violencia doméstica

Las malas madres

Columna publicada el 14 de enero de 2017 en El Heraldo.

El video muestra a unos uniformados que llegan a la casa de una familia, en Tierralta, Córdoba, para rescatar a un niño a quien su madre, como castigo, había amarrado a un palo. La madre fue acusada por los vecinos y luego arrestada por la policía. En el video podemos escucharla suplicando para que no le quiten a su hijo.

Un segundo video muestra a la mujer arrepentida, ofreciendo su mea culpa a todos nosotros, sus jueces implacables, a nosotros que nos llevamos la mano a la boca mientras exclamábamos ¡mala madre! “¿Por qué amarrabas a tu hijo?” Le pregunta el periodista. Detrás de la mujer se ve una calle de tierra en donde juegan muchos niños y niñas descalzos, un muro a medio construir; testimonios de la situación vulnerable en la que vive la familia. La mujer contesta, tiene varias razones: la primera “porque varias veces casi me lo atropella una moto y también porque me botó la comida del mediodía, el agua de tomar, pero lo hice para no pegarle porque ya no hacía caso”. Es decir, la mujer nos dice que no daba abasto cuidar y disciplinar a su hijo, hacer de comer y probablemente trabajar. Nos dice que está frustrada porque el niño le bota la comida que probablemente llegó a la mesa con mucho esfuerzo. La segunda razón de la mujer es también descorazonadora: “cuando era pequeña a mí me amarraban a un palo en el sol”. Cuando ella era niña no habían vecinos con celular para grabar video y traer a los medios, así que nunca debió llegar la policía a desamarrarla de ese palo bajo el sol.

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¿Una Fiscalía machista?

Columna publicada el 16 de junio de 2016 en El Espectador.

“Uno percibe que la criminalización de esa conducta debe ser objeto de un revisión desde el punto de vista sociológico muy importante porque al criminalizarse la violencia intrafamiliar finalmente se está generando una ruptura del núcleo familiar a partir de expresiones de violencia de ocasión. Además atosigando a todo el sistema penal colombiano”, dijo el candidato a fiscal Néstor Humberto Martínez en su presentación frente a la Corte Suprema el jueves pasado. Como es evidente, la respuesta produjo polémica en un país en donde la violencia intrafamiliar es cosa de todos los días y causal constante de nuevos ciclos de violencia. Medicina Legal habla de 83.888 casos reportados en 2015 y lo que va del 2016 hasta abril.

Pero días más tarde, Martínez matizó sus declaraciones y aclaró que no pretendía descriminalizar este delito, sino revisarlo. El candidato, en su nueva declaración, afirma que se necesita una política pública integral, comprometer al ICBF, dar tratamiento psicosocial, y añade que la cárcel no es la mejor medida para combatir esta violencia. Hasta le pasó a RCN Radio un ensayo académico de la estadounidense Radha Iyengar titulado “¿Es cierto que la certeza del arresto reduce la violencia doméstica?”. El documento analiza casos de estados en EE.UU. que han pasado leyes que obligan al arresto siempre que se reporte un incidente de violencia doméstica y señala que al hacer el arresto obligatorio aumentaron los feminicidios. Nótese que no es lo mismo decir que una ley de arresto obligatorio aumenta los feminicidios, a decir que se debe revisar la criminalización del delito de violencia intrafamiliar, que en Colombia tiene una baja proporción de arrestos en contraste con el número de denuncias.

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Regalos para mamá

Columna publicada el 7 de mayo de 2016 en El Heraldo.

Un informe de la Secretaría de Integración Social del Distrito de Bogotá muestra que los índices de violencia doméstica se disparan en el Día de la Madre y durante todo el mes de mayo. En mayo de 2015 se registraron 109 casos diarios de lo que en Colombia aún se llama “violencia intrafamiliar” y que debería llamarse doméstica pues la denuncia de las mujeres se hace más difícil cuando el agresor no hace parte de su familia, por ejemplo, un exnovio. “De los 41.015 casos por violencia de pareja, durante el año, 10.191 ocurrieron el día domingo y 29.100 casos se presentaron en la vivienda de la víctima” muestra el informe.

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Hacer la violencia visible

Columna publicada el 17 de marzo de 2016 en El Espectador.

La semana pasada se hizo viral en redes sociales, hasta llegar a los medios de comunicación, un post testimonial de Yamile Arango, una ibaguereña de 28 años que contaba cómo su expareja, militar, había cometido todo tipo de agresiones en su contra, incluido amenazarla con un arma y secuestrarla en su apartamento.

Arango, que terminó con la nariz rota en varias partes, se enfrentó luego con un sistema de justicia indolente y revictimizante, y su denuncia fue traumática e infructuosa, la Policía fue incompetente y su agresor salió en libertad. La historia de Arango se repite en Colombia varias veces al día; los casos de violencia doméstica son motivo de chisme en los pasillos, pero difícilmente encuentran justicia. Sin embargo, Arango, a diferencia de tantas mujeres, logró, gracias a las redes sociales, que su caso se tomara en serio. Si bien no hubo justicia para ella, su testimonio ha servido para crear conciencia en la opinión pública y a que se cuestionen, en serio, los mecanismos de acceso a la justicia que presentan tantos obstáculos para las mujeres. Arango tiene toda la razón en estar decepcionada de la justicia, pero su caso inició una discusión que puede ser el primer paso para cambiar el sistema.

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Rectificación

Columna publicada el 5 de marzo de 2016 en El Heraldo.

El señor Rafael Madero Cabrera, presidente de la Junta Directiva de Fenalco Atlántico, pide, por medio de una carta, que haga rectificaciones a mi columna “Irresponsabilidad social empresarial” en la que critico a Fenalco por enviar el mensaje, socialmente irresponsable, de que la violencia contra las mujeres es cosa tolerable. Dice Madero que yo tengo un “inadecuado entendimiento de los actos desplegados por la entidad”, una frase importante, pues deja claro que el motivo de reclamo es mi “inadecuado entendimiento”, es decir, mi opinión, y no “los hechos desplegados por la entidad”, que no están en discusión.

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Irresponsabilidad Social Empresarial

Columna publicada el 20 de febrero de 2016 en El Heraldo.

Maltratar a una mujer siempre es un asunto público. Primero, porque es un delito, y segundo, porque es un problema de salud pública que nos afecta a todos. En los últimos años, Medicina Legal ha subregistrado entre 43.000 y 49.000 casos de violencia doméstica y el 85% de las víctimas son mujeres (el restante 15% están conformado en su mayoría por ancianos y niños). La violencia doméstica contra la mujeres tiene la particularidad de que vivimos en una sociedad en donde la violencia de género está naturalizada. A los hombres los educan para “disciplinar” a sus mujeres con el puño, y a las mujeres para “tener paciencia y tolerancia”, y así ha sido por generaciones. Cada comportamiento o comentario machista que hacemos refuerza la idea de que las mujeres son menos que personas, objetos, menores de edad, y que sus vidas y cuerpos pueden pertenecer a alguien. Este problema estructural, social, y cultural, del que somos responsables todos como sociedad, es el origen de la violencia contra las mujeres. Por eso, los casos de violencia contra las mujeres nunca son casos aislados, responden a un sistema en el que todos participamos.

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Tolerancia

Columna publicada el 24 de octubre de 2015 en El Heraldo

Yo no le eché gasolina a la casa, ni a ella ni a los pelaos. Tampoco los maltraté, lo único que yo hice fue prender el colchón y fue afuera de la casa”, declaró Federmann Carrillo. En la primera versión del incidente se dijo que el hombre había rociado con gasolina a su esposa, Katty Milena Reyes, y a sus tres hijos. En la foto que acompaña el artículo se puede ver la huella del colchón incinerado sobre el pasto. “Yo salí con los niños y llamé a la Policía y se lo llevaron, él ni a mí, ni a los niños nos echó gasolina”, dijo Reyes. “En ningún momento me golpeó ni a los niños, lo que quiero es que esto se arregle y que él vea por los pelaos porque yo no tengo a más nadie”, y añadió que “si de verdad” ella y los niños hubiesen sido agredidos, habría presentado cargos para encarcelarlo.

Esta noticia es paradigmática de cómo sucede la violencia doméstica. Para Reyes, una agresión sería un golpe directo a ella o a sus hijos, como si llegar borracho a sacarlos de la cama y quemar el colchón con gasolina no fuera un gesto dramáticamente violento e intimidante. Es violencia doméstica, simbólica, física y psicológica. Y no es que Reyes sea tonta o que no la pueda reconocer; como bien dice, necesita que su agresor esté libre para que la ayude con la manutención de sus hijos porque no tiene a nadie más.

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