismas aparentes deferencias que tuvo en el caso de Rodríguez. La terrible verdad es que la violencia contra las mujeres en el Caribe se seguirá incrementando si todos estas agresiones siguen permaneciendo impunes, en el mejor de los casos, y silenciadas en los peores escenarios. Sabemos de los maltratos a Chacón y a Maestre porque los perpetradores son figuras públicas, pero también sabemos que estos son casos paradigmáticos de lo que suceden a puertas cerradas en las los hogares de la Costa. Lo sabemos aun sin que llegue la prensa. Los gritos se escuchan por las ventanas.