violencia sexual

Las propias

Columna publicada el 17 de diciembre en El Heraldo.

Les voy a contar una anécdota horrible sobre mi vida del colegio. Cuando éramos adolescentes, mis compañeros de clase, en bachillerato, tenían una práctica que llamaban “Propiar”. Esto era, ir “a donde las propias”, un misterioso plan al que las chicas del salón nunca éramos invitadas. Así que lo que sé lo sé de oídas, de las historias que contaban al día siguiente en clase, que podían ser o no ciertas, y que supongo que estaban en un intermedio entre la verdad y la exageración. En todo caso, estas aventuras consistían en que se llevaran los carros (caros y de marca) de sus papás, a los barrios populares de Barranquilla. Allí, según decían “levantaban pelaítas” que se iban con ellos, descrestadas por los carros. La historia era que con estas mujeres o niñas (nunca supe sus edades, ni creo que ellos preguntaran) tenían sus primeras experiencias sexuales. ¿Había consentimiento en estas experiencias? Quizás ni ellos lo saben, en ese entonces nadie hablaba al respecto, y en el colegio nuestra profesora de religión, que también daba la clase de orientación sexual, nos decía que lo mejor era la abstinencia.

(más…)

Negarle el aborto a una niña violada es decirles a las mujeres que sus vidas no importan

Columna publicada en Univisión el 4 de agosto de 2016.

En mayo, una niña indígena huichola de 13 años, Citlali, fue violada por un conocido de la familia en el estado de Sonora. Citlali hace parte de una estadística: en México, una de cada cuatro niñas es violada antes de cumplir los 18 años. Los exámenes certificaron la violencia física y el daño psicológico, pero las autoridades se negaron a darle a la niña retrovirales o anticonceptivos de emergencia como manda la ley. Un mes después, cuando la familia se dio cuenta de que la niña estaba embarazada, en el hospital le negaron rotundamente el acceso a la interrupción del embarazo.

(más…)

Hablar: Catalina Ruiz Navarro

Columna publicada en El Tiempo, el 20 de mayo de 2016.

Para mí siempre es un honor contar las historias de las mujeres que luchan, aunque no pueda entender del todo la violencia que vivieron, porque puedo ser testigo de su fortaleza, y eso siempre me da esperanza. En los 10 años que llevo escribiendo sobre los derechos de las mujeres, he podido presenciar cómo cada vez son más las que hablan en contra de la violencia, que dicen “No”, que le dan fuerza a otras mujeres con sus palabras.

Siempre he pensado que debe ser una suerte de alquimia ese proceso que lleva a las mujeres víctimas de violencia machista a sobrevivir, defenderse, y al hacerlo, convertirse en defensoras de derechos humanos.

En mi trabajo como periodista y como activista, he visto muchas veces cómo esto sucede: el dolor, la impotencia, se convierten en rabia, y esa rabia, al entender que el problema no fue una excepción individual sino un daño estructural en nuestra sociedad, se convierte en una rabia compartida con todas las mujeres del mundo que han sufrido abusos parecidos. En ese momento, la rabia se convierte en empatía, y contar las historias de violencia se convierte en una manera de reivindicar y visibilidad las historias que viven muchas otras mujeres, que no tienen el privilegio de siquiera poder contar su historia.

Suele comenzar con un gesto de mera supervivencia, un impulso por tener otra vida, otra vida que merezca ser vivida y no una en la que uno quiere morirse. Y luego ese gesto se expande, porque inspira a otras mujeres, y les da herramientas para reconocer la violencia. Gracias a todas las víctimas, que gracias a este impulso por sobrevivir se convierten en defensoras. Al tener la fuerza de defenderse a sí mismas, nos defienden a todas.

Descaro estatal

Columna publicada el 7 de abril de 2016 en El Espectador.

“Fuimos víctimas el día que nos abusaron y nos violaron, hoy somos sobrevivientes y luchadores; esa es la consigna que miles de mujeres en el mundo hemos adoptado y replicado ante la barbarie de la violencia sexual, pero la impunidad todos los días nos quita algo de sobrevivientes y nos va matando lentamente”.

Con estas palabras comenzó Jineth Bedoya la audiencia sobre su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDG), que tuvo lugar este martes en Washington. Una vez más, Bedoya contó su caso, habló de cómo el Estado le negó el esquema de protección y seis meses después fue secuestrada, torturada y violada. El Estado colombiano no solo no protegió a Bedoya, sino que permitió que su expediente se perdiera, que la siguieran amenazando, y que, 16 años después, apenas haya dos condenas (recientes), mientras los autores intelectuales siguen en la absoluta impunidad, pues no hubo investigaciones internas sobre los funcionarios que estuvieron envueltos en este crimen.

(más…)

Manual de autodiagnóstico para el violador de hoy

Columna publicada el 31 de marzo en la revista Vice.

“Yo no sabía lo que estaba haciendo”, “Fue un error”, “estábamos muy mal”, dicen fulanito fulanito y fulanito, hoy conocidos como Los Porkys de Costa de Oro, en un video en el que confiesan una violación en grupo y le piden disculpas a su víctima. Y no, no es que los machitos veracruzanos sean especialmente monstruosos, los violadores no son raros o locos: está tan normalizado disponer de las mujeres para el sexo que no podemos reconocer ni mucho menos admitir la violencia en nuestros comportamientos. La mayoría de las personas —especialmente los hombres— también dirán que fue un error, que estaban mal y que no sabían lo que estaban haciendo.

Pagar corruptelas para ganar impunidad o escapar a Miami es caro y engorroso. Anticípate al juicio social con este práctico manual de autodiagnóstico, para que seas tú el primero en saber si eres un violador.

(más…)

Sigo siendo el (mir)Rey

Columna publicada el 30 de marzo de 2016 en Sin Embargo.

“Justicia para los de ruana” reza un dicho popular colombiano, quiere decir que el peso de las leyes sólo aplica a los marginales, campesinos, pobres, sin privilegios (los de ruana) mientras que a los privilegiados simplemente no les aplica la Ley. Mientras tanto en México cantan “hago siempre lo que quiero, y mi palabra es la Ley” eso sí, con la falsa premisa de que eso se puede “con dinero o sin dinero” y no, en la realidad solo quienes tienen dinero, apellidos, educación y pene pueden ser “el Rey”.

(más…)

Protocolo para el procurador

Columna publicada el 11 de febrero de 2016 en El Espectador.

Uno de los logros más importantes en materia de derechos de las mujeres el año pasado fue la sentencia C-754 que obliga a los prestadores de salud a aplicar el Protocolo de atención en salud para víctimas de violencia sexual. Aunque en el 2012 el Ministerio de Salud dijo que era obligatorio aplicarlo, dos años después el artículo 23 de la ley 1719 dijo que era opcional. Esto es grave pues, según cifras de Medicina Legal y el Instituto Nacional de Salud, durante los dos años en que el Protocolo fue obligatorio se registraron 52.000 mujeres y niñas víctimas de violencia sexual y el 40% no recibió ningún tipo de apoyo específico para su situación en el sistema de salud. Gracias a la sentencia es obligatorio para las EPS practicar un aborto legal cuando una mujer víctima de violencia sexual lo pida, y además practicar exámenes y ofrecer medicamentos para tratar y detectar enfermedades de transmisión sexual, brindar anticoncepción de emergencia para evitar un embarazo no deseado y apoyo en salud mental.

Como no puede haber en Colombia avance alguno en derechos para las mujeres que el procurador no persiga, Ordóñez acaba de presentar una nulidad para la sentencia, ¡adivinen por qué! Porque el Protocolo le ayuda a las víctimas de violencia sexual su ya reconfirmado derecho a una interrupción legal y oportuna del embarazo. Antes Ordóñez cantaba otra tonada: en el Boletín 002 del 3 de enero de 2013, en el que la Procuraduría presentó un balance en materia de seguimiento a los casos de violencia sexual en el marco del conflicto armado, dice que “no todos los médicos cumplen con la obligación de reportar el evento de VS [Violencia Sexual] ni las EPS de denunciar; no existe claridad en las instituciones orientadoras, ni en los prestadores del servicio sobre la obligación de la atención de la VS como urgencia, sin importar si la persona está o no afiliada”. Además resalta que “la atención en salud mental es escasa y, en algunos casos, inexistente; no se puede concluir entonces que haya una real rehabilitación física y mental de las víctimas y sus familias” y llega a solicitar “elaborar a la mayor brevedad los protocolos de atención psicosocial”. En su momento el boletín debió servir para que la Procuraduría dijera que sí hacía algo por las mujeres, pero hoy Ordóñez se destapa y pide descaradamente la nulidad de lo que antes encontraba pertinente.

(más…)