violencia intrafamiliar

¿Una Fiscalía machista?

Columna publicada el 16 de junio de 2016 en El Espectador.

“Uno percibe que la criminalización de esa conducta debe ser objeto de un revisión desde el punto de vista sociológico muy importante porque al criminalizarse la violencia intrafamiliar finalmente se está generando una ruptura del núcleo familiar a partir de expresiones de violencia de ocasión. Además atosigando a todo el sistema penal colombiano”, dijo el candidato a fiscal Néstor Humberto Martínez en su presentación frente a la Corte Suprema el jueves pasado. Como es evidente, la respuesta produjo polémica en un país en donde la violencia intrafamiliar es cosa de todos los días y causal constante de nuevos ciclos de violencia. Medicina Legal habla de 83.888 casos reportados en 2015 y lo que va del 2016 hasta abril.

Pero días más tarde, Martínez matizó sus declaraciones y aclaró que no pretendía descriminalizar este delito, sino revisarlo. El candidato, en su nueva declaración, afirma que se necesita una política pública integral, comprometer al ICBF, dar tratamiento psicosocial, y añade que la cárcel no es la mejor medida para combatir esta violencia. Hasta le pasó a RCN Radio un ensayo académico de la estadounidense Radha Iyengar titulado “¿Es cierto que la certeza del arresto reduce la violencia doméstica?”. El documento analiza casos de estados en EE.UU. que han pasado leyes que obligan al arresto siempre que se reporte un incidente de violencia doméstica y señala que al hacer el arresto obligatorio aumentaron los feminicidios. Nótese que no es lo mismo decir que una ley de arresto obligatorio aumenta los feminicidios, a decir que se debe revisar la criminalización del delito de violencia intrafamiliar, que en Colombia tiene una baja proporción de arrestos en contraste con el número de denuncias.

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Johnny Depp, el “pobre hombre engañado por su esposa” y otros mitos de la violencia intrafamiliar

Columna publicada el 3 de junio de 2016 en Univisión.

“Forman una de esas parejas perfectas: la actriz, una mujer de belleza del viejo Hollywood y un estilo ligeramente grunge. Él, el actor con más personalidad de toda la industria cinematográfica. Ambos, estaban condenados a estar juntos.”

Así decía hace unos meses un artículo de la revista Harper’s Bazaar México refiriéndose a la modelo y actriz Amber Heard y su esposo, 22 años mayor, el actor y galán de Hollywood, Johnny Depp.

En abril la misma revista sacó una sesuda pieza en la que desglosaban cómo logró Heard enamorar al “esquivo” actor. La revista explica que Heard es bella, encantadora, y desglosa en 20 filminas todos su atributos físicos “173 centímetros de altura, melena ondulada rubia, ojos verdes y sonrisa permanente… Amber Heard es una de las actrices más atractivas de Hollywood, y así lo han declarado varias revistas masculinas.”

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Hacer la violencia visible

Columna publicada el 17 de marzo de 2016 en El Espectador.

La semana pasada se hizo viral en redes sociales, hasta llegar a los medios de comunicación, un post testimonial de Yamile Arango, una ibaguereña de 28 años que contaba cómo su expareja, militar, había cometido todo tipo de agresiones en su contra, incluido amenazarla con un arma y secuestrarla en su apartamento.

Arango, que terminó con la nariz rota en varias partes, se enfrentó luego con un sistema de justicia indolente y revictimizante, y su denuncia fue traumática e infructuosa, la Policía fue incompetente y su agresor salió en libertad. La historia de Arango se repite en Colombia varias veces al día; los casos de violencia doméstica son motivo de chisme en los pasillos, pero difícilmente encuentran justicia. Sin embargo, Arango, a diferencia de tantas mujeres, logró, gracias a las redes sociales, que su caso se tomara en serio. Si bien no hubo justicia para ella, su testimonio ha servido para crear conciencia en la opinión pública y a que se cuestionen, en serio, los mecanismos de acceso a la justicia que presentan tantos obstáculos para las mujeres. Arango tiene toda la razón en estar decepcionada de la justicia, pero su caso inició una discusión que puede ser el primer paso para cambiar el sistema.

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Irresponsabilidad Social Empresarial

Columna publicada el 20 de febrero de 2016 en El Heraldo.

Maltratar a una mujer siempre es un asunto público. Primero, porque es un delito, y segundo, porque es un problema de salud pública que nos afecta a todos. En los últimos años, Medicina Legal ha subregistrado entre 43.000 y 49.000 casos de violencia doméstica y el 85% de las víctimas son mujeres (el restante 15% están conformado en su mayoría por ancianos y niños). La violencia doméstica contra la mujeres tiene la particularidad de que vivimos en una sociedad en donde la violencia de género está naturalizada. A los hombres los educan para “disciplinar” a sus mujeres con el puño, y a las mujeres para “tener paciencia y tolerancia”, y así ha sido por generaciones. Cada comportamiento o comentario machista que hacemos refuerza la idea de que las mujeres son menos que personas, objetos, menores de edad, y que sus vidas y cuerpos pueden pertenecer a alguien. Este problema estructural, social, y cultural, del que somos responsables todos como sociedad, es el origen de la violencia contra las mujeres. Por eso, los casos de violencia contra las mujeres nunca son casos aislados, responden a un sistema en el que todos participamos.

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A patadas

Columna publicada el 11 de octubre en El Heraldo.

Acaba de salir libre el portero suplente del Junior, Carlos ‘Peto’ Rodríguez, tras ser acusado de golpear a su compañera, Nancy Chacón. Ella cuenta que el futbolista llegó a la casa borracho en la madrugada del viernes con otra mujer, y que terminó agrediéndola, arrastrándola del pelo por el piso, y todo frente a la hija de ambos, de apenas 45 días. Chacón dice que tras la golpiza la obligó a bañarse para limpiarse la sangre y que los maltratos son de larga data y recurrentes.

Al parecer Rodríguez salió libre por un tecnicismo en el alegato de la Fiscalía que dio pie para que el juez declarara ilegal la captura y el futbolista ha “firmado un acuerdo” con Chacón que incluye “no volverle a pegar”, irse de la casa, pasar la pensión de la niña; es decir, lo mínimo que debería hacer incluso si no le hubiera pegado.

Cualquiera diría que en Colombia es de lo más normal que los futbolistas cojan a patadas a las mujeres y sigan trabajando como si nada, sin que afecte su trabajo y como si la violencia contra sus parejas perteneciera a la esfera de la vida privada. La violencia siempre es un problema público. ¿Por qué el Pibe Valderrama sí puede pronunciarse contra la agresión del jugador Luis Quiñones al asistente Víctor Danilo Pacheco, pero no se refiere a la aún más violenta y macabra agresión de Rodríguez contra su pareja?

Con toda razón, las mujeres de la Red de Mujeres Contra la Violencia en el Atlántico hicieron un plantón en las instalaciones del Centro de Servicios Judiciales para rechazar la agresión impune, y recordar que en lo que va del 2014, en el Atlántico ya se cuentan 31 feminicidios.

El feminicidio en el Caribe colombiano es un problema gravísimo, hay una violencia estructural que hace que para muchos hombres y muchas mujeres sea “normal” el maltrato y estos prejuicios son compartidos por la policía que, en vez de atender a las mujeres, disculpan a los victimarios. Mientras tanto, a las mujeres les hacen promesas, les piden una y otra vez “perdón”, “comprensión” como si fueran las madres de sus agresores. Iniciativas como la de la Red de Mujeres Contra la Violencia son supremamente importantes porque, aunque la impunidad continúa, su protesta ayuda a empoderar a las mujeres que se encuentran en una situación similares y que pueden encontrar la valentía para hablar en el apoyo de una red como esta.

Con mucha preocupación, traigo a colación un ejemplo que ya he mencionado varias veces en esta columna: hace unos meses Ricardo Molina Araújo, hijo de la Cacica, llegó en la madrugada borracho a pegarle a su pareja Sildana Mestre y frente a sus hijas disparó 14 balazos. Uno de ellos le pegó a su mujer, Sildana Maestre, que hoy está muerta. Molina, afortunadamente, se encuentra retenido, procesado por el “delito de tentativa de homicidio agravado con dolo eventual”.

Uno se pregunta qué le tiene que pasar a Chacón para que le dicten medida de aseguramiento a su peligrosa pareja o si en el juicio contra Molina, el juez tendrá las mismas aparentes deferencias que tuvo en el caso de Rodríguez. La terrible verdad es que la violencia contra las mujeres en el Caribe se seguirá incrementando si todos estas agresiones siguen permaneciendo impunes, en el mejor de los casos, y silenciadas en los peores escenarios. Sabemos de los maltratos a Chacón y a Maestre porque los perpetradores son figuras públicas, pero también sabemos que estos son casos paradigmáticos de lo que suceden a puertas cerradas en las los hogares de la Costa. Lo sabemos aun sin que llegue la prensa. Los gritos se escuchan por las ventanas.